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Abismo de Pasion Online

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Abismo de Pasion Online

Estaba sentada en mi depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco contra el calor pegajoso de la noche mexicana. El olor a tacos de la calle se colaba por la ventana entreabierta, mezclado con el perfume dulce de mi loción de vainilla. Neta, qué pinche aburrimiento, pensé mientras scrolleaba el celular. Mi vida era puro trabajo en la oficina, chelas con las morras los viernes y cero acción en la cama desde que mi ex, ese pendejo, se largó hace meses. Entonces vi el anuncio: Abismo de Pasion Online. Una app para solteros que prometía conexiones profundas, de esas que te hunden hasta el fondo del deseo.

¿Y si me lanzo?
Descargué la chingadera sin pensarlo dos veces.

Mi perfil: foto en bikini en la playa de Cancún, curvas al aire, sonrisa pícara. "Ana, 28, lista para caer en el abismo". Minutos después, un match. Se llamaba Marco, 32, fotógrafo freelance con ojos cafés intensos en su pic y un cuerpo que gritaba gym. "Hola, mamacita. ¿Lista para sumergirte en el abismo de pasion online?", escribió. Su mensaje me erizó la piel, como si ya sintiera sus dedos rozándome el cuello. Empezamos a chatear. Hablaba de sus viajes por Oaxaca, de cómo el mezcal le encendía las venas, y yo le conté de mis fantasías locas, de querer que alguien me devore entera bajo las sábanas.

Las horas volaron. Sus palabras eran puro fuego: "Imagínate mis labios en tu piel morena, lamiendo cada gota de sudor". Yo respondía con el corazón latiéndome en el pecho, mis pezones endureciéndose contra la blusa ligera. Este wey me trae mojada sin tocarme. Le mandé una foto de mis piernas cruzadas, insinuando más. Él, una de su torso desnudo, músculos brillando bajo el sol de Polanco. El chat se volvió un río de deseo. "Ven a mi depa", le propuse al fin, pero él dijo: "No, hagámoslo épico. Mañana, hotel en Reforma. Quiero verte caer de verdad al abismo". Acepté, temblando de anticipación. Esa noche dormí poco, soñando con su boca, su calor, el olor a hombre que me invadía.

Al día siguiente, el lobby del hotel olía a mármol pulido y flores frescas. Vestida con un vestido negro ceñido que marcaba mis caderas anchas, tacones que resonaban como promesas. Lo vi esperándome en el bar, alto, con camisa entreabierta dejando ver vello oscuro. Sus ojos me recorrieron despacio, deteniéndose en mis labios carnosos. "Ana, neta eres más chida en persona", murmuró con voz grave, como ronroneo de jaguar. Tomamos unas chelas artesanales, frías y espumosas, riéndonos de tonterías mientras nuestras rodillas se rozaban bajo la mesa. El roce era eléctrico, un chispazo que subía por mis muslos.

Ya quiero arrancarte la ropa aquí mismo
, pensé, mordiéndome el labio.

Subimos al elevador en silencio, el aire cargado de tensión. Sus dedos rozaron mi mano, y sentí un pulso acelerado en mi centro, humedad creciendo entre mis piernas. La puerta de la suite se abrió a un cuarto con vistas a la ciudad iluminada, sábanas de algodón egipcio y velas ya encendidas que llenaban el aire de jazmín. Marco me jaló contra él, su pecho firme contra mis tetas. "He soñado con esto desde el abismo de pasion online", susurró, antes de besarme. Sus labios eran suaves pero urgentes, lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y cerveza. Gemí bajito, mis manos enredándose en su pelo negro.

Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que liberaba. El aire fresco besó mis pezones rosados, endurecidos como piedras. "Qué chingonas tus curvas, Ana", gruñó, lamiendo mi cuello, bajando al valle entre mis senos. Olía a su colonia amaderada, mezclada con mi aroma de excitación, ese almizcle dulce que traiciona al cuerpo. Lo empujé a la cama king size, desabrochando su pantalón con dedos temblorosos. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en mi mano, piel aterciopelada caliente, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando la sal de su pre-semen. Él jadeó, "¡Pinche diosa!", arqueando la espalda.

Me subí encima, frotándome contra él, mi clítoris hinchado rozando su dureza. El roce era tortura deliciosa, jugos míos lubricándolo todo. "Fóllame ya, Marco", rogué, voz ronca. Me penetró de un empujón lento, llenándome hasta el fondo. Dios, qué grande, me parte en dos. Empecé a moverme, caderas girando como en salsa callejera, sus manos apretando mis nalgas carnosas. El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con nuestros gemidos. Sudor nos pegaba, brillando bajo la luz tenue. Él me volteó, poniéndome a cuatro patas, y volvió a entrar, más profundo, golpeando mi punto G con cada estocada. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola desde el estómago, mis paredes apretándolo como vice.

"¡Más fuerte, carnal!", grité, y él obedeció, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos. El olor a sexo nos envolvía, intenso, animal. Mis tetas rebotaban, pezones rozando las sábanas ásperas. El clímax me golpeó como rayo, cuerpo convulsionando, chillidos escapando de mi garganta mientras chorros de placer me mojaban las sábanas. Él siguió, gruñendo, hasta que se corrió dentro, caliente y espeso, colapsando sobre mí. Nos quedamos así, jadeantes, su peso reconfortante, corazón latiendo al unísono.

Después, en la ducha de lluvia, agua caliente cascabeando sobre nosotros, nos enjabonamos mutuamente. Sus dedos exploraron mi coño sensible aún, provocándome risas y besos suaves. "Esto fue más que el abismo de pasion online, Ana. Fue real", dijo, secándome con toalla mullida. Nos acostamos envueltos en las sábanas revueltas, ciudad zumbando afuera. Hablamos de todo: sueños, miedos, planes locos como un road trip a la Riviera Maya. Neta, este wey me caló hondo, pensé, acurrucada en su pecho velludo, inhalando su olor a post-sexo.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, nos despedimos con un beso largo, prometiendo más. Bajé al lobby con piernas flojas, sonrisa boba, el recuerdo de su toque grabado en mi piel. El abismo de pasion online me había lanzado a un mundo nuevo, donde el deseo no era virtual, sino puro fuego mexicano. Y yo, lista para caer de nuevo.

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