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El Baile Es Mi Pasión Frases de Deseo

7136 palabras

El Baile Es Mi Pasión Frases de Deseo

La noche en el salón de fiestas de Guadalajara estaba viva, con el ritmo de la cumbia retumbando en las paredes como un corazón acelerado. Sofia se movía entre la gente, su cuerpo ceñido por un vestido rojo que se pegaba a sus curvas como una segunda piel. El baile es mi pasión, se repetía en la mente mientras giraba las caderas, atrayendo miradas hambrientas. El aire olía a tequila fresco, sudor mezclado con perfume barato y ese aroma dulzón de las flores que adornaban las mesas. Sus pies descalzos pisaban el piso de madera gastada, sintiendo cada vibración del tambor.

Tenía veintiocho años, soltera por elección, y las noches de baile eran su ritual. No buscaba amor eterno, solo esa chispa que encendía el fuego en sus venas. Frases como "el baile es mi pasión" eran su mantra, tatuadas en su alma desde que era chava y veía a su abuela menearse en las fiestas familiares. Esa noche, mientras la banda tocaba un sonoro "Cumbia Sobre el Rio", sus ojos se clavaron en él. Alto, moreno, con camisa negra abierta hasta el pecho mostrando un poco de vello oscuro. Bailaba solo, pero con una soltura que gritaba experiencia. Órale, qué chido se ve, pensó ella, lamiéndose los labios secos por el calor.

Se acercó sin pensarlo, rozando su brazo con el dorso de la mano. Él giró, sonriendo con dientes blancos que brillaban bajo las luces de neón. "Qué onda, preciosa. ¿Bailamos?", dijo con voz grave, como ron miel. Sofia asintió, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Sus cuerpos se unieron al ritmo, caderas chocando en un vaivén que ya olía a promesa. El sudor de él la alcanzó primero, salado y masculino, mezclándose con su propio aroma a vainilla de su loción. "El baile es mi pasión", le susurró ella al oído, su aliento caliente contra su piel. Él rio bajito. "Pues la tuya me está volviendo loco, güey. Dime tu nombre."

"Sofia. ¿Y tú?" "Mateo. Neta, bailas como diosa." Sus manos bajaron a su cintura, apretando con justo la presión para hacerla jadear. El salón giraba a su alrededor: risas, vasos chocando, el zapateado de parejas expertas. Pero para Sofia, solo existía él, el roce de sus muslos, el pulso de su verga endureciéndose contra su vientre.

¿Y si lo llevo a un rincón? No, espera, déjalo cocer
, pensó, conteniendo el impulso. La canción cambió a un bolero lento, y se pegaron más, pechos aplastados, bocas a centímetros. "Frases como esa me prenden", murmuró él, mordisqueando su oreja. Ella sintió el calor subirle por el cuello, humedeciendo sus bragas de encaje.

La tensión creció con cada giro. Sofia lo provocaba, arqueando la espalda para que sus nalgas rozaran su paquete, sintiendo cómo se ponía más duro. "Me encanta cómo te mueves, como si el baile fuera sexo puro", le dijo él, voz ronca. Ella sonrió, recordando sus propias frases de el baile es mi pasión que repetía en el espejo antes de salir. El deseo la carcomía por dentro: quería lamer el sudor de su cuello, morder esos labios carnosos. Pero esperó, dejando que el ritmo los llevara. Bebieron un trago de tequila en la barra, el líquido quemando gargantas y avivando el fuego. Sus dedos se entrelazaron, y ella sintió la aspereza de sus callos, manos de quien trabaja duro, quizás en construcción o algo físico que lo mantenía en forma.

"¿Quieres salir a tomar aire?", propuso él, ojos oscuros brillando. Sofia asintió, el corazón latiéndole en las sienes. Afuera, en el callejón detrás del salón, la brisa fresca de la noche contrastaba con su piel ardiente. Se besaron contra la pared, hambrientos, lenguas enredándose con sabor a tequila y menta. Sus manos exploraron: él amasó sus tetas firmes bajo el vestido, pellizcando pezones que se endurecieron al instante. Ella bajó la mano a su entrepierna, apretando esa verga gruesa que palpitaba. "Chíngame con los ojos primero", jadeó ella, riendo. "Eres una chingona bailando y todo lo demás", respondió él, deslizando la mano bajo su falda, encontrando su concha empapada.

El dedo índice rozó su clítoris hinchado, y Sofia gimió, arqueándose. Qué rico, justo ahí. Dedos entraron y salieron, lubricados por sus jugos, mientras ella le bajaba el cierre y sacaba esa polla venosa, dura como piedra. La masturbó despacio, sintiendo la piel suave sobre el acero, el precum goteando en su palma. "No aguanto más, Mateo. Llévame a tu casa o donde sea." Él la cargó hasta su troca estacionada cerca, el motor rugiendo como su deseo mientras manejaba a su depa en las afueras del centro, no lejos, en un barrio decente con luces y música lejana.

En el cuarto, iluminado por una lámpara tenue, se desnudaron con urgencia. Sofia admiró su cuerpo: abdominales marcados, verga erguida apuntando al techo, huevos pesados. Él la tumbó en la cama, besando desde los tobillos hasta las ingles, lamiendo el interior de sus muslos temblorosos. El olor de su excitación lo invadió, almizclado y dulce. "El baile es mi pasión, pero esto... esto es mi vicio", susurró ella, abriendo las piernas. Su lengua atacó su panocha, chupando el clítoris con succiones expertas, metiendo la lengua profunda mientras dos dedos croqueaban su punto G. Sofia gritó, uñas clavadas en su pelo, caderas buckeando contra su boca. Olas de placer la sacudían, el sonido húmedo de su chupada mezclándose con sus gemidos roncos.

"Ahora yo", exigió ella, volteándolo. Se arrodilló, tomando su verga en la mano, lamiendo desde la base hasta la cabeza, saboreando el salado precum. Lo engulló entero, garganta relajada por práctica, mamando con hambre mientras él gruñía "¡Qué chingón, Sofia! No pares". Sus bolas en la mano, masajeándolas, sintiendo cómo se contraían. Lo montó entonces, guiando la punta a su entrada chorreante. Bajó despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirla estirarla, llenarla por completo. "¡Ay, cabrón, qué rica tu verga!", exclamó, empezando a cabalgar, tetas rebotando.

Mateo la sujetó por las nalgas, embistiéndola desde abajo, piel chocando con piel en palmadas húmedas. El sudor los unía, resbaloso, el cuarto oliendo a sexo puro: almizcle, fluidos, pasión. Cambiaron posiciones, él atrás, doggy style, verga hundiéndose profundo mientras pellizcaba sus pezones. "Dime esas frases tuyas", jadeó él. "El baile es mi pasión... frases que te hacen follarme así", respondió ella entre gemidos. El clímax llegó como tormenta: ella primero, concha contrayéndose en espasmos, chorros calientes mojando las sábanas. Él la siguió, sacándola y eyaculando chorros espesos en su espalda, rugiendo su nombre.

Se derrumbaron, jadeantes, cuerpos enredados. El afterglow los envolvió como niebla tibia: caricias perezosas, besos suaves. Sofia trazó círculos en su pecho, escuchando su corazón calmarse. "Neta, fue chido. El baile nos unió, pero esto... quedará en mí." Él sonrió, oliendo su pelo. "Vuelve cuando quieras, mi pasión bailarina." Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero en esa cama, habían encontrado un compás perfecto, un cierre dulce con promesa de más noches ardientes.

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