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Diario Una Pasión

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Diario Una Pasión

Querido diario esta noche no puedo dormir la cabeza me da vueltas como si estuviera en una calenda interminable. Todo empezó hace tres semanas en esa fiesta en Polanco donde la neta no quería ir pero mi carnala me arrastró. Ahí lo vi por primera vez a Diego ese wey alto moreno con ojos que te clavan como puñaladas de deseo. Vestía una camisa negra ajustada que marcaba sus pectorales y unos jeans que le quedaban pintados. El olor a su colonia mezclado con el humo de los cigarros y el tequila reposado flotaba en el aire cargado de risas y música de cumbia rebajada.

Me miró desde el otro lado de la barra y sentí un cosquilleo en el estómago como cuando comes chile relleno demasiado picante. ¿Qué pedo conmigo? pensé mientras sorbía mi michelada el hielo chocando contra el vaso con un tink tink que ahogaba el bullicio. Se acercó con una sonrisa pícara dijo que mi vestido rojo lo había dejado sin aliento. Neta wey sus palabras me erizaron la piel el roce accidental de su mano en mi brazo fue como electricidad pura. Hablamos toda la noche de todo y nada de tacos al pastor en la Condesa de cómo el DF te come vivo si no sabes bailar salsa. Al despedirnos me rozó la mejilla con los labios un beso casto pero prometedor que me dejó oliendo a él toda la madrugada.

Hoy soñé con él. Sus manos en mi cintura bajando despacio hasta mis caderas. Despierta empapada en sudor el cuarto oliendo a mi propia excitación.

La semana siguiente nos topamos en el gym de la colonia Roma sudando como marranos bajo las luces fluorescentes. Yo en leggings negros que se me pegan al trasero él en shorts que dejan ver sus muslos firmes. ¡Ay nanita! el espejo reflejaba su mirada fija en mí mientras hacía sentadillas. Terminamos en el jugo verde post-entreno charlando de lo carnal que es el cuerpo cuando se mueve al ritmo del deseo. Me invitó a cenar esa misma noche en un puesto de tlacoyos en Mixcoac el olor a comal caliente y cebolla asada nos envolvió mientras devorábamos con las manos. Sus dedos rozaban los míos accidentalmente o no y cada toque era fuego lento quemándome por dentro.

En la cena confesó que desde la fiesta no para de pensar en mí que mi risa lo pone duro como piedra. Le dije que era mutuo que su voz grave me hace mojar las bragas sin remedio. Reímos pero el aire se cargó de tensión el vapor de los tlacoyos subiendo como nuestras pulsaciones. Caminamos por las calles empedradas el viento fresco de la noche trayendo aromas de jazmín de los balcones. Frente a mi depa en la Roma me jaló hacia él sus labios capturando los míos en un beso que sabía a salsa verde y promesas. Su lengua exploró mi boca suave pero demandante el sabor salado de su sudor mezclándose con el mío. Lo invité a pasar pero dijo que quería tomarlo con calma hacer que valga la pena. Me dejó con las piernas temblando el corazón latiendo como tamborazo zacatecano.

Pasaron días de mensajes calientes whatsapp lleno de fotos sutiles de su torso mojado después de la ducha de mis pies en tacones que él pedía ver. Me traes loca pendejo le escribí una noche y respondió con una foto de su erección marcada bajo el bóxer. Esa imagen me tuvo masturbándome en la regadera el agua caliente cayendo sobre mi clítoris hinchado imaginando su verga dura empujando dentro de mí. El vapor empañaba el vidrio mis gemidos ahogados por el chorro del agua pero en mi mente oía su voz ronca susurrándome guarradas al oído.

Diario una pasión así no se controla. Cada noche lo anhelo como sequía al aguacero.

El viernes por fin explotó todo. Me recogió en su Tsuru negro reluciente estacionado frente a mi edificio. Vestía guapo con camisa blanca desabotonada lo justo para ver el vello oscuro en su pecho. Fuimos a un antro en la Zona Rosa la música electrónica retumbando en los pechos luces neón parpadeando sobre cuerpos sudorosos. Bailamos pegados su cadera contra mi culo sintiendo su verga tiesa rozándome a través de la tela delgada de mi falda. Sudábamos juntos el olor a piel caliente y perfume barato impregnando el aire sus manos en mi cintura apretando posesivas pero tiernas.

