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Pasión Capítulo 75 Fuego en la Piel

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Pasión Capítulo 75 Fuego en la Piel

La brisa del mar de Cancún me rozaba la piel como una caricia prohibida mientras esperaba en la terraza del hotel. El sol se ponía tiñendo el cielo de naranjas y rosas, y el olor salado del océano se mezclaba con el aroma dulce de las flores tropicales del jardín. Yo, Ana, de veintiocho años, con mi vestido ligero ceñido al cuerpo que dejaba poco a la imaginación, sentía el corazón latiéndome con fuerza. Hacía semanas que no veía a Diego, mi amante secreto, ese macho de treinta y dos que me volvía loca con solo una mirada. Nuestra historia era puro fuego, capítulos de pasión que escribíamos en las sombras, siempre consensuados, siempre intensos. Este sería pasión capítulo 75, lo sabía porque él me lo había prometido en su último mensaje: "Hoy ardemos, carnal".

Me recargué en la barandilla, sintiendo la madera cálida bajo mis palmas sudorosas. El sonido de las olas rompiendo en la playa era como un tambor lejano, acelerando mi pulso. ¿Y si llega y me come con los ojos como siempre? Neta, no aguanto más esta espera. Mi panocha ya palpita solo de pensarlo. Bajé la mano disimuladamente, rozando mi entrepierna por encima de la tela fina. Estaba húmeda, lista para él. De repente, oí pasos firmes detrás de mí. Su colonia varonil, esa mezcla de sándalo y cítricos, invadió el aire antes que su voz.

Mamacita, ¿me extrañaste? —susurró Diego a mi oído, su aliento caliente erizándome la piel.

Me giré despacio, y ahí estaba: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que prometía pecados. Sus ojos cafés me devoraban, bajando por mi escote hasta mis caderas. Lo abracé fuerte, sintiendo su pecho duro contra mis tetas, su verga ya semierecta presionando mi vientre. Olía a hombre, a sudor fresco y deseo puro.

—Más que nada, wey. Ven, entremos antes de que alguien nos vea —le dije, jalándolo hacia la suite.

La habitación era un paraíso de lujo: cama king size con sábanas de seda blanca, velas encendidas que parpadeaban sombras sensuales en las paredes, y una botella de tequila reposado en la mesita. Cerré la puerta con llave, y el clic resonó como el inicio de nuestra entrega. Diego me acorraló contra la pared, sus manos grandes explorando mi cuerpo con urgencia contenida.

—Quiero saborearte despacio, Ana. Este capítulo 75 de pasión va a ser inolvidable —murmuró, besándome el cuello. Su lengua trazó un camino húmedo hasta mi clavícula, y gemí bajito, arqueándome contra él. Sentía su barba incipiente raspando mi piel sensible, enviando chispas directas a mi clítoris.

¡Qué chingón se siente! Cada roce es como electricidad. No pares, pinche Diego, hazme tuya ya.

Me quitó el vestido de un tirón, dejándome en tanga negra y tacones. Sus ojos se oscurecieron de lujuria al ver mis pechos libres, los pezones duros como piedras.

Qué tetas tan ricas, pendejo mío. Chúpalas —le ordené juguetona, empoderada en mi desnudez.

Se arrodilló obediente, succionando un pezón con hambre, mientras su mano se colaba en mi tanga. Sus dedos gruesos encontraron mi humedad, deslizándose entre mis labios hinchados. Olía a sexo, a mi excitación almizclada mezclada con su sudor. Gemí fuerte cuando metió dos dedos adentro, curvándolos justo en ese punto que me volvía loca.

—Estás chorreando, putita mía. ¿Todo por mí? —preguntó con voz ronca, mirándome a los ojos.

—Simón, cabrón. Solo por ti —jadeé, enredando mis dedos en su pelo negro.

Lo empujé hacia la cama, donde caímos enredados. Le arranqué la camisa, besando su torso definido, lamiendo el salado de su piel. Bajé al cinturón, liberando su verga gruesa y venosa que saltó erecta, goteando precum. La olí, embriagada por su aroma masculino, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su sabor salado y ligeramente dulce.

Chúpamela toda, Ana. Muéstrame cuánto la quieres —gruñó él, agarrándome la cabeza con gentileza.

La engullí profunda, sintiendo cómo me llenaba la boca, pulsando contra mi lengua. Él gemía ronco, sus caderas moviéndose despacio, respetando mi ritmo. El sonido húmedo de mi succión llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos y el lejano rumor del mar. Me empoderaba tenerlo así, vulnerable por mi boca experta.

Esto es pasión pura, capítulo 75 de nuestro fuego. Cada mamada es una página nueva, cada gemido un verso ardiente.

Pero quería más. Me subí encima de él, frotando mi panocha empapada contra su verga dura. Sentía el calor de su piel contra la mía, nuestros jugos mezclándose en un lubricante natural. Él me miró con ojos de fuego.

—Córrete encima, reina. Esta noche mandas tú —dijo, cediéndome el control.

Me hundí en él despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo estirándome deliciosamente. Estaba tan llena, tan completa. Empecé a cabalgarlo lento, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. El slap slap de mi culo contra sus muslos era hipnótico, su verga golpeando profundo. Sudábamos juntos, el olor a sexo intensificándose, pieles resbalosas chocando.

¡Más rápido, Ana! ¡Dame todo! —suplicó, pellizcando mis pezones.

Aceleré, mis tetas rebotando, el placer acumulándose en mi vientre como una tormenta. Él se incorporó, chupando mi cuello mientras me embestía desde abajo, sus manos en mi culazo guiándome. Sentía su pulso acelerado contra mi pecho, su aliento entrecortado en mi oreja.

No mames, voy a explotar. Este clímax va a ser épico, como el final perfecto de nuestro capítulo.

La tensión creció, mis músculos contrayéndose alrededor de su verga. Grité su nombre cuando el orgasmo me golpeó, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, mi panocha ordeñándolo. Él rugió segundos después, llenándome con chorros calientes de su leche, su cuerpo temblando bajo el mío.

Colapsamos juntos, jadeantes, envueltos en el afterglow. Su semen se escurría entre mis muslos, cálido y pegajoso, mientras él me besaba suave, trazando círculos en mi espalda.

Te amo, Ana. Este pasión capítulo 75 fue chingón —susurró, con voz satisfecha.

Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón calmarse al ritmo del mar. El aire olía a nosotros, a entrega total. Esto no es solo sexo, es conexión. Mañana vendrá el 76, pero por ahora, saboreo esta paz ardiente. Fuera, la noche mexicana nos envolvía, prometiendo más fuegos por venir.

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