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Pasión Retro en la Noche Eléctrica

7297 palabras

Pasión Retro en la Noche Eléctrica

Entras al antro de la colonia Roma, el aire cargado de humo de cigarro y ese olor dulzón a perfume barato mezclado con sudor fresco. La música de los ochenta retumba desde los altavoces, sintetizadores chillones y bajos profundos que te hacen vibrar las tripas. Luces neón parpadean en rosas y azules, iluminando parejas que se menean como si el mundo se acabara esa noche. Es la fiesta Pasión Retro, y neta, te sientes transportado a una época que ni viviste pero que te prende como chingados.

Te pegas a la barra, pides un ron con cola, el hielo crujiendo contra el vidrio helado. Tus ojos recorren el lugar, buscando algo que te saque del hastío de la semana. Ahí la ves: una morra de unos treinta, con el cabello en ondas perfectas como de comercial de shampoo ochentero, labios rojos brillando bajo las luces, y un vestido ajustado de terciopelo rojo que abraza sus curvas como un amante posesivo. Sus ojos te atrapan, oscuros y juguetones, y sientes un cosquilleo en la nuca, como si el destino te guiñara el ojo.

¿Qué carajos, carnal? ¿Por qué esta chava me mira así? Como si ya supiera todos mis secretos.
Piensas mientras das un trago largo, el ron quemándote la garganta con un fuego dulce.

Ella se acerca contoneándose al ritmo de Take on Me, el tacón de sus botas resonando sobre el piso pegajoso. "¿Vienes seguido a estas noches de pasión retro?" te pregunta con voz ronca, un acento chilango puro que te eriza la piel. Su aliento huele a menta y algo más, como vainilla caliente.

Le sonríes, sintiendo el pulso acelerarse. "Primera vez, pero ya me late. ¿Y tú, reina del vinilo?" respondes, y ella ríe, un sonido cristalino que corta la música como un cuchillo.

"Soy Laura. Y esta pasión retro me prende porque es cruda, sin filtros. Como el sexo de antes, ¿no crees?" Sus dedos rozan tu brazo al tomar su trago, un toque eléctrico que sube por tu espina dorsal. Ya sientes el calor entre las piernas, esa tensión inicial que promete más.

La pista de baile os llama. La tomas de la mano, su palma suave y cálida contra la tuya, sudorosa de anticipación. Bailan pegados, cuerpos rozándose al ritmo de Billie Jean. Sientes sus pechos contra tu torso, firmes y suaves a través de la tela delgada. Su cadera se mueve contra la tuya, un roce deliberado que te pone duro como piedra. El olor de su perfume, jazmín y almizcle, te invade las fosas nasales, mezclándose con el aroma salado de su piel.

Neta, esta morra es fuego puro. Si no la beso ya, me exploto aquí mismo.

La llevas a un rincón más oscuro, cerca de la salida de emergencia. Sus labios se encuentran con los tuyos en un beso hambriento, lenguas danzando como en un duelo apasionado. Sabe a cherry de su gloss y ron, dulce y ardiente. Tus manos bajan por su espalda, apretando sus nalgas redondas, el terciopelo resbalando bajo tus dedos. Ella gime bajito en tu boca, un sonido que vibra directo a tu verga, palpitante dentro de los jeans.

"Vamos a mi depa, está cerca. No aguanto más esta pasión retro que nos está quemando" murmura contra tu oreja, mordisqueándola suave. Asientes, el corazón tronando como tambores de cumbia.

Salen a la calle, el aire fresco de la noche mexicana los golpea, olor a taquitos de la esquina y gasolina. Caminan rápido, riendo nerviosos, manos entrelazadas. Su depa es un loft chido en una casa porfiriana remodelada, paredes con posters de Madonna y Michael Jackson, vinilos apilados en una esquina. Enciende una lámpara de lava, el resplandor naranja bailando en su piel morena.

La puerta se cierra con un clic, y la tensión explota. La empotras contra la pared, besándola con furia mientras tus manos suben su vestido. Sus tetas saltan libres, pezones oscuros endurecidos como balas. Los chupas con hambre, saboreando su piel salada, el gemido que suelta te hace gruñir de placer. "Sí, así, cabrón, no pares" jadea, clavando las uñas en tu espalda.

Esto es lo que necesitaba, una conexión real, sin pendejadas modernas. Pura pasión retro, carnal a carnal.

La cargas al sillón de piel sintética, crujiendo bajo vuestro peso. Ella te desabrocha el cinturón con dedos temblorosos de deseo, liberando tu verga tiesa, venosa y lista. La acaricia despacio, su mano suave subiendo y bajando, el precum lubricando su palma. "Qué chingona, mira cómo late por mí" dice con ojos brillantes, lamiéndose los labios.

Tú le quitas las bragas de encaje negro, oliendo su excitación, ese aroma almizclado y dulce que te marea. Tu lengua explora su panocha depilada, labios hinchados y húmedos, clítoris palpitante. La chupas suave al principio, luego con más fuerza, sorbiendo sus jugos como néctar. Ella arquea la espalda, gritando "¡Ay, wey, me vas a matar de gusto!" Sus muslos tiemblan alrededor de tu cabeza, el sudor perlando su vientre.

La tensión sube como la música en el antro. Te subes encima, su entrada caliente y resbalosa te envuelve al penetrarla de un solo empujón. Es apretada, perfecta, sus paredes contrayéndose alrededor de ti. Empiezan a moverse, lento al inicio, sintiendo cada centímetro, cada roce. El slap de piel contra piel llena la habitación, mezclado con jadeos y ay cabrones. Sus uñas marcan tu pecho, el dolor agudo sumándose al placer.

"Más fuerte, dame toda tu pasión retro" suplica, y obedeces, embistiéndola profundo, el sofá gimiendo en protesta. Sientes sus tetas rebotando contra ti, el calor de su interior apretándote más. Cambian de posición, ella encima, cabalgándote como amazona salvaje. Sus caderas giran, moldeándose a ti, el vinilo de fondo girando con un tema de Prince. El olor a sexo impregna el aire, sudor, fluidos, pasión cruda.

La intensidad crece, vuestros cuerpos resbalosos uniéndose en un ritmo frenético. Sientes el orgasmo construyéndose en tus bolas, un nudo apretado listo para estallar. Ella aprieta los ojos, mordiendo su labio, "Me vengo, chingado, ¡me vengo!" grita, su panocha convulsionando alrededor de tu verga, ordeñándote. No aguantas más, explotas dentro de ella, chorros calientes llenándola, el placer cegador como luces estroboscópicas.

Caen exhaustos, cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Su cabeza en tu pecho, el latido de tu corazón como un bajo retro. El aire huele a sexo satisfecho, a promesas cumplidas. Besas su frente sudada, salada en tus labios.

Esto fue más que un polvo. Fue una conexión de esas que te marcan, como un vinilo rayado que no quieres borrar.

Laura levanta la vista, ojos soñolientos y contentos. "Neta, esa pasión retro nos prendió chido. ¿Repetimos en la próxima fiesta?" Sonríes, acariciando su cabello revuelto.

"Cuando quieras, mi reina. Esto apenas empieza." La noche se funde en un afterglow tibio, con el zumbido de la ciudad afuera y el calor de sus cuerpos adentro, un cierre perfecto a una pasión que sabe a eternidad.

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