Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Fuego y Pasión Cañaveral Letra Fuego y Pasión Cañaveral Letra

Fuego y Pasión Cañaveral Letra

5922 palabras

Fuego y Pasión Cañaveral Letra

La fiesta en el rancho estaba en su mero mole, con el sonido de la banda retumbando por todo el cañaveral. El aire olía a tierra húmeda, a humo de las carnes asadas en la parrillada y a ese dulzor pegajoso de la caña recién cortada. Yo, Ana, con mi vestido floreado ceñido a las curvas que tanto me enorgullecen, bailaba al ritmo de Cañaveral, sintiendo el sudor resbalando entre mis pechos. La letra de "Fuego y Pasión" me calaba hondo: "Fuego y pasión, que quema el corazón..." Neta, cada palabra era como una chispa en mi piel.

Ahí lo vi, a Javier, mi carnal secreto desde hace meses. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hace temblar las piernas. Trabaja en el ingenio, con manos callosas que huelen a caña y a hombre de verdad. Nuestras miradas se cruzaron mientras la banda soltaba el coro.

"Tú me enciendes como fuego y pasión"
, canté bajito para mí, imaginando sus labios en mi cuello. El deseo me picaba por dentro, como un calor que sube desde el estómago hasta el entrepierna. ¿Cuánto tiempo más íbamos a seguir con este jueguito de miraditas? La tensión era insoportable.

La noche caía suave, con grillos cantando y el viento meciendo las varas altas del cañaveral. Javier se acercó, su camisa blanca pegada al pecho musculoso por el sudor. "¿Bailamos, morra?" me dijo al oído, su aliento caliente rozándome la oreja. Sentí un escalofrío delicioso. Bailamos pegaditos, su cadera contra la mía, su verga ya medio dura presionando mi muslo. Fuego y pasión cañaveral letra, pensé, como si esas palabras fueran el hechizo que nos unía. Sus manos bajaron por mi espalda, deteniéndose en mis nalgas, apretando suave pero firme. Qué chingón se siente esto, me dije, mordiéndome el labio.

—Vamos pa'l allá —murmuró, señalando el borde del campo de caña—. Nadie nos va a cachar.

Mi corazón latía como tambor de banda. Lo seguí, el vestido subiéndose por mis muslos con cada paso. El cañaveral nos tragó enterito, las hojas altas rozándonos la piel como dedos juguetones. Olía a verde fresco, a savia dulce y a esa promesa de pecado. Nos detuvimos en un claro donde la luna filtraba plata entre las varas. Javier me jaló contra él, besándome con hambre. Sus labios sabían a tequila y sal, su lengua invadiendo mi boca como si quisiera devorarme. Gemí bajito, mis uñas clavándose en su nuca.

Esto es lo que necesitaba, su fuego quemándome por dentro. No más espera, no más fantasías solas en la cama.

Sus manos expertas desabrocharon mi vestido, dejándolo caer al suelo húmedo. Quedé en bra y tanga, la brisa nocturna erizándome la piel. Él se quitó la camisa, revelando ese torso tatuado con una rosa y una frase que no alcancé a leer bien. "Eres tan rica, Ana", gruñó, besando mi cuello, bajando a mis tetas. Chupó un pezón por encima del encaje, haciendo que mis rodillas flaquearan. El sonido de su succión, húmedo y obsceno, se mezclaba con el susurro del viento. Olía a su sudor masculino, a deseo puro.

Yo no me quedé atrás. Le bajé el pantalón, liberando su verga gruesa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor, las venas marcadas. Qué pinga tan chida, pensé, acariciándola de arriba abajo. Javier jadeó, sus caderas moviéndose instintivo. Nos tendimos en la hojarasca suave, el suelo tibio bajo nosotros. Él me quitó el bra, masajeando mis pechos con esas manos ásperas que me volvían loca. Besó mi vientre, lamiendo hasta llegar a mi concha. Separó mis piernas, inhalando profundo.

—Hueles a miel, nena —dijo, y su lengua tocó mi clítoris.

¡Ay, Dios! Fue como un rayo. Lamía despacio, chupando mis labios, metiendo la lengua adentro. Yo arqueé la espalda, agarrando las hojas de caña, el sabor de la savia en mis dedos. Mis gemidos salían roncos, el placer subiendo en olas. Fuego y pasión, repetía mi mente, sincronizada con la letra que aún zumbaba lejana desde la fiesta. Él metió un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, en mi punto G. Me retorcía, el orgasmo acercándose como tormenta.

—No te vayas todavía —jadeé, jalándolo arriba.

Me volteó boca abajo, poniéndome a cuatro patas. Sentí su verga en mi entrada, resbalosa de mis jugos. Empujó despacio, llenándome centímetro a centímetro. "¡Qué chingón te sientes!" rugió, y empezó a moverse. Cada embestida era fuego, su pelvis chocando mis nalgas con palmadas sonoras. El cañaveral temblaba con nosotros, las varas crujiendo. Sudor goteaba de su pecho a mi espalda, mezclándose con el mío. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más, más profundo.

Esto es pasión cañaveral, letra viva en mi piel, grabada con cada roce.

Cambié de posición, montándolo. Sus manos en mis caderas, guiándome. Rebotaba sobre él, mis tetas saltando, su mirada clavada en mí como si fuera diosa. El olor a sexo nos envolvía, espeso y embriagador. Aceleré, sintiendo el clímax apretándome el vientre. "¡Ya, Javier, ya vengo!" grité, y exploté. Oleadas de placer me sacudieron, mi concha contrayéndose alrededor de su verga. Él gruñó, corriéndose dentro, caliente y abundante.

Nos quedamos así, jadeando, abrazados en el suelo. El viento secaba nuestro sudor, la luna testigo muda. Javier me besó la frente, suave ahora.

—Eres mi fuego y pasión, Ana. En este cañaveral, para siempre.

Sonreí, trazando la letra tatuada en su pecho: "Fuego y pasión cañaveral letra", grabada hace años por amor perdido, ahora renacida con nosotros. La fiesta seguía lejana, pero aquí, en nuestro mundo, todo era perfecto. Nos vestimos despacio, robándonos besos, sabiendo que esto era solo el principio. Caminamos de vuelta, tomados de la mano, el corazón latiendo al ritmo de esa canción eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.