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Elenco en la Marea de Pasiones

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Elenco en la Marea de Pasiones

El sol de Puerto Vallarta caía a plomo sobre el set de Marea de Pasiones, esa telenovela que tenía a medio México pegado a la tele cada noche. Yo, Ana, era la nueva en el elenco, la chica ingenua que se enamora del galán tormentoso. Neta, cuando me ofrecieron el papel, pensé que era un sueño chido. Pero nada me preparó para Diego, el protagonista, con esos ojos cafés que te desnudan sin tocarte y un cuerpo que parecía esculpido por las olas del Pacífico.

Estábamos grabando la escena de la playa, esa donde mi personaje confiesa su amor bajo la luna. El director gritaba "¡Acción!" y yo me lanzaba a los brazos de Diego, sintiendo el calor de su piel contra la mía. El traje de baño que me pusieron era diminuto, apenas un pedacito de tela que se pegaba a mis curvas con la brisa salada. Su mano en mi cintura mandaba chispas por mi espina, y olía a mar y a hombre, a ese sudor ligero que se mezcla con loción bronceadora.

¿Por qué carajos late tan fuerte mi corazón? Esto es solo acting, pendeja
, me decía en la cabeza mientras él me susurraba el diálogo al oído, su aliento cálido rozándome el cuello.

Al corte, todos aplaudían. Diego no me soltó de inmediato. "Buen trabajo, Ana. Tienes fuego, ¿eh?" dijo con esa sonrisa pícara, sus dedos apretando un segundo más de lo necesario. Sentí un cosquilleo entre las piernas, como si el mar mismo me estuviera lamiendo por dentro. El elenco entero bromeaba, "¡Uy, ya se armó la química!", pero yo solo atinaba a reír nerviosa, recogiendo mi bata de playa. Esa noche, en el hotel frente al malecón, no pude dormir. La marea rugía afuera, y en mi mente revivía su toque. ¿Y si no es solo ficción? ¿Y si el elenco de Marea de Pasiones trae sus propias pasiones reales?

Al día siguiente, el rodaje se complicó con una tormenta que retrasó todo. Nos metimos al tráiler compartido para esperar, solo Diego y yo, mientras la lluvia azotaba el techo como un tambor frenético. Él se quitó la camisa mojada, revelando el pecho ancho, músculos tensos por el frío. "Ven, abrígate", me dijo, pasándome una sudadera suya que olía a él: sándalo y sal. Me la puse, y de pronto estábamos cerca, demasiado. Sus rodillas rozaban las mías, y el aire se cargó de algo eléctrico.

"Ana, desde el primer día te vi. No es solo el personaje, ¿sabes?" Su voz era ronca, como el oleaje rompiendo en la orilla. Mi pulso se aceleró, el corazón martilleando en mis oídos.

Di que no, sal de aquí, no jodas el trabajo
, pensé, pero mi cuerpo traicionero se inclinó hacia él. Nuestros labios se encontraron en un beso suave al principio, explorando, saboreando el gusto salado de la lluvia en su boca. Sus manos subieron por mis muslos, firmes pero tiernas, y yo gemí bajito, arqueándome contra su calor.

La tensión que llevábamos días acumulando explotó ahí, en ese tráiler chiquito. Diego me levantó con facilidad, sentándome en la mesita de maquillaje. "Dime si quieres parar, mi reina", murmuró contra mi cuello, mordisqueando suave. "No pares, cabrón, te necesito ya", respondí, jalando su cabeza para besarlo más hondo. El olor a lluvia y piel húmeda llenaba el espacio, mezclado con mi propia excitación, ese aroma dulce y almizclado que traiciona al cuerpo.

Sus dedos se colaron bajo mi short, encontrándome ya empapada. "Estás tan lista para mí, Ana. Tan chingona", gruñó, deslizando uno adentro lento, haciendo que mis caderas se movieran solas. Sentía cada roce como fuego líquido, el pulgar en mi clítoris trazando círculos que me volvían loca. Jadeaba, mis uñas clavándose en sus hombros anchos, el sonido de la lluvia ahogando mis gemidos.

Esto es mejor que cualquier escena, neta que sí
. Él se arrodilló entonces, bajando mi short y lamiéndome con devoción, su lengua plana y caliente lamiendo desde abajo hasta arriba, saboreándome como si fuera el mejor tequila de la tierra.

No aguanté mucho. "Diego, ya, por favor", supliqué, temblando. Me levantó, quitándose el pantalón con prisa. Su verga saltó libre, dura y gruesa, palpitando contra mi vientre. La tomé en mi mano, sintiendo la piel sedosa sobre el acero, el calor que emanaba. "Métemela, amor, hazme tuya", le pedí, guiándolo a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El placer era abrumador, cada vena rozando mis paredes, llenándome hasta el fondo.

Empezamos a movernos, él embistiendo profundo mientras yo me aferraba a su cuello, mis pechos rebotando con cada choque. El tráiler se mecía con nosotros, o tal vez era la tormenta. Sudor perlando su frente, goteando en mi piel, el slap-slap de carne contra carne mezclándose con nuestros jadeos. "Eres mi marea, Ana, me arrastras", susurró, acelerando, su mano en mi nalga apretando fuerte. Yo clavaba mis talones en su espalda, sintiendo el orgasmo crecer como una ola gigante, rompiendo todo a su paso.

Exploté primero, gritando su nombre mientras contracciones me sacudían, ordeñándolo. Él se vino segundos después, gruñendo ronco, llenándome con chorros calientes que sentía palpitar adentro. Nos quedamos pegados, respirando agitados, su frente en mi hombro, el mundo afuera olvidado. La lluvia amainaba, dejando solo el rumor del mar.

Después, envueltos en toallas en su habitación de hotel, pedimos unas chelas frías y tacos de mariscos del carrito de la esquina. Reíamos recordando el rodaje, sus dedos trazando patrones perezosos en mi espalda desnuda. "Esto no fue solo una calentura, ¿verdad?", pregunté, vulnerable por primera vez. Él me miró serio, besando mi sien. "Neta, Ana. Eres la pasión que no esperaba en este elenco. Sigamos esto, fuera de cámaras."

Los días siguientes en el set fueron distintos. Cada mirada entre escenas era un secreto compartido, cada toque accidental una promesa. El elenco murmuraba, pero a nosotros nos valía. Marea de Pasiones no solo era la novela; era nuestra realidad, una marea que nos arrastraba a placeres intensos y conexiones reales. Y mientras las cámaras rodaban, yo sabía que lo mejor pasaba cuando se apagaban.

Una noche, después de wrap, caminamos por la playa, pies hundiéndose en la arena tibia. El Pacífico lamía nuestros tobillos, salpicando espuma perfumada. Nos besamos bajo las estrellas, su mano en mi cintura, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón latiendo fuerte.

Quién iba a decir que un elenco traería tanta pasión verdadera
. El futuro era incierto, con contratos y fans, pero en ese momento, solo existíamos nosotros, flotando en nuestra propia marea.

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