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Peliculas de Amor y Pasion que Arden

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Peliculas de Amor y Pasion que Arden

La lluvia caía a cántaros sobre el balcón de mi depa en la Roma, ese golpeteo constante contra el vidrio que me ponía nerviosita pero de la buena. Era viernes por la noche, y Luis, mi carnalito del alma, acababa de llegar empapado de la calle, con esa sonrisa pícara que me derretía como chocolate en comal caliente. "Órale, mi reina, qué chido que llueve así, perfecto pa' quedarnos adentro", me dijo mientras se quitaba la chamarra mojada y me jalaba pa' un beso que sabía a café y a deseo fresco.

Nos acomodamos en el sillón de la sala, con las luces bajas y el olor a tierra mojada colándose por las rendijas. "Vamos a ver unas películas de amor y pasión", propuse yo, porque andaba antojada de esas historias que te aceleran el pulso sin remedio. Él se rio bajito, ese sonido ronco que me erizaba la piel. "Sí, nena, pero que sean de las buenas, como las mexicanas de antaño, con besos que queman la pantalla". Saqué el control remoto y elegí una clásica, de esas donde los amantes se miran con ojos que prometen todo.

Al principio, todo era risa y poporopos. Su mano descansaba en mi muslo, tibia y pesada, y yo sentía el calor de su cuerpo pegado al mío. La pantalla parpadeaba con escenas de abrazos intensos, y el corazón me latía fuerte, como si la lluvia afuera sincronizara con mi pulso.

"¿Por qué carajos me pongo así con estas películas?", pensé, mientras su dedo trazaba círculos lentos sobre mi falda, subiendo poquito a poco.
Luis me miró de reojo, con esa mirada de lobo chulo que me conocía tan bien. "Estás caliente, ¿verdad, mi amor?", murmuró al oído, su aliento caliente rozándome el cuello como una caricia prohibida.

La película avanzaba, y la tensión entre nosotros crecía como la tormenta. En la pantalla, los protagonistas se besaban con furia, y yo no pude más. Me volteé y le comí los labios, saboreando su lengua juguetona que sabía a sal y a promesas. Sus manos se colaron bajo mi blusa, palpando mis chichis con esa delicadeza que me volvía loca. "Qué rico hueles, Ana, a vainilla y a mujer", gruñó él, mientras yo le mordía el lóbulo de la oreja, sintiendo su verga endurecerse contra mi pierna. El sonido de la lluvia se mezclaba con nuestros jadeos, y el aire se cargaba de ese olor almizclado, el de la piel que se despierta.

Acto dos: la escalada. Nos paramos del sillón como si la película nos hubiera dado alas. "Ven, mi rey, vamos a hacer nuestra propia película de amor y pasión", le dije con voz ronca, jalándolo hacia la recámara. La luz de la tele nos seguía como un reflector, iluminando su torso desnudo cuando se quitó la playera. Tocarlo era como hundir los dedos en masa tibia, sus músculos duros bajo la piel suave, marcada por el vello que me picaba delicioso las palmas.

En la cama, nos desvestimos despacio, saboreando cada prenda que caía. Su boca bajó por mi cuello, lamiendo gotas imaginarias de lluvia, hasta llegar a mis pezones que se paraban como soldaditos ante su lengua experta. ¡Qué chingón se siente esto! pensé, arqueándome mientras sus dedos exploraban mi entrepierna, húmeda y lista. "Estás chorreando, preciosa", susurró, y yo gemí bajito, el sonido ahogado por el trueno que retumbó afuera. Le bajé el calzón y tomé su pito en la mano, grueso y palpitante, velándolo con la boca hasta que él maldijo en voz baja: "No mames, Ana, me vas a matar".

La tensión subía como la marea. Nos frotamos mutuamente, piel contra piel, sudando en esa humedad perfecta. Yo me subí encima, rozando mi clítoris contra su dureza, sintiendo chispas en cada roce. Sus manos en mis nalgas, amasándolas con fuerza, y yo cabalgando lento al principio, luego más rápido, el colchón crujiendo como banda sonora privada.

"Esto es mejor que cualquier película de amor y pasión, porque es nuestro, real, con olor a nosotros"
, me dije mientras él me volteaba, poniéndome a cuatro patas. Entró despacio, llenándome hasta el fondo, y el placer me nubló la vista, solo quedando el slap-slap de nuestros cuerpos chocando, el aroma de sexo flotando pesado.

Inner struggle? Un ratito dudé, pensando en el wey del ex que nunca me hizo sentir así, pero Luis me miró a los ojos, penetrándome no solo el cuerpo sino el alma. "Te amo, cabrona hermosa", dijo entre embestidas, y eso me liberó. Aceleramos, mis uñas clavándose en su espalda, su aliento jadeante en mi nuca. El clímax se acercaba como tormenta, mis piernas temblando, el calor subiendo desde el vientre hasta explotar en oleadas que me dejaron gritando su nombre.

Él se vino segundos después, gruñendo como animal satisfecho, su leche caliente inundándome mientras colapsábamos juntos. El afterglow fue puro cielo: cuerpos enredados, piel pegajosa y reluciente, el olor a sexo y sudor mezclándose con la lluvia que amainaba. Lo besé suave, saboreando el salado de su piel. "Nuestras películas de amor y pasión son las mejores", murmuré, y él rio, acariciándome el pelo.

Nos quedamos así, reflexionando en silencio. Yo pensaba en cómo este amor nuestro era más vivo que cualquier pantalla, con sus altibajos pero siempre ardiente. Afuera, la ciudad brillaba bajo la luna, y en mi corazón, la pasión seguía latiendo, lista pa' la secuela.

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