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Pasión por el Triunfo 3 Persiguiendo un Sueño Reparto

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Pasión por el Triunfo 3 Persiguiendo un Sueño Reparto

Valeria caminaba por los pasillos del estudio en Polanco con el corazón latiéndole a mil. El aire olía a café recién molido y a ese perfume caro que usaban los productores. Pasión por el triunfo 3 persiguiendo un sueño reparto, repetía en su mente el título de la nueva temporada de la telenovela que la había catapultado al estrellato. Neta, nunca pensó que su sueño de actuar se haría realidad tan rápido. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los directores de casting y una sonrisa que desarmaba a cualquiera. Pero hoy, el reparto completo estaba reunido para el primer ensayo general, y el nerviosismo le picaba en la piel como electricidad estática.

Entró al set principal, iluminado por focos calientes que hacían sudar a todos. Ahí estaba él, Diego, el galán principal, con su camisa ajustada marcando pectorales duros como roca. Olía a sándalo y a hombre que sabe lo que quiere.

¿Y si me mira como en las escenas de celos?
pensó Valeria, sintiendo un calor subirle por el vientre. El director gritó: ¡Órale, muchachos! Vamos a rodar la escena del beso apasionado. Valeria, Diego, química al cien.

Se posicionaron frente a frente. Los ojos de Diego se clavaron en los suyos, oscuros y profundos como pozos de tequila añejo. Su aliento rozó su rostro, cálido y con sabor a menta. Esto es solo actuación, se dijo ella, pero cuando sus labios se juntaron en el ensayo, fue como si el mundo se detuviera. La lengua de él exploró la suya con hambre contenida, y Valeria sintió su verga endurecerse contra su muslo. ¡Puta madre, qué rico! Un jadeo escapó de su garganta, disfrazado de diálogo.

El director aplaudió. ¡Perfecto! Pero guarden eso para la toma buena. ¡Descanso! Todos se dispersaron, pero Diego la tomó del brazo. Wey, eso no fue puro acting, ¿verdad? murmuró él cerca de su oreja, su voz ronca haciendo vibrar el aire. Valeria se mordió el labio, el pulso acelerado latiéndole en las sienes. Pasión por el triunfo, pensó, esto era su boleto al éxito, pero también al deseo que le quemaba las entrañas.

La tarde avanzó con más ensayos. Cada roce accidental —su mano en su cintura, sus dedos rozando su nalga al ajustarle el vestido— avivaba el fuego. El set olía a sudor mezclado con maquillaje y lubricante de cámaras. Valeria no podía concentrarse.

Quiero que me coja aquí mismo, frente a todos, como en esas fantasías que me hago en la regadera.
Su clítoris palpitaba, húmeda entre las piernas, empapando sus panties de encaje.

Después del wrap, Diego la invitó a su tráiler. Ven, platicamos de la escena, dijo con esa sonrisa pícara. Ella aceptó, el corazón en la garganta. Dentro, el espacio era chiquito, íntimo, con un colchón king size cubierto de sábanas de algodón egipcio. Él cerró la puerta, y el clic del seguro sonó como una promesa. Valeria, desde el casting te traes mi atención. Eres fuego puro.

Ella se acercó, oliendo su aroma masculino intensificado por el calor del día. Tú tampoco estás tan pendejo, galán. Me tienes mojadita desde el primer take. Se rieron, rompiendo la tensión. Sus bocas se encontraron de nuevo, esta vez sin cámaras. Diego la besó con furia, mordisqueando su labio inferior, chupando su lengua como si fuera miel. Sus manos grandes subieron por su espalda, desabrochando el vestido que cayó al piso con un susurro de tela.

Valeria jadeaba, el aire cargado de su excitación. Él la cargó hasta la cama, sus músculos tensos bajo sus uñas. Qué chingón estás, murmuró ella, lamiendo el sudor salado de su cuello. Diego gruñó, quitándose la camisa. Sus tetas quedaron expuestas, pezones duros como balas. Él los succionó, alternando entre mordidas suaves y lamidas circulares que la hacían arquearse. ¡Ay, cabrón! Más fuerte. El sonido de sus lenguas y gemidos llenaba el tráiler, como una sinfonía sucia.

Le bajó las panties despacio, inhalando su aroma almizclado de mujer en celo. Hueles a paraíso, nena. Sus dedos exploraron sus pliegues resbalosos, frotando el clítoris hinchado en círculos expertos. Valeria se retorcía, las caderas elevándose para más.

Esto es mejor que cualquier sueño de triunfo
, pensó, mientras él introducía dos dedos, curvándolos contra su punto G. El jugo chorreaba, mojando las sábanas. Ella lo masturbó a través del pantalón, sintiendo la verga gruesa palpitar, lista para entrar.

Quítate todo, quiero verte completo, exigió ella, voz entrecortada. Diego obedeció, su polla saltando libre, venosa y cabezona, goteando precum. Valeria la lamió desde la base hasta la punta, saboreando el salado pre-semen. Él enredó los dedos en su cabello, guiándola en un ritmo profundo. ¡Qué rica chupas, wey! Me vas a hacer venir ya. Ella succionó más fuerte, garganta relajada, hasta que él la detuvo jadeando.

Se posicionaron en 69, cuerpos entrelazados como en una coreografía perfecta. Diego devoraba su coño, lengua hurgando en cada rincón, chupando el clítoris como caramelo. Valeria gemía alrededor de su verga, vibraciones que lo volvían loco. El olor a sexo impregnaba todo, sudor perlando sus pieles. Ella llegó primero, un orgasmo que la sacudió como terremoto, chorros calientes mojando su cara. ¡Sí, Diego, no pares!

Él se volteó, colocándola a cuatro patas. Ahora te voy a follar como mereces, estrella en ascenso. Empujó despacio, la punta abriéndose paso en su calor apretado. Valeria gritó de placer, el estiramiento delicioso. Él embestía profundo, bolas chocando contra su clítoris, ritmo acelerando. El slap-slap de carne contra carne resonaba, mezclado con sus alaridos. Más duro, pendejo, dame todo. Diego la jalaba del cabello, nalgueándola suave, dejando marcas rojas que ardían placenteramente.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus tetas rebotaban, él las amasaba mientras ella giraba las caderas, moliendo su clítoris contra el pubis. El sudor les unía, resbaloso y caliente.

Persiguiendo un sueño, pero este triunfo es carnal, puro fuego
. Diego la volteó de lado, cucharita, penetrándola lento mientras frotaba su clítoris. El segundo orgasmo la golpeó, contrayendo su coño alrededor de él, ordeñándolo.

Me vengo, Valeria, rugió él. Ella apretó más: Dentro, lléname. Caliente chorros de semen la inundaron, pulsos interminables. Colapsaron, jadeantes, pieles pegajosas. Diego la besó la nuca, suave. Eres increíble, mi pasión por el triunfo personal.

Minutos después, en la afterglow, se ducharon juntos. El agua caliente lavaba el sudor, pero no el recuerdo. Manos jabonosas exploraban perezosamente. Esto cambia todo en el reparto, dijo ella riendo. Él la abrazó: Para bien, nena. Nuestro sueño apenas empieza.

Salieron del tráiler al atardecer de la ciudad, el skyline de CDMX brillando. Valeria sintió una paz profunda, el triunfo no solo en la pantalla, sino en su alma. Pasión por el triunfo 3, pensó, persiguiendo un sueño que ahora era compartido, ardiente y eterno.

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