Como Se Llama La Protagonista De Mi Diario De Pasion
La lluvia caía con fuerza sobre el techo de la cabaña en la Riviera Maya, ese sonido rítmico como un tambor lejano que aceleraba el pulso. Ali, con su piel morena brillando bajo la luz tenue de las velas, se acurrucaba contra el pecho de Diego. Habían llegado esa tarde desde Cancún, escapando del bullicio para un fin de semana solo para ellos. El aire olía a sal marina mezclada con el aroma dulce de las flores de frangipani que rodeaban la casa. Ella sentía el calor de su cuerpo, el roce áspero de su camiseta contra sus brazos desnudos, y un cosquilleo que subía desde su vientre.
Órale, qué chido estar aquí contigo, murmuró Ali, levantando la vista hacia esos ojos cafés que la miraban con hambre contenida. Diego, alto y fornido, con esa barba de tres días que le raspaba delicioso la piel, sonrió y le acarició el cabello negro largo.
Estaban en el sofá de mimbre, con una botella de tequila reposado a medio terminar. Habían cenado mariscos frescos, el sabor a limón y chile todavía en sus labios. Para matar el tiempo mientras la tormenta arreciaba, Diego sacó su laptop y puso una película romántica.
—¿Qué tal si vemos Diario de una pasión? Neta, es de mis favoritas —propuso él, su voz grave vibrando en el pecho de ella.
Ali rio bajito, sintiendo cómo su mano bajaba por su espalda, deteniéndose en la curva de su cadera.
Wey, este cuate me trae loca. Cada caricia es como fuego lento, pensó ella, mientras el calor entre sus piernas empezaba a crecer.
La película empezó, las imágenes de Noah y Allie en el lago llenando la pantalla. Diego se inclinó hacia ella, su aliento cálido en su oreja.
—¿Como se llama la protagonista de Diario de una pasion? —preguntó de repente, con una sonrisa pícara, como si jugara a adivinar.
Ali se giró, sus labios rozando los de él. —Allie, pendejo. Pero yo soy Ali, tu versión mexicana y más caliente —respondió, mordiéndose el labio inferior. El beso que siguió fue suave al principio, saboreando el tequila en su lengua, el salado de su piel. Sus manos exploraron, ella deslizando los dedos bajo su camisa, sintiendo los músculos tensos del abdomen.
La tensión inicial era esa electricidad sutil, el deseo que se cocía a fuego lento como un mole poblano. Ali sentía su corazón latiendo fuerte, el sonido de la lluvia amplificando cada suspiro. Diego la atrajo más cerca, sus caderas presionando contra las de ella, y ella notó la dureza creciente bajo sus jeans.
La película seguía, pero ya nadie prestaba atención. Acto primero cerrado, el conflicto era solo el anhelo reprimido de días sin tocarse así.
En el medio de la noche, la tormenta rugía más fuerte, relámpagos iluminando la habitación con flashes blancos. Habían migrado al colchón king size cubierto de sábanas de algodón egipcio, suaves como una caricia. Ali estaba de rodillas frente a él, quitándole la camisa despacio, inhalando su olor masculino, mezcla de sudor limpio y loción de sándalo. Qué rico hueles, cabrón, pensó, mientras lamía su pecho, saboreando la sal de su piel.
Diego gemía bajito, sus manos enredadas en su pelo. —Neta, Ali, me traes de la verga —susurró, usando ese slang mexicano que la volvía loca de ternura y lujuria. Ella bajó la cremallera de sus pantalones, liberando su verga erecta, gruesa y pulsante. La tomó en la mano, sintiendo el calor, las venas hinchadas bajo sus dedos. Lo miró a los ojos, pidiendo permiso con la mirada, y él asintió, simón, échale ganas.
Lo lamió desde la base hasta la punta, el sabor almizclado llenándole la boca, sus labios estirándose alrededor de él. Diego arqueó la espalda, el colchón crujiendo, el trueno retumbando afuera.
Su sabor es adictivo, como chile en nogada, dulce y picante. Quiero que explote por mí, reflexionaba Ali en su mente, mientras succionaba más profundo, su lengua girando en círculos. Él la detuvo gentilmente, jalándola hacia arriba.
—Ahora tú, mi reina —dijo, volteándola con facilidad. La desvistió, besando cada centímetro: el cuello donde latía su pulso, los pechos firmes con pezones oscuros endurecidos, el ombligo, hasta llegar a su panocha húmeda. El aroma de su excitación flotaba en el aire, dulce y embriagador. Diego separó sus muslos, su lengua explorando los pliegues resbalosos, chupando su clítoris con maestría.
Ali jadeaba, sus uñas clavándose en sus hombros. —¡Ay, wey, no pares! Qué chingón eres con la boca —gimió, sus caderas moviéndose al ritmo de su lengua. El placer subía en olas, tensión psicológica liberándose en pequeños orgasmos que la hacían temblar. Inner struggle: ¿Me dejo ir tan rápido? No, esta noche es nuestra, sin frenos.
Se posicionaron en 69, mutuo deleite, sabores mezclándose, gemidos ahogados por la carne. Luego, él encima, su verga rozando su entrada. —¿Estás lista, amor? —preguntó, ojos fijos en los de ella.
—Ponte verga ya, Diego. Te quiero adentro —suplicó ella, envolviendo las piernas alrededor de su cintura.
Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándola por completo. El estiramiento delicioso, la fricción perfecta. Empezaron a moverse, lento al principio, building intensity: sus pechos rebotando, sudor perlando sus cuerpos, el slap de piel contra piel compitiendo con la lluvia. Ali sentía cada embestida en su alma, es como la película, pero real, nuestro diario de pasión.
Aceleraron, ella arañando su espalda, él mordiendo su hombro. —¡Más fuerte, pendejo! —gritaba ella, y él obedecía, profundo y salvaje. El clímax se acercaba, pulsos racing, respiraciones entrecortadas.
La liberación llegó en explosión: Ali primero, su panocha contrayéndose alrededor de él, un grito gutural escapando mientras ondas de placer la sacudían, el olor de sexo impregnando la habitación. Diego la siguió segundos después, gruñendo su nombre, llenándola con chorros calientes.
Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados. La lluvia amainaba, dejando un goteo suave. Diego la besó en la frente, su mano acariciando su vientre.
—Eres mi Allie, mi protagonista —murmuró.
Ali sonrió, saciada, el afterglow envolviéndola como una manta tibia.
Este es mi diario de pasión, grabado en la piel y el alma. Mañana más, porque con él, cada día es eterno. Se durmieron así, al ritmo del mar lejano, con la promesa de más noches así de intensas.