La Pasión de Cristo Mel Gibson Completa en Nuestra Piel
Era una noche calurosa en el DF como tantas otras pero esta vez traía algo especial. Yo Ana acababa de llegar del trabajo exhausta pero con un picor en el cuerpo que no me dejaba en paz. Mi carnal Javier ya estaba en el depa esperándome con una chela fría y unos tacos de suadero que olían a gloria. "Órale nena ven pa cá que te tengo una sorpresa" me dijo con esa voz ronca que me eriza la piel.
Nos sentamos en el sillón viejo pero cómodo de la sala el aire cargado del aroma a carne asada y limón. Él sacó el disco pirata que había chafado en el tianguis: la pasión de cristo mel gibson completa. "Mira güey neta que es heavy pero te va a volar la cabeza" aseguró mientras lo metía al player. Yo reí pensando que era una mamada ver una película religiosa un viernes pero algo en su mirada pícara me intrigó. Apagué las luces y nos acurrucamos el olor de su colonia mezclándose con mi perfume de vainilla.
La pantalla se iluminó con las primeras escenas el desierto árido el sudor en la piel de Jesús bajo el sol implacable. Sentí un cosquilleo en el estómago no solo por la historia sino por la mano de Javier que ya descansaba en mi muslo subiendo despacito.
¿Por qué carajos esta película me está poniendo cachonda?pensé mientras el látigo chasqueaba en la pantalla el sonido seco como un beso violento. Mi respiración se aceleró el calor entre mis piernas crecía con cada golpe imaginario en mi propia carne.
Javier me miró de reojo sus ojos oscuros brillando en la penumbra. "Te late ¿verdad?" murmuró su aliento cálido contra mi oreja. Asentí mordiéndome el labio el pulso latiendo en mi cuello como un tambor. La película avanzaba la corona de espinas clavándose sangre roja goteando y de pronto su mano se coló bajo mi falda rozando la tela de mis calzones ya húmedos. Un gemido se me escapó suave como el viento del desierto en la cinta.
En el medio del acto la tensión era insoportable. Jesús cargaba la cruz sus músculos tensos el dolor grabado en cada vena. Yo ya no veía solo sentía: los dedos de Javier separando mis labios hinchados el jugo resbalando por mis muslos. "Estás empapada mi amor" susurró lamiendo mi cuello sabor a sal y deseo. Le quité la playera de un jalón su pecho moreno ancho pectorales duros como piedra olía a hombre puro sudor fresco. Mis uñas arañaron su espalda dejando surcos rojos como los de la película.
Esta es nuestra pasión nuestra cristo personalse me cruzó por la mente mientras lo empujaba contra el sillón. Me subí a horcajadas sintiendo su verga dura presionando contra mi concha a través de la tela. La película seguía sonando los gritos de María el martilleo de los clavos pero nosotros ya estábamos en nuestro propio vía crucis de placer. Le bajé el pantalón liberando esa pinga gruesa venosa palpitante que tanto me volvía loca. La tomé en mi mano el calor irradiando el olor almizclado subiéndome a la cabeza.
"Chúpamela güey" pidió con voz entrecortada y yo obedecí bajando la boca despacio la lengua rodeando el glande salado pre-semen en mi paladar. Él gruñó enredando los dedos en mi pelo jalando suave pero firme. El sonido de su placer ronco gutural se mezclaba con los latigazos de la pantalla. Subí y bajé succionando bolas en mi boca el vello púbico rozando mi nariz. Estaba empapada goteando en el sillón el cuero pegajoso bajo mis rodillas.
Pero no quería acabar así. Me levanté quitándome la blusa los senos rebotando libres pezones duros como piedras. Javier los atrapó con sus manos grandes amasándolos pellizcando el dolor placentero disparando chispas a mi clítoris. "Te quiero adentro ya pendejo" le dije montándolo de nuevo su verga abriéndose paso en mi interior centímetro a centímetro estirándome deliciosamente. El estirón ardiente me hizo arquear la espalda un grito ahogado escapando de mi garganta.
Comenzamos a movernos yo cabalgándolo fuerte el slap slap de carne contra carne ahogando el audio de la película. Sus caderas subían clavándose profundo tocando ese punto que me hace ver estrellas. Sudor corría por nuestros cuerpos mezclándose el olor a sexo crudo invadiendo la sala. La pasión de cristo mel gibson completa seguía proyectándose en la pared pero nosotros éramos los protagonistas nuestros cuerpos entrelazados en éxtasis profano.
La escalada fue brutal. Cambiamos de posición él me puso a cuatro en el piso alfombrado mis rodillas hundiéndose suave. Entró por atrás brutal pero consentido mis paredes contrayéndose alrededor de su grosor. "¡Más fuerte cabrón!" grité y él obedeció embistiendo como un animal el sudor goteando de su frente a mi espalda. Sentía cada vena cada pulso su saco golpeando mi clítoris hinchado. Mis dedos bajaron frotando furiosamente el botón de placer oleadas de calor subiendo por mi espina.
Internalmente luchaba
no pares no acabes todavía saborea esto como el vino agrio en la cruz. Javier jadeaba palabras sucias "tu panocha es un paraíso nena apriétame más". El clímax se acercaba mis piernas temblando visión nublada por lágrimas de puro gozo. Él aceleró gruñendo "me vengo" y yo exploté primero mi concha ordeñándolo chorros calientes llenándome el exceso resbalando por mis muslos.
Colapsamos juntos el corazón tronando en nuestros pechos el DVD pausado en la escena de la resurrección. Su semen tibia dentro de mí un recordatorio pegajoso de nuestra unión. Me giró besándome lento lenguas danzando sabor a nosotros mismos. "Esa película fue el detonante perfecto" murmuró riendo contra mi boca.
Nos quedamos así en el piso fresco ahora el aire acondicionado zumbando suave. Limpiamos el desmadre con toallas olor a sexo persistiendo como un perfume. En la cama después piel contra piel reflexioné
la pasión no es solo sufrimiento es este fuego que nos consume y reconstruye. Javier dormía plácido su brazo sobre mi cintura y yo sonreí pensando en ver otra vez la pasión de cristo mel gibson completa pero con él siempre terminando igual de explosivo.
Al amanecer el sol filtrándose por las cortinas besé su hombro saboreando la sal residual. Nuestra noche había sido redentora carnal profunda un ritual privado que nos unía más que cualquier voto. Y así en el caos del DF seguimos nuestra propia pasión eterna.