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La Pasion de Cristo Pelicula Completa en Espanol Latino Youtube Enciende Nuestra Pasión Prohibida

6901 palabras

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Estaba lloviendo a cántaros esa noche en Guadalajara, el tipo de lluvia que te hace querer acurrucarte bajo las cobijas con alguien que te prenda el cuerpo entero. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi pelo negro largo y mi piel morena que huele a vainilla por el crema que me echo todas las mañanas, me recosté en la cama king size de nuestro depa en Providencia. Mi carnal, Cristo –sí, se llama así el pendejo, y qué bueno que se llama así porque siempre me hace pensar en pasiones intensas–, acababa de llegar del gym, todo sudado y con esa playera pegada a sus pectorales que me hace babear.

Órale, este güey me tiene loca, pensé mientras lo veía quitarse los tenis embarrados. Llevábamos tres años juntos, y todavía cada vez que lo miro siento ese cosquilleo en el estómago que sube hasta mis chichis. Él se acercó, me dio un beso en la boca que sabía a chicle de menta y sudor fresco, y se tiró a mi lado.

—Neta, nena, qué chido estar aquí contigo. ¿Qué armamos hoy? —me dijo con esa voz ronquita que me eriza la piel.

Yo saqué mi laptop de la mesita de noche, la abrí y me metí a YouTube. —Vamos a ver una película, carnal. Algo intenso pa' entrar en mood. —Tecleé rápido la pasion de cristo pelicula completa en español latino youtube, y en segundos salió el link perfecto, una versión completa doblada al español latino, con subtítulos y todo el desmadre. Le di play, y los primeros acordes de esa música épica llenaron la habitación, mezclándose con el golpeteo de la lluvia en la ventana.

Nos cubrimos con la cobija de plumón, yo en chones y brasier de encaje negro, él en bóxer que apenas contenía su paquete. La película empezó con Jesús en el huerto, sudando sangre por la agonía, y yo sentí un escalofrío. No era solo el drama religioso; era esa pasión cruda, ese sufrimiento que grita vida a todo pulmón. Cristo –mi Cristo– me pasó el brazo por la cintura, su mano grande y callosa rozando mi cadera. Olía a hombre puro, a testosterona y jabón Axe.

—Está bien padriza esta película, ¿no? —murmuró él, su aliento caliente en mi oreja.

Yo asentí, pero mi mente ya volaba.

¿Y si esta pasión nos pega a nosotros? ¿Y si el dolor y el éxtasis se mezclan en nuestra piel?
Su dedo índice empezó a trazar círculos lentos en mi vientre, bajando poquito a poco hacia el borde de mis chones. La pantalla mostraba a Jesús flagelado, los latigazos resonando como truenos, y mi pulso se aceleró al ritmo. Sentí mi concha humedeciéndose, un calor líquido que empapaba la tela.

Acto uno del desmadre: la escena estaba puesta, el deseo latiendo como un tambor de guerra. Cristo giró mi cara hacia él y me besó, lento al principio, saboreando mis labios como si fueran mango maduro. Su lengua entró en mi boca, explorando, y yo gemí bajito, el sonido ahogado por el rugido de la multitud en la película. Sus manos subieron a mis chichis, apretándolas con esa fuerza justa que me hace arquear la espalda. Quitó el brasier de un jalón, y mis pezones se pararon duros como piedras, rozando su pecho peludo.

—Estás bien rica, Ana. Me tienes la verga parada desde que llegué —confesó él, su voz temblorosa de ganas.

Yo reí, juguetona. —No mames, pendejo, apenas empieza la película. —Pero mis manos ya estaban en su bóxer, sintiendo el bulto caliente, latiendo contra mi palma. La película seguía, ahora con la corona de espinas, sangre chorreando, y ese dolor me encendió más. ¿Por qué? Porque la pasión es eso: entrega total, cuerpo y alma en llamas.

Pasamos la cobija a un lado. Yo me subí encima de él, mis muslos apretando sus caderas. El olor a sexo empezaba a flotar en el aire, mezclado con el aroma de la lluvia y el popote de café que habíamos tomado antes. Le bajé el bóxer, y su verga saltó libre, gruesa y venosa, la cabeza brillando de precum. La tomé en mi mano, masturbándolo despacio, sintiendo cada vena pulsar bajo mis dedos. Él jadeó, sus ojos clavados en mí como si yo fuera su salvación.

La tensión subía como la música de la peli. Yo me quité los chones, empapados, y me froté contra su verga, untando mi humedad en él. —Cógeme, Cristo. Hazme tuya como si fuera la última noche —le supliqué, mi voz ronca.

Él me volteó boca abajo, gentil pero firme, y se colocó detrás. Sus manos abrieron mis nalgas, y sentí su lengua en mi raja, lamiendo desde el ano hasta mi clítoris. Sabor salado y dulce, como mar y miel, pensé mientras mordía la almohada. Lamía con hambre, chupando mi botón hinchado, metiendo dos dedos gruesos en mi chocha que chapoteaba de jugos. Los sonidos eran obscenos: slurps húmedos, mis gemidos altos, los gritos de la película de fondo. Mi cuerpo temblaba, el orgasmo building como una tormenta.

Pero no lo dejé acabar ahí. Lo empujé de vuelta, montándolo como amazona. Su verga entró en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. —¡Ay, cabrón! Qué chingona se siente —grité, cabalgándolo con furia. Mis chichis rebotaban, sudor corriendo por mi espalda, el slap-slap de piel contra piel compitiendo con los azotes en la cruz de la pantalla. Él me agarraba las caderas, clavando los dedos, guiando mi ritmo. Olía a sexo puro, a feromonas mexicanas en celo.

Acto dos, el clímax psicológico: mis pensamientos volaban.

Esta es nuestra pasión, Cristo. No hay cruz ni clavos, solo nuestros cuerpos uniéndose en éxtasis puro.
Él se incorporó, mamándome los pezones mientras yo lo montaba más rápido. Sentía su verga hinchándose dentro, rozando mi punto G con cada bajada. El calor era infernal, mis paredes contrayéndose alrededor de él. —Me vengo, nena, no aguanto —gruñó.

Yo aceleré, mis uñas en su pecho, dejando rayas rojas. La película llegó a la crucifixión, Jesús alzando la vista al cielo, y nosotros explotamos juntos. Mi orgasmo me sacudió como rayo, chorros de placer saliendo de mí, empapando sus bolas. Él se vació dentro, chorros calientes pintando mis entrañas. Grité su nombre –¡Cristo!– como oración pagana.

Colapsamos, jadeantes, la película olvidada pausada en el momento de la muerte. Su semen goteaba de mi concha, mezclándose con mis jugos en las sábanas. Lo abracé, sintiendo su corazón galopando contra el mío, el olor a sexo y sudor envolviéndonos como niebla dulce. La lluvia seguía cayendo, suave ahora, como caricias post-sexo.

—Neta, esa la pasion de cristo pelicula completa en español latino youtube nos prendió cañón —dijo él riendo, besándome la frente.

Yo sonreí, satisfecha, el cuerpo pesado de placer. Esta es nuestra fe, carnal: la pasión que nos une, que nos hace vivos. Nos quedamos así, enredados, hasta que el sueño nos venció, con la promesa de más noches así, intensas y cabronas.

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