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Pasión Prohibida Capítulo 17 El Susurro del Pecado

7271 palabras

Pasión Prohibida Capítulo 17 El Susurro del Pecado

Me llamo Sofia y esta es mi pasión prohibida capítulo 17 la que no puedo borrar de mi piel ni de mis sueños. Vivo en una casa bonita en las Lomas de Chapultepec con mi esposo Ricardo un hombre decente pero tan predecible como el tráfico de la Reforma. Él sale temprano al trabajo y yo me quedo aquí pensando en Diego mi cuñado el hermano menor de Ricardo que siempre ha sido el fuego que me quema por dentro.

Era una tarde calurosa de junio el sol se colaba por las cortinas de encaje haciendo que el aire oliera a jazmín del jardín. Estaba en la cocina preparando unos chiles rellenos el aroma picante del chile poblanos flotando como una promesa de algo prohibido. De repente escuché la llave en la puerta y mi corazón dio un brinco. No era Ricardo era Diego con su sonrisa de pendejo encantador y esos ojos cafés que me desnudan sin esfuerzo.

¿Qué chingados haces aquí tan temprano wey? le dije fingiendo enojo pero mi voz salió ronca como si ya estuviera jadeando. Él se acercó oliendo a loción barata mezclada con el sudor fresco de quien acaba de manejar bajo el sol. Órale Sofia tu esposo me pidió que viniera a checar la alberca que se está vaciando murmuró su aliento cálido rozando mi oreja. Mentira sabíamos los dos que Ricardo estaba en una junta hasta la noche.

Me giré y ahí estaba su cuerpo atlético bajo la camisa ajustada los músculos de sus brazos tensos por cargar cosas pesadas en su taller. Sentí un cosquilleo en el estómago que bajó directo a mi entrepierna.

Esta pasión es un error pero Dios cómo me encanta equivocarme así
pensé mientras él ponía una mano en mi cintura. Sus dedos ásperos de mecánico rozaron la piel de mi espalda baja haciendo que se me erizaran los vellos.

Nos miramos en silencio el aire espeso con el olor a chile y a deseo. Lentamente su mano subió por mi espinazo hasta enredarse en mi cabello negro largo. Me jaló suave pero firme hacia él y nuestros labios se encontraron. Su boca sabía a café y a menta un sabor adictivo que me hacía salivar. Gemí bajito contra su lengua que exploraba la mía juguetona chupando como si quisiera tragarse mi alma.

Lo empujé contra la mesa de la cocina mis manos temblorosas desabotonando su camisa. Su pecho moreno y duro olía a hombre a sudor limpio y a esa colonia que siempre usa la que me pone caliente con solo olerla. Estás cañón Sofia gruñó él mientras me quitaba el vestido floreado dejándome en brasier y tanga negra. Sus ojos se clavaron en mis tetas grandes y firmes los pezones ya duros como piedritas bajo la tela.

Acto primero de nuestra danza prohibida. Lo besé por todo el cuello lamiendo la sal de su piel bajando hasta sus pezones oscuros que mordí suave oyendo su jadeo ronco. Él me levantó sobre la mesa las nalgas frías contra la madera pero su calor compensaba todo. Sus manos masajearon mis muslos abriéndolos despacio el roce de sus callos enviando chispas a mi clítoris hinchado.

No pares Diego por favor esta pasión prohibida es lo único que me hace sentir viva susurré en mi mente mientras él bajaba mi tanga oliendo mi humedad. Hueles a miel mojada mi reina dijo metiendo la nariz entre mis piernas inhalando profundo. Su lengua plana lamió mi raja de abajo arriba saboreando mis jugos que chorreaban como río en tormenta.

Me arqueé gimiendo fuerte el sonido rebotando en las paredes de la cocina. Lamía chupaba succionaba mi clítoris con maestría círculos rápidos lentos mordidas suaves que me hacían ver estrellas. Mis manos agarraban su cabello negro revuelto jalándolo más cerca ¡Más ay wey más! gritaba yo perdida en el placer. Olía a sexo a mi excitación mezclada con el picor de los chiles un perfume loco y perfecto.

Pero no quería correrme aún no en su boca quería sentirlo dentro. Lo bajé de la mesa mis rodillas flojas pero decididas. Le desabroché el cinto saqué su verga gruesa venosa palpitante ya goteando precum. La tomé en mi mano suave la piel aterciopelada sobre acero caliente. Qué chulada de pito siempre me llena tanto pensé mientras la lamía desde la base hasta la cabeza saboreando su sabor salado almizclado.

Él gruñó profundo Chúpamela Sofia hazme tuyo y yo obedecí metiéndomela hasta la garganta babeando como puta en calor. El sonido obsceno de mi boca chupando su carne el slap slap de saliva me ponía más caliente. Sus bolas pesadas en mi mano las masajeé suave sintiendo cómo se contraían listas para explotar.

Escalada en el medio acto. No aguanté más me paré lo besé con gusto a su verga en mi lengua y lo guié a la recámara nuestra recámara el pecado máximo. Sobre las sábanas de algodón egipcio blancas como mi inocencia perdida nos revolcamos. Él encima mío su peso delicioso aplastándome los senos contra su pecho. Rozábamos piel con piel sudor brotando el olor a sexo intensificándose.

Te quiero dentro ya Diego fóllame como solo tú sabes le rogué arañando su espalda. Se posicionó la cabeza de su verga en mi entrada resbalosa por mis jugos. Empujó lento primero la punta abriéndome centímetro a centímetro gimiendo ambos por la fricción perfecta. Es tan grueso me estira delicioso pensé mientras él entraba hasta el fondo chocando contra mi cervix un dolor placentero.

Empezó a bombear lento profundo cada embestida haciendo slap contra mi clítoris. El colchón crujía nuestros gemidos se mezclaban ayes ahogados y ¡Sí más duro papi! en mi voz mexicana ronca. Sudábamos como en sauna el olor almizclado pegajoso cubriéndonos. Sus manos amasaban mis tetas pellizcando pezones enviando descargas directas a mi coño que lo ordeñaba apretándolo.

Cambié de posición lo monté como amazona mi culazo rebotando sobre su pelvis el sonido obsceno de carne contra carne. Lo cabalgaba rápido mis tetas saltando él las atrapaba chupándolas lamiendo sudor.

Esta es mi pasión prohibida capítulo 17 el capítulo donde me entrego sin reservas
pensé mientras el orgasmo se acercaba como ola gigante.

Intensidad subiendo sus dedos en mi clítoris frotando círculos rápidos. Vente conmigo Sofia córrete en mi verga ordenó él y yo exploté. Mi coño convulsionó ordeñándolo chorros de placer mojando sus bolas gritando ¡Me vengo ay Dios! Él rugió profundo bombeando semen caliente pintando mis paredes internas pulso tras pulso hasta vaciarse.

Acto final el afterglow. Colapsamos jadeantes cuerpos pegajosos por sudor y fluidos. Su verga aún dentro mía palpitando suave. Lo besé lento saboreando nuestros sabores mezclados. Esto es prohibido pero es mío reflexioné mientras él acariciaba mi cabello oliendo a jazmín y sexo.

Eres mi vicio Sofia no puedo parar murmuró él y yo sonreí sabiendo que habría capítulo 18. Ricardo llegaría pronto pero en mi piel quedaría el fantasma de Diego su olor su sabor. Me vestí con piernas temblorosas el coño adolorido pero feliz la pasión prohibida latiendo en mi sangre mexicana caliente y eterna.

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