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Abismo de Pasion El Despertar del Elenco Ninos

5781 palabras

Abismo de Pasion El Despertar del Elenco Ninos

El salón de fiestas en Polanco estaba a reventar de risas y copas tintineando, con ese olor a perfume caro mezclado con el humo de cigarros electrónicos. Yo, Alejandro, había llegado pensando que sería una noche más de reencuentros falsos, de esas fiestas para ex actores de telenovelas que ya nadie recuerda. Pero ahí estaba ella, Lucía, parada junto a la barra con un vestido rojo que se pegaba a sus curvas como si el diablo mismo lo hubiera cosido. Hacía quince años que no la veía, desde que éramos parte del abismo de pasion elenco niños, esos chavitos que corríamos por los sets gritando diálogos cursis en Abismo de Pasión.

Mi corazón dio un brinco, neta. Lucía ya no era la niña flaca con trenzas que me robaba el agua en los breaks. Ahora era una mujer de veintiocho, con labios carnosos pintados de rojo fuego y ojos que prometían pecados. Me acerqué, sintiendo el pulso acelerado en las sienes, el sudor frío bajándome por la nuca pese al aire acondicionado.

¿Qué pedo, carnal? ¡No mames, eres tú! le dije, con esa voz ronca que me sale cuando estoy nervioso. Ella se volteó, y su sonrisa iluminó todo el pinche lugar. ¡Ale! ¡El galán del elenco niños! ¿Sigues siendo tan pendejo como en el set? Su risa era como miel caliente, grave y juguetona, con ese acento chilango puro que me erizaba la piel.

Platicamos horas, recordando las pendejadas del rodaje: cómo el productor nos regañaba por comer chicles en cámara, las travesuras en el abismo de pasion elenco niños que nos tenían muertos de risa. Pero entre risas, noté cómo sus ojos se clavaban en mi boca, cómo su mano rozaba mi brazo al gesticular. El deseo crecía como una ola, lento pero imparable. Olía a vainilla y algo más, un aroma femenino que me ponía la verga dura bajo los jeans.

¿Y si esta noche revivimos algo de ese abismo de pasión, pero sin cámaras ni guion?
pensé, mientras pedía otra ronda de tequilas.

La fiesta se desvaneció cuando salimos al balcón, el viento nocturno de la CDMX trayendo olores de taquerías lejanas y jazmines. Nuestros cuerpos se acercaron solos, como imanes. Su aliento cálido en mi cuello, el roce de su teta contra mi pecho. La besé primero, suave, probando sus labios salados por el margarita. Ella respondió con hambre, metiendo la lengua, gimiendo bajito contra mi boca. Pinche Ale, siempre quise esto, murmuró, su voz temblando de excitación.

Tomamos un taxi hasta mi depa en la Roma, las manos impacientes bajo la falda, sintiendo la humedad de sus calzones de encaje. El chofer nos miró por el retrovisor, pero qué chingados nos importaba. En el elevador, ya nos comíamos a besos, mis dedos explorando su piel suave, oliendo su perfume mezclado con el sudor de anticipación.

Acto dos, el verdadero abismo empezó en mi cama king size, con sábanas de algodón egipcio que crujían bajo nuestros cuerpos. La desvestí despacio, saboreando cada centímetro: la curva de sus hombros bronceados por el sol de Acapulco, los pezones duros como piedras preciosas bajo mi lengua. Lamí su cuello, bajando por el valle de sus chichis, inhalando ese olor almizclado de su arousal que me volvía loco. ¡Ay, wey, no pares! jadeó, arqueando la espalda, sus uñas clavándose en mis hombros.

Yo estaba en llamas, la verga palpitando contra su muslo. Le quité los calzones, abriendo sus piernas como un tesoro. Su panocha rosada y húmeda brillaba bajo la luz tenue de la lámpara, oliendo a sexo puro, a deseo acumulado de años. La probé con la lengua, chupando su clítoris hinchado, sintiendo cómo temblaba, cómo sus jugos dulces me inundaban la boca. ¡Más, pendejo, métemela ya! suplicó, tirando de mi pelo.

Pero no quería apresurar el clímax. La volteé, besando su espalda, mordiendo suave su nalga firme. Mis dedos entraron en ella, calientes y resbalosos, curvándose para tocar ese punto que la hacía gritar. Escuchaba su respiración agitada, los gemidos roncos que llenaban la habitación, mezclados con el tráfico lejano de Insurgentes. Internamente luchaba:

Esto es más que un revolcón, es revivir el abismo de pasion elenco niños en carne viva, en adultos que se comen el alma.

La puse a cuatro patas, admirando su culo perfecto, y la penetré de un solo empujón. ¡Qué delicia! Su coño apretado me envolvió como terciopelo caliente, succionándome. Empecé lento, sintiendo cada vena de mi verga rozar sus paredes, el slap slap de piel contra piel. Ella empujaba hacia atrás, cabalgándome como una diosa, sus tetas balanceándose, el sudor perlando su espinazo.

Aceleramos, el ritmo furioso, mis bolas golpeando su clítoris. Olía a sexo intenso, a testosterona y estrógeno fusionados. La volteé de nuevo, mirándola a los ojos mientras la follaba profundo, nuestros alientos mezclados. ¡Te amo, Lucía, desde el elenco niños! grité, y ella respondió con un orgasmo que la sacudió entera, sus paredes contrayéndose, ordeñándome. No aguanté más: exploté dentro de ella, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un abismo infinito.

Nos quedamos jadeando, cuerpos enredados, el corazón latiendo al unísono. El afterglow era puro éxtasis: su cabeza en mi pecho, el olor de nuestro amor cubriendo las sábanas. Besé su frente, sintiendo paz.

Esto no fue solo pasión, carnal, susurró ella, trazando círculos en mi piel. Fue cerrar el círculo del abismo de pasion elenco niños, pero con fuego de adultos.

Nos dormimos así, con la promesa de más noches, sabiendo que el verdadero guion lo escribíamos nosotros, en piel y gemidos, lejos de cámaras y reflectores.

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