Salimos mareados de shots de tequila su brazo alrededor de mis hombros guiándome a su depa en la Narvarte un lugar chido con vista a la ciudad luces titilando como estrellas caídas. Apenas cerramos la puerta sus labios devoraron los míos el beso feroz dientes chocando lenguas enredadas. Lo empujé contra la pared mis uñas arañando su pecho desnudo el sabor de su piel salada como mariscos frescos. Te quiero ya jadeé mientras le bajaba el zipper liberando su verga gruesa venosa palpitante en mi mano. La apreté suave sintiendo su calor su pulso latiendo contra mi palma.

Diego me cargó hasta la cama sus brazos fuertes como troncos de ahuehuete el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Me quitó la blusa despacio besando cada centímetro de piel expuesta su aliento caliente en mis pezones que se endurecieron al instante. Lamio chupó mordisqueó hasta que arqueé la espalda gimiendo como perra en celo el sonido de mi placer mezclándose con su respiración agitada. Bajó por mi vientre lamiendo el ombligo luego mis muslos internos oliendo mi excitación húmeda empapando las bragas. Las arrancó con los dientes el roce áspero de su barba en mi monte de Venus enviando chispas de placer.

Su lengua en mi coño fue el paraíso plano ancho lamiendo desde el ano hasta el clítoris círculos lentos succiones que me hacían retorcer las sábanas entre los dedos. Saboreaba mis jugos gemía contra mi carne vibraciones que me volvían loca. Introdujo dos dedos gruesos curvándolos contra mi punto G bombeando rítmico mientras su boca no paraba. El cuarto olía a sexo puro almizcle femenino y masculino el sudor goteando de su frente a mi piel. Grité su nombre cuando el orgasmo me partió en dos olas de placer convulsionando piernas temblando visión nublada.

Pero no paró me volteó a cuatro patas sus manos abriendo mis nalgas admirando mi ano rosado y coño chorreante. Estás riquísima mi reina gruñó antes de empujar su verga de un solo golpe profundo llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardiente delicioso su glande besando mi cervix. Embestía fuerte cachetadas de sus bolas contra mi clítoris el slap slap slap resonando como aplausos obscenos. Agarraba mis tetas pellizcando pezones tirando de mi pelo suave dominante pero siempre preguntando ¿Te gusta así mi amor? y yo respondía Sí cabrón más duro empoderada en mi placer guiándolo con mis caderas.

Cambiamos posiciones yo encima cabalgándolo como amazona su verga desapareciendo en mi calor húmedo mis jugos lubricando cada roce. Lo montaba rebotando pechos saltando sus manos amasándolos ojos fijos en los míos conexión profunda más allá de la carne. Sudor resbalando por mi espalda su olor masculino envolviéndome como niebla. Sentí su orgasmo venir sus gemidos roncos Me vengo mi vida y apreté mi coño alrededor de él ordeñándolo mientras yo explotaba de nuevo estrellas detrás de los párpados gusto a su beso en mi lengua.

Se corrió dentro caliente chorros llenándome hasta rebosar el exceso goteando por mis muslos. Colapsamos jadeantes cuerpos enredados piel contra piel latidos sincronizados. Me acurruqué en su pecho escuchando su corazón calmarse el aroma a sexo y sábanas frescas calmando el frenesí. Besó mi frente suave Eres mi pasión Ana y yo supe que esto era real profundo.

Diario una pasión que nació en la noche mexicana y que arderá por siempre. Mañana más pero esta noche duermo en sus brazos.

Despertamos con el sol filtrándose por las cortinas el tráfico de la Narvarte zumbando abajo como un río vivo. Preparamos desayuno juntos huevos revueltos con chorizo el humo picante llenando la cocina risas compartidas sobre la noche loca. Sus manos no paraban de tocarme caricias inocentes que prometían rondas dos tres y más. Salimos a caminar por el parque España manos entrelazadas el viento trayendo olor a tierra húmeda y flores de bugambilia. Hablamos de futuro de viajes a la playa en Oaxaca de noches como esta eternas.

Ahora aquí en mi diario escribo con el cuerpo aún sensible moretones deliciosos en caderas marcas de sus dientes en el cuello. Diario una pasión así de intensa de viva que me hace sentir mujer plena dueña de mi fuego. Diego no es solo un polvo es el wey que despierta mi alma y mi coño con la misma fuerza. Vendrá esta noche y sé que el ciclo reinará deseo tensión explosión afterglow infinito. La vida en el DF nunca fue tan chingona.

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