Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión por Viajar en Inglés Pasión por Viajar en Inglés

Pasión por Viajar en Inglés

7598 palabras

Pasión por Viajar en Inglés

Tenía esa pasión por viajar en inglés que me quemaba por dentro desde chiquita. No era solo el rollo de subirme a un avión y perder de vista el pinche DF, era imaginarme hablando mi inglés culero con gringos guapones en playas paradisíacas o calles empedradas de Nueva York. Neta, cada vez que planeaba un viaje, mi cuerpo se ponía en modo travieso, como si el mero hecho de practicar frases en inglés me hiciera mojar las calzones. Y esta vez, rumbo a Cancún, sentía que el universo me iba a soltar un regalito.

Llegué al aeropuerto de Playa del Carmen con el sol pegándome en la cara, el aire salado oliendo a mar y coco fresco de los vendedores ambulantes. Mi piel morena brillaba con bloqueador, mi bikini rojo asomando bajo el pareo ligero que ondeaba con la brisa. Órale, Ana, esta vez vas a ligar en inglés de una vez, me dije mientras arrastraba mi maleta rosa chillón por la zona de taxis. Ahí lo vi: un wey alto, rubio, con ojos azules como el Caribe y una sonrisa que prometía pecados. Estaba parado con una mochila al hombro, revisando su mapa como pendejo perdido.

Hey, do you know where’s the best beach around here?
me soltó de repente, con esa voz grave que me erizó la piel.

Mi corazón dio un brinco. ¡Pinche suerte! Mi pasión por viajar en inglés justo aquí. Sonreí coqueta, acomodándome el cabello negro largo que olía a vainilla de mi shampoo.

—Sure, handsome. Follow me to Playa Paraíso. It’s chido as hell.

Se llamaba Jake, de Texas, mochilero empedernido como yo. Caminamos juntos hacia la playa, el sol calentándonos la piel, la arena blanca crujiendo bajo nuestros pies descalzos. Hablábamos mezcla de inglés y español, riéndonos de mis errores culeros como decir "I want to viajar your body" en vez de "travel". Su risa era ronca, vibrante, y cada vez que me rozaba el brazo accidentalmente, sentía chispas en mi piel, un cosquilleo que bajaba directo a mi entrepierna.

En la playa, nos echamos en una palmera. El sonido de las olas rompiendo era hipnótico, mezclado con el grito de las gaviotas y el aroma salobre del mar. Jake se quitó la playera, revelando un torso marcado, bronceado, con vellos rubios que me dieron ganas de lamer. Yo me desaté el pareo, quedando en bikini, mis curvas mexicanas al aire. Sus ojos se clavaron en mis chichis, en mi nalgón, y supe que la tensión ya estaba armada.

You’re stunning, Ana. Your passion for traveling in English... it’s sexy.

Me sonrojé, pero le seguí el juego. Neta, este wey me va a hacer gritar en dos idiomas. Pasamos la tarde flotando en el agua turquesa, sus manos fuertes en mi cintura mientras jugábamos a salpicarnos. Cada roce era eléctrico: sus dedos ásperos contra mi piel suave, mojada, el agua fresca contrastando con el calor de nuestros cuerpos pegados. Al atardecer, con el cielo pintado de naranja y rosa, me invitó a cenar en un palapazo playero. Acepté, sintiendo ya el pulso acelerado entre mis muslos.

La cena fue puro fuego lento. Mesas de madera con velitas titilando, el humo de las parrillas cargado de olor a mariscos asados y limón. Pedimos tacos de pulpo y cervezas frías que sudaban gotitas heladas. Hablábamos de viajes: él de surf en Bali, yo de backpack en Europa. Pero bajo la mesa, su pie rozaba el mío, subiendo despacito por mi pantorrilla. Mi respiración se ponía pesada, el corazón latiéndome en las tetas.

God, Ana, I want to taste you like these tacos
, murmuró en mi oído, su aliento caliente con sabor a cerveza y sal.

Me late, wey. Llévame a tu hotel.

El trayecto en taxi fue tortura deliciosa. La noche caía caliente, húmeda, con grillos cantando y el aroma de jazmines silvestres flotando. En su habitación del boutique hotel, luces tenues amarillas, cama king con sábanas blancas crujientes, el ventilador zumbando suave. Nos besamos apenas cerró la puerta: sus labios carnosos devorando los míos, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y deseo. Gemí bajito, mis manos enredándose en su cabello rubio, oliendo a sol y mar.

Me quitó el vestido lento, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mi cuello, chupando suave, dejando marcas rojas que ardían placenteras. Bajó a mis chichis, liberándolas del brasier, lamiendo mis pezones oscuros que se pusieron duros como piedras. ¡Ay, cabrón, qué rico! pensé, arqueándome contra su boca. El sonido de su succión era obsceno, húmedo, mezclado con mis jadeos. Mi coño palpitaba, empapado, rogando atención.

Tell me what you want in English, baby
, exigió, sus ojos azules fijos en los míos mientras deslizaba mi tanga por mis caderas.

I want your cock inside me, now, respondí ronca, mi acento mexicano haciendo la frase aún más sucia.

Me tumbó en la cama, el colchón hundiéndose suave bajo nosotros. Sus manos exploraron mi cuerpo: dedos gruesos abriendo mis labios vaginales, rozando mi clítoris hinchado. El olor a mi excitación llenaba la habitación, almizclado, dulce. Metió dos dedos, curvándolos justo ahí, el G-spot, y bombeó lento mientras chupaba mi cuello. Gemí fuerte, las caderas moviéndose solas, el sudor perlando mi piel, goteando entre mis senos.

Lo volteé, queriendo control. Esta pasión por viajar en inglés me tiene empoderada, wey. Le bajé el short, su verga saltando libre: gruesa, venosa, la cabeza roja brillando con pre-semen. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su salmuerdo salado. Él gruñó, las manos en mi cabeza, guiándome sin forzar. La chupé profunda, garganta relajada, saliva goteando, el sonido de succión resonando.

—Fuck, Ana... your mouth is heaven.

La tensión crecía, insoportable. Me subí encima, frotando su pija contra mi raja mojada, lubricándonos mutuamente. Nuestros ojos conectados, consentimiento mudo en cada mirada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chingón! Grité, el placer punzante convirtiéndose en éxtasis. Cabalgaba ritmada, mis nalgas chocando contra sus muslos con palmadas húmedas, sudor resbalando por mi espalda.

Él me agarró las caderas, embistiendo arriba, duro, profundo. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, piel caliente. Mis uñas en su pecho, dejando surcos rojos. El clímax se acercaba como ola gigante: mi vientre contrayéndose, coño apretando su verga como puño. —I’m gonna come! aullé en inglés perfecto.

Exploté primero, temblores violentos sacudiéndome, jugos chorreando por sus bolas. Él gruñó animal, corriéndose dentro, chorros calientes pintando mis paredes internas. Colapsamos jadeantes, piel pegada a piel, corazones galopando al unísono. El ventilador secaba nuestro sudor lento, el mar rugiendo afuera como aplauso.

Después, acurrucados, fumamos un cigarro mentolado que picaba la garganta. Hablamos bajito de más viajes, de cómo mi pasión por viajar en inglés nos juntó. Su mano acariciaba mi nalga suave, perezosa. Esto es lo que necesitaba, un polvo épico con sabor a aventura. Al amanecer, con el sol filtrándose rosado, nos despedimos con un beso largo, prometiendo mails y más pasiones. Salí del hotel con las piernas flojas, el cuerpo marcado por su amor, lista para el próximo vuelo. Viajar nunca había sido tan jodidamente glorioso.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.