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Libros Gratis de Amor y Pasion que Encienden la Piel

5954 palabras

Libros Gratis de Amor y Pasion que Encienden la Piel

Estás sentada en el sillón de tu departamento en la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente contra el bochorno de la tarde mexicana. El sol se filtra por las cortinas de lino, pintando rayas doradas en el piso de madera. Aburrida, tomas tu laptop y tecleas libros gratis de amor y pasion en el buscador. Aparecen un chorro de sitios piratas y foros, con portadas de parejas entrelazadas bajo lunas ardientes. Descargas uno que promete "noches de fuego prohibido".

Lo abres y las palabras te envuelven como un susurro caliente. La heroína describe el roce de unos labios en su cuello, el sabor salado de la piel masculina. Sientes un cosquilleo en el vientre, tus pezones se endurecen bajo la blusa ligera de algodón.

¿Por qué carajos no tengo a alguien así ahorita?
piensas, mientras tus dedos se deslizan distraídos por tu muslo desnudo, rozando el borde de las panties de encaje.

De pronto, un rasgueo de guitarra irrumpe desde el departamento de al lado. Es Javier, tu vecino el músico, ese güey alto y moreno con ojos que te desnudan con una mirada. Lo has visto en el elevador, oliendo a jabón fresco y café recién molido, con esa sonrisa pícara que te hace apretar las piernas. Te levantas, el corazón latiéndote fuerte, y sales al pasillo común, el aroma de jazmines del jardín flotando en el aire.

—Oye, Javier, ¿me prestas tu cargador? El mío se jodió —dices, asomándote por su puerta entreabierta. Él está en shorts deportivos, sin camisa, el sudor brillando en su pecho torneado por horas en el gym.

—¡Qué onda, nena! Pásale, córrete pa'cá —responde con esa voz grave que vibra en tu pecho. Entras, el lugar huele a su colonia cítrica mezclada con el humo leve de un incienso de sándalo. Te sientas en el sofá de cuero suave, cruzando las piernas para disimular el calor entre ellas.

Hablan de la calorina, de la ciudad que no para, y de pronto mencionas el libro.

—¿Sabes? Estaba leyendo unos libros gratis de amor y pasion que bajé de internet. Están cañones, te prenden de volada.

Javier suelta una carcajada ronca, sus ojos oscuros clavándose en los tuyos.

—No mames, güey. Yo también los chingo. Ese vicio de las noches solas, ¿no? Pero nada como la cosa real —dice, acercándose con una cerveza fría en la mano. Te ofrece una, el vidrio helado goteando condensación que él lame sin pensarlo, y sientes un jalón en el bajo vientre.

La plática fluye como tequila suave: él confiesa que el último que leyó lo dejó con una erección de horas, tú admites que te mojas solo con las descripciones. El aire se espesa, cargado de electricidad. Sus rodillas rozan las tuyas accidentalmente, pero no se apartan. Sientes el calor de su piel, el pulso acelerado bajo tu palma cuando le tocas el brazo riendo.

Esto está pasando, ¿verdad? Su mirada me come viva, huele a hombre listo pa' devorarme.

Él se inclina, su aliento cálido en tu oreja.

—Si esos libros te ponen así de caliente, imagínate lo que yo te puedo hacer —murmura, y sus labios rozan tu lóbulo. Un gemido se te escapa, tus manos suben a su nuca, atrayéndolo. El beso explota como fuegos artificiales en el Zócalo: lenguas danzando, sabor a cerveza y menta, sus dientes mordisqueando tu labio inferior con justo el filo que te encanta.

Te levanta en brazos como si no pesaras nada, tus piernas envolviéndolo por instinto. Caminan al cuarto, la guitarra olvidada en el piso. Te tumba en la cama king size, las sábanas frescas oliendo a su esencia. Sus manos expertas desabotonan tu blusa, exponiendo tus tetas al aire, pezones duros como piedras preciosas. Los chupa con hambre, la lengua girando, succionando hasta que arqueas la espalda, gimiendo su nombre.

—Estás rica, pinche diosa —gruñe, mientras baja tus panties, inhalando tu aroma almizclado de excitación. Sus dedos exploran tus pliegues húmedos, resbalosos, encontrando ese punto que te hace jadear. Chup chup, el sonido obsceno de su boca en ti, lengua lamiendo tu clítoris hinchado, dedos curvándose dentro, rozando tu pared sensible. El placer sube como ola en Acapulco, tus caderas moliéndose contra su cara barbuda.

Lo jalas arriba, desesperada por sentirlo. Le bajas los shorts, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando precum. La agarras, piel aterciopelada sobre acero, y la mimas con la mano, sintiendo su pulso loco. Él gime, ah cabrón, y se pone condón con manos temblorosas.

Entras en él de un solo empujón, el estiramiento delicioso, llenándote hasta el fondo. Empieza lento, mirándote a los ojos, sus embestidas profundas, el slap slap de carne contra carne, sudor perlando vuestros cuerpos. Aceleras, clavándole las uñas en la espalda, sus bolas golpeando tu culo. Cambian: tú arriba, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando, su boca capturando un pezón mientras pellizca el otro.

—Córrete conmigo, mi amor —jadea él, su mano bajando a frotar tu clítoris. La tensión explota, tu coño contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojando sus muslos. Él ruge, hundiéndose una última vez, su leche caliente llenando el látex.

Colapsan juntos, pechos agitados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Javier te besa la frente, suave ahora, envolviéndote en sus brazos fuertes. El cuarto huele a sexo crudo, a pasión satisfecha, con el tráfico lejano de la avenida como banda sonora.

—Eso fue mejor que cualquier libro —susurras, riendo bajito.

—Y apenas empezamos, preciosa. Mañana te paso mis libros gratis de amor y pasion favoritos —responde, su mano acariciando tu curva de cadera.

Duermes pegada a él, el corazón en paz, sabiendo que la vida real supera cualquier página. Al amanecer, el sol besa vuestros cuerpos entrelazados, prometiendo más capítulos de fuego.

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