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Diarios de una Pasion en Ingles

7580 palabras

Diarios de una Pasion en Ingles

Estaba sentada en mi cafecito favorito de la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las ventanas y el aroma del café de olla mezclándose con el dulzor de los churros recién hechos. Mi libreta abierta frente a mí, pluma en mano, decidí que era hora de empezar mis Diarios de una Pasion en Ingles. Neta, ¿por qué en inglés? Porque sentía que así sonaba más secreto, más mío, como si estuviera escribiendo para un mundo paralelo donde mis deseos no tuvieran freno. Pero hoy, el destino me trajo a él.

Today I saw him for the first time. Diego. Tall, with that mischievous smile that makes my stomach flip. His eyes, dark like the night in Coyoacán, scanned the room and landed on me. I pretended to write, but my heart was racing. What if he talks to me? God, I want him to.

Lo vi entrar, güey, con esa camisa ajustada que marcaba sus hombros anchos y unos jeans que le quedaban como pintados. Pidió un americano y se sentó dos mesas adelante. Sentí su mirada como una caricia invisible, caliente, recorriéndome la piel de los brazos. Me mordí el labio, pensando en lo chido que sería si se acercara. Y se acercó. Órale, pensé, mientras él decía:

"¿Te molesta si me siento aquí? La libreta esa parece interesante."

Su voz era grave, ronca, como el rugido lejano de un volcán. Olía a colonia fresca con un toque de tabaco, y su aliento cálido rozó mi oreja cuando se inclinó. Le sonreí, juguetona: "Es mi diario secreto. ¿Quieres saber qué dice?"

Ahí empezó todo. Charlamos horas, de arte callejero en Roma, de tacos al pastor en la noche, de cómo la vida en la ciudad te acelera el pulso. Diego era artista, pintaba murales que te dejaban sin aliento, y yo, diseñadora gráfica, sentía que encajábamos como piezas de rompecabezas. Al despedirnos, su mano rozó la mía, un toque eléctrico que me erizó la piel. Esa noche, en mi depa de Polanco, no pude dormir. Mis dedos jugaban solos bajo las sábanas, imaginando sus labios en mi cuello.

Al día siguiente, me invitó a su taller en San Ángel. Caminamos por calles empedradas, el sol calentando el aire cargado de jazmines y el humo de los puestos de elotes. Su taller era un caos hermoso: lienzos a medio pintar, manchas de óleo en el piso, el olor penetrante de la trementina mezclándose con su sudor fresco. Me mostró un mural en proceso, una mujer desnuda envuelta en llamas de pasión.

His hands on my waist as he explained the strokes. I felt the heat of his body against mine. My nipples hardened under my blouse, aching for his touch. I want him to paint me like that, naked and wild.

"¿Y si me pintas a mí?", le dije coqueta, sintiendo el cosquilleo en el vientre. Él rio, un sonido profundo que vibró en mi pecho, y me jaló suave hacia él. Nuestros cuerpos se pegaron, su erección presionando contra mi muslo. Qué rico, pensé, mientras su boca bajaba a mi cuello, lamiendo la sal de mi piel. Gemí bajito, mis manos enredándose en su pelo oscuro y revuelto.

Pero nos detuvimos. "No aquí, nena. Quiero hacerlo bien", murmuró, su aliento caliente en mi oreja. Esa contención me volvió loca, el deseo ardiendo como chile en la sangre. Pasamos la tarde besándonos lento, explorando bocas con lenguas ansiosas, saboreando el café en sus labios y el mío en los suyos. Sus dedos trazaban círculos en mi espalda baja, bajando hasta rozar mis nalgas, apretándolas firme. Yo arqueaba la espalda, presionándome contra él, sintiendo su dureza palpitar.

Los días siguientes fueron un torbellino. Cenas en rooftops con vista al skyline de la CDMX, luces parpadeando como estrellas caídas. Bailes en cantinas de Mixcoac, cuerpos sudados pegándose al ritmo del son jarocho. Cada roce era fuego: su mano en mi muslo bajo la mesa, subiendo despacio hasta el borde de mi falda, mis uñas clavándose en su brazo cuando sus dedos rozaban mi humedad a través de la tela. Pendejo, le susurraba juguetona, "me tienes al borde". Él sonreía, ojos brillantes: "Aguanta, mi reina, que va a valer la pena".

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Internamente, luchaba: ¿y si solo es juego? ¿Y si me rompe el corazón? Pero su mirada, tan sincera, tan hambrienta, me decía que esto era real. Una noche, en mi depa, con velas de vainilla iluminando la habitación y el sonido lejano de la ciudad bullendo abajo, lo invité a quedarse.

Tonight is the night. My body screams for him. I can smell my own arousal, wet and ready. His cock will fill me, stretch