Canciones Con La Palabra Pasion
La noche en el rooftop de Polanco ardía con un calor pegajoso que se pegaba a la piel como una promesa. Tú llegas con tus cuates, el skyline de la CDMX brillando a lo lejos con luces neón que parpadean como ojos coquetos. La música retumba desde los bocinas, un playlist chido que alguien armó con canciones con la palabra pasion: "Pasionaria" de José José sonando suave al principio, seguida de "Con Pasión" de algún grupo norteño que pone a todos a mover el culo. El aire huele a mezcal ahumado y jazmines del jardín vertical, y sientes el pulso de la bass vibrando en tu pecho.
Estás de pie junto a la barra, con un paloma en la mano —el limón fresco explotando en tu lengua, el tequila quemando dulce la garganta— cuando lo ves. Alto, moreno, con una sonrisa que parece tallada para pecar. Lleva una camisa negra ajustada que marca los hombros anchos, y unos jeans que abrazan sus caderas de forma criminal. Se llama Diego, lo sabes porque lo oyes platicando con un güey cerca. Sus ojos te atrapan mientras bailas sola, moviendo las caderas al ritmo de "La Pasión" de DVICIO, que ahora suena con esa letra que habla de fuego en las venas.
Órale, este vato me está viendo como si ya me tuviera en su cama. Neta, su mirada me eriza la piel.
Él se acerca, con un vaso de cuba libre en la mano, el hielo tintineando. —Qué chido playlist, ¿no? Todas canciones con la palabra pasion. Me prenden el ánimo, dice con voz grave, ronca como el mezcal. Tú ríes, sintiendo el calor subir por tu cuello. —Sí, wey, me encanta cómo suenan. Esa palabra siempre me pone... pensativa. Charlan de música, de noches locas en la Roma, de cómo "pasion" en una rola te hace sentir viva, deseada. Su risa es profunda, vibra en el aire entre ustedes, y cuando roza tu brazo accidentalmente —o no tan accidental— sientes chispas en la piel, como si el tequila se hubiera metido en tus venas.
La fiesta avanza, el sudor brilla en cuellos y escotes. Bailan juntos cuando arranca "Pasion" de Luis Miguel, pegaditos, su mano en tu cintura baja, firme pero suave. El olor de su colonia —sándalo y algo cítrico— se mezcla con el tuyo, floral y salado. Tus pechos rozan su torso con cada giro, y sientes su aliento caliente en tu oreja. —Estás cañón, ¿lo sabías? murmura, y tú respondes con un —Tú tampoco estás tan pendejo, juguetona, mordiéndote el labio. La tensión crece como la música, gradual, el corazón latiéndote en el surco de la garganta.
Se escapan al borde del rooftop, solos por un rato. La ciudad zumba abajo, autos pitando lejanos, el viento fresco aliviando el bochorno. Él te acorrala suave contra la barandilla, sus manos en tus caderas. —No puedo dejar de pensar en esas canciones con la palabra pasion... y en ti, dice, y sus labios rozan los tuyos. El beso empieza lento, explorador: su lengua sabe a ron y menta, cálida, insistente. Tú le respondes con hambre, las manos en su nuca, tirando de su cabello corto. El mundo se reduce a eso —el roce húmedo de bocas, el gemido bajo que escapa de su garganta, el pulso acelerado bajo tus dedos en su pecho.
¡Qué rico! Su boca me devora, y yo solo quiero más. Mi cuerpo arde, neta se me moja todo con solo su beso.
La cosa escala. Sus manos bajan por tu espalda, apretando tu culo envuelto en el vestido ajustado. Tú sientes su verga dura presionando contra tu vientre, gruesa, palpitante a través de la tela. —Vamos a mi depa, está aquí cerquita, jadea él contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. Tú asientes, el deseo nublándote la cabeza como humo de cigarro. Bajan en el elevador, solos, besándose contra las paredes frías de metal. Sus dedos se cuelan bajo tu falda, rozando el encaje de tus calzones, y tú gimes bajito, el sonido ecoando en el espacio chiquito.
El depa es moderno, luces tenues, una bocina sonando suave —¡milagro! otra canción con la palabra pasion, "Pasión Gitana" de Gipsy Kings remixada. Lo empujas al sofá, quitándole la camisa con urgencia. Su piel es morena, suave, con vellos oscuros que invitas a lamer. Él te levanta el vestido, exponiendo tus tetas llenas, pezones duros como piedras. Los chupa con avidez, la lengua girando, dientes rozando justo lo suficiente para que arquees la espalda. —Deliciosa, pinche ricura, gruñe, y tú respondes bajando la mano a su bragueta, liberando su pija tiesa, venosa, goteando pre-semen que lames de la punta con deleite salado.
Lo montas ahí mismo, en el sofá de cuero que cruje bajo el peso. Te bajas los calzones a un lado, y él te penetra despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. —¡Ay, cabrón, qué grande! exclamas, y él ríe, embistiéndote hondo. El ritmo sube, tus caderas chocando contra las suyas, piel sudorosa palmoteando. Sientes cada vena, cada pulso dentro de ti, el olor almizclado de sexo llenando el aire. Tus uñas en su espalda, dejando marcas rojas; su boca en tu cuello, chupando hasta dejar chupetones.
Me folla como animal, pero con esa ternura que me deshace. Cada estocada me lleva al borde, mi clítoris rozando su pubis perfecto.
Cambian posiciones: él te pone a cuatro patas en la alfombra gruesa, el pelo cayéndote en la cara mientras te agarra las caderas. Entra más profundo, el ángulo perfecto rozando ese punto que te hace ver estrellas. Gimes alto, sin pudor —¡Más, Diego, no pares, pendejito!— y él acelera, sudando, el cuerpo brillante bajo la luz. Sus bolas golpean tu culo, rítmicas, y tú te tocas el clítoris, círculos rápidos que te llevan al orgasmo primero: olas de placer contrayendo tu coño alrededor de él, gritando su nombre mientras tiemblas.
Él no tarda: unas embestidas más, roncas, y se corre dentro, chorros calientes llenándote, su gemido gutural vibrando en tu espalda. Colapsan juntos, jadeantes, cuerpos enredados en un charco de sudor y fluidos. El aire huele a sexo crudo, a piel saciada. Te besa la frente, suave ahora, —Eres increíble, mi reina.
Después, en la cama king size con sábanas frescas de algodón egipcio, escuchan el eco lejano de la fiesta —o tal vez su playlist interna—. Canciones con la palabra pasion siguen sonando en tu mente, pero ahora con nuevo significado. Su mano acaricia tu vientre, trazando círculos perezosos. Tú sientes paz, el cuerpo laxo, el corazón lleno.
Neta, esta noche cambió todo. Diego no es solo un polvo chido; hay algo más, una pasion que apenas empieza.
Se duermen así, envueltos en el afterglow, la ciudad susurrando afuera. Mañana quién sabe, pero esta noche, con el sabor de él en tus labios y su calor pegado a tu piel, todo es perfecto. La pasion no se apaga; arde quieta, lista para más.