Diario de una Pasión con Noah el Actor
Querido diario, hoy es uno de esos días en que el calor de la Ciudad de México me tiene sudando como si estuviera en un sauna. Me senté en mi balcón con vista al skyline de Polanco, sorbiendo un café helado que sabe a vainilla y canela, mientras el sol besa mi piel morena. Tengo veintiocho años, trabajo en una galería de arte en la Roma, y neta, mi vida es chida, pero me falta esa chispa, esa pasión que me quema por dentro. Todo empezó hace semanas cuando volví a ver Diario de una pasión, esa película que me hace suspirar. Noah, el actor ese gringo con ojos azules que te atraviesan el alma, Dios mío, qué hombre. Cada escena en la lluvia me moja más que el agua misma. Imagino sus manos fuertes en mi cintura, su aliento caliente en mi cuello. ¿Por qué no tengo un Noah en mi vida?
La noche cayó como un manto negro salpicado de luces neón. Salí con mis amigas a un bar en Condesa, uno de esos lugares con música lounge y cocteles que pican en la lengua como chile en nogada. Vestía un vestido rojo ceñido que acentúa mis curvas, mis chichis firmes y mi culo redondo que siempre llama la atención. Reíamos de pendejadas, bailando al ritmo de reggaetón suave, cuando lo vi. Alto, hombros anchos, cabello oscuro revuelto y una sonrisa que prometía pecados. Se acercó a pedir un trago, y cuando giró, ¡neta! Sus ojos eran como los de Noah, el de la peli. "Hola, guapa", dijo con acento neutro, pero algo en su voz ronca me erizó la piel.
—Noah, me dijo que se llamaba. ¿Coincidencia? Le conté de la película, de cómo Noah en Diario de una pasión me tenía loca. Se rio, una carcajada profunda que vibró en mi pecho. "Soy actor, ¿sabes? He hecho comerciales y unas series en Netflix". Mi corazón latió como tambor en fiesta. Charlamos horas, sus manos rozando las mías al pasar el vaso, olor a su colonia amaderada mezclada con sudor fresco. Sentí un cosquilleo entre las piernas, esa humedad traicionera que me delata. Al despedirnos, me besó la mejilla, su barba incipiente raspando delicioso. "Mañana te invito a cenar", susurró. No pude dormir, diario, tocándome bajo las sábanas imaginando su verga dura contra mí.
Querido diario, ¿será él mi Noah real? El actor de mis sueños. Quiero que me folle como en la lluvia, sin piedad.
Acto siguiente, la cena en un restaurante en Polanco con terraza y velas que parpadean como estrellas. Noah llegó en camisa blanca desabotonada, dejando ver su pecho tatuado con un lobo, qué chulo. Pidió tacos de arrachera y tequilas reposados que quemaban la garganta como fuego lento. Hablamos de todo: de mi amor por el arte mexicano, de sus rodajes en playas de Quintana Roo, de cómo la pasión en la pantalla es solo el comienzo. Sus ojos me devoraban, bajando a mis labios, a mi escote donde mis pezones se marcaban duros bajo la blusa de seda.
Después, caminamos por las calles empedradas, el aire nocturno fresco oliendo a jazmín y escape de coches. Me tomó de la mano, sus dedos entrelazados con los míos, cálidos y firmes. "Eres como Allie, pero con más fuego mexicano", dijo, parando bajo un farol. Me besó entonces, lento al principio, labios suaves probando los míos como tequila dulce. Luego profundo, lengua invadiendo mi boca, saboreando mi saliva con gemidos bajos. Mis manos en su nuca, tirando de su pelo, su erección presionando mi vientre plano. Olía a hombre excitado, almizcle puro. Me separé jadeando: "No seas pendejo, llévame a tu casa".
Su departamento en Lomas era puro lujo: ventanales con vista a Chapultepec, cama king size con sábanas de algodón egipcio. Nos desnudamos con urgencia, pero él frenó, besando mi cuello, lamiendo el sudor salado de mi clavícula. "Te quiero saborear despacio", murmuró. Cayó de rodillas, manos en mis muslos, abriéndolos. Su aliento caliente en mi concha ya empapada, oliendo a deseo femenino. Lamidas lentas, lengua plana recorriendo mis labios hinchados, chupando mi clítoris como caramelo. Gemí fuerte, "¡Ay, cabrón, qué rico!", mis caderas moviéndose solas, jugos corriendo por sus barbillas. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras succionaba. El sonido chapoteante, mis jadeos, el slap de su boca... exploté en su cara, temblores sacudiendo mi cuerpo, grito ahogado en almohada.
Diario, nunca sentí tanto. Noah el actor me está volviendo loca de pasión.
Pero él no paró. Me levantó como pluma, piernas alrededor de su cintura, y me penetró de pie contra la pared. Su verga enorme, venosa, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. "Estás tan apretada, morra", gruñó, embistiendo fuerte, piel contra piel resonando como aplausos. Sudor goteando, mezclándose, olor a sexo crudo invadiendo la habitación. Cambiamos a la cama, yo encima, cabalgándolo como jinete en rodeo. Sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones, yo clavando uñas en su pecho. "Más duro, wey, rómpeme", le supliqué. Ritmo frenético, mis paredes contrayéndose alrededor de su pija palpitante, sus bolas golpeando mi culo. Él debajo, empujando arriba, gruñendo mi nombre.
La tensión crecía, mis músculos tensos, respiración entrecortada. Sentía cada vena de su verga frotando mis adentros, su pubis raspando mi clítoris. "Voy a venirme, Noah", avisé, y él aceleró, manos en mis caderas guiándome. El orgasmo me golpeó como ola en Acapulco, visión borrosa, cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando sus huevos. Él rugió, llenándome de leche espesa, caliente, pulsos interminables. Colapsamos, pegados, pieles resbalosas, corazones galopando al unísono. Su semen goteando de mí, olor almizclado flotando.
Despertamos enredados, sol filtrándose por cortinas. Noah me besó la frente, "Eres mi pasión ahora". Desayunamos chilaquiles con huevo y salsa verde picosa, riendo de la noche. Caminamos por el parque, manos unidas, planeando más. Pero sé que esto es solo el principio, diario. Noah, el actor de mi diario de una pasión, me ha despertado algo salvaje, empoderador. Ya no fantaseo con la pantalla; lo tengo en carne y hueso, listo para más rondas.
Ahora, mientras escribo, siento su aroma en mi piel, el leve dolor placentero entre piernas. La vida en México es pasión pura, y con él, es fuego eterno. ¿Qué vendrá después? Solo el tiempo lo dirá, pero neta, estoy lista para todo.