La Pasion de Bernadette Pelicula Completa en Espanol Erótica
Yo soy Bernadette, una morra de veintiocho años que vive en un departamentito chido en la colonia Roma de la Ciudad de México. Neta, toda mi vida he sido la típica católica devota, de misa los domingos, rezando el rosario con mi abuelita antes de que se fuera al otro barrio. Pero últimamente, siento un fuego adentro que no se apaga con oraciones. Es como si la Virgen me mandara señales, pero no de las espirituales, sino de esas que te hacen apretar las piernas cuando estás sola en la cama.
Una noche de viernes, después de un día eterno corrigiendo exámenes de chamacos en la escuela, me tiré en el sofá con mi laptop. Quería algo que me inspirara, algo santo para calmar el desmadre en mi cabeza. Tecleé en Google la pasion de bernadette pelicula completa en español, pensando en la santa esa de Lourdes, con sus visiones y todo el rollo místico. Encontré el link, le di play, y mientras las imágenes borrosas de la peli cargaban, mi mente se fue por otro lado. Imaginé a Bernadette no como una niña visionaria, sino como una mujer hecha y derecha, sintiendo la pasión de verdad, de la que te moja las chonas y te hace gemir como loca.
El timbre sonó de repente, sacándome del trance. Era Marco, mi vecino del piso de arriba, el tipo más chingón del edificio. Alto, moreno, con esos ojos cafés que te desnudan con una mirada. Siempre andamos coqueteando en el elevador, con bromitas pendejas tipo
"¿Ya te cansaste de ser tan santa, Bernadette?"me dice él, y yo me río fingiendo que no me calienta. Pero esa noche, llevaba una playera ajustada que marcaba sus pectorales y un olor a colonia fresca que invadió el pasillo.
Órale, justo lo que necesitaba, pensé mientras le abría la puerta. Si supiera lo que me pasa viendo esta película...
—Ey, vecina, ¿todo bien? Oí música y pensé que estabas de fiesta —dijo con esa sonrisa pícara, metiendo la cabeza por la puerta.
—Paso, güey, solo veo una peli religiosa. ¿Quieres pasar? Tengo chelas frías.
Entró como si el depa fuera suyo, se sirvió una cerveza y se sentó a mi lado. La peli seguía corriendo en la pantalla, Bernadette en su cueva hablando con la Virgen, pero yo ya no le hacía caso. Sentía el calor de su muslo pegado al mío, el roce leve de su mano cuando alcanzó el control remoto. Olía a hombre, a sudor limpio mezclado con esa colonia que me volvía loca, como tierra mojada después de la lluvia en el DF.
Empezamos platicando pendejadas, de la pinche tráfico, del jefe mamón de él en la constructora. Pero poco a poco, la conversación se puso más heavy. Le conté de mi búsqueda, de la pasion de bernadette pelicula completa en español, y cómo me hacía pensar en mis propias pasiones reprimidas.
—Neta, Marco, a veces siento que Dios me manda tentaciones para probarme.
Él se acercó más, su aliento cálido en mi oreja.
"¿Y si no es Dios, sino tu cuerpo pidiéndote que lo dejes salir? Déjame ser tu visión, Bernadette."
Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta de pueblo. Su mano rozó mi rodilla, subiendo despacito por el muslo, bajo la falda ligera que traía. Sentí escalofríos, el vello de mi piel erizándose, y un cosquilleo que bajaba directo a mi entrepierna. No, no pares, pensé, mientras mis labios se entreabrían solos.
El beso llegó como tormenta. Sus labios carnosos aplastaron los míos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a cerveza y deseo puro. Gemí bajito, agarrando su nuca, enredando mis dedos en su cabello negro y revuelto. Olía a él, a macho listo para chinguetear, y yo respondía como nunca, mordiendo su labio inferior, saboreando el salado de su piel.
Nos paramos del sofá sin soltar la boca del otro, tropezando con la mesita, riéndonos entre besos. Lo empujé contra la pared, sintiendo su verga dura presionando mi vientre a través del pantalón. ¡Qué chingona está! pensé, mientras mi mano bajaba a sobarla, sintiendo el calor y la rigidez que palpitaba bajo la tela. Él gruñó, un sonido ronco que vibró en mi pecho, y me levantó la blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco del depa.
—Eres una diosa, Bernadette —murmuró, lamiendo mi cuello, bajando a mis pezones que ya estaban duros como piedras. Su boca caliente los chupaba, succionaba, mordisqueaba suave, enviando descargas eléctricas directo a mi clítoris. Yo arqueaba la espalda, oliendo mi propio aroma de excitación mezclándose con el suyo, ese olor almizclado que llena el aire cuando estás a punto de explotar.
Lo jalé al cuarto, tirando la ropa por el camino. Mi falda voló, su playera quedó en el suelo. Desnudos, caímos en la cama king size que compré en rebajas de Liverpool. Su cuerpo encima del mío, piel contra piel, sudor comenzando a perlar. Sentía cada músculo suyo tenso, el peso delicioso oprimiéndome, sus caderas moviéndose en círculos lentos, frotando su verga contra mi panocha empapada.
Esto es mi visión, mi pasión verdadera, pensé mientras él bajaba besando mi panza, mi ombligo, hasta llegar al monte de Venus. Su lengua experta separó mis labios vaginales, lamiendo despacio, saboreando mis jugos.
"Estás rica, tan mojada para mí", dijo con voz grave, y metió dos dedos gruesos dentro, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Gemí fuerte, agarrando las sábanas, el sonido de mis jugos chapoteando con sus movimientos llenando la habitación.
La tensión crecía como olla exprés. Yo quería más, lo volteé, montándome encima. Su verga erguida, venosa, brillante de pre-semen. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso acelerado, y la guié a mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome deliciosamente. ¡Ay, cabrón, qué grande! El dolor placer mezclado me hizo jadear, mis paredes contrayéndose alrededor de él.
Cabalgaba ahora, mis tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando pezones. Sudor goteando de mi frente al pecho de él, el slap-slap de carne contra carne, nuestros gemidos sincronizados. Olía a sexo crudo, a pasión desatada, el cuarto caliente como sauna. Él se incorporó, mamando mi cuello, mordiendo suave, dejando marcas que mañana dolerían rico.
—Más rápido, Bernadette, chíngame duro —gruñó, y aceleré, sintiendo el orgasmo construyéndose en espiral, desde el fondo de mi ser. Mis muslos temblaban, mi clítoris rozando su pubis con cada bajada. Él metió una mano entre nosotros, frotándolo en círculos, y eso fue el detonante.
Exploté primero, un grito ahogado saliendo de mi garganta, mi panocha convulsionando, ordeñando su verga. Olas de placer me barrieron, visión borrosa, cuerpo arqueado. Él no tardó, embistiéndome desde abajo, rugiendo mi nombre mientras se vaciaba dentro, chorros calientes inundándome, su semen mezclándose con mis jugos, chorreando por mis muslos.
Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor. Su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su espalda. El silencio roto solo por nuestras respiraciones calmándose. La laptop seguía en el sofá, la peli seguramente acabada, pero esta había sido la versión completa, la real.
—Eso fue épico, santa pecadora —dijo riendo bajito, besando mi piel salada.
Yo sonreí, sintiendo una paz nueva, como si hubiera confesado todos mis pecados y recibido absolución en forma de éxtasis. La pasión de Bernadette, pensé, no era solo visiones, era esto: entregarse al deseo con todo el alma. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, en mi cama, el mundo era perfecto.
Nos quedamos así hasta el amanecer, prometiendo más noches de "película completa". Y neta, desde entonces, cada vez que veo algo santo, recuerdo este fuego que arde en mí, puro, consensual, mío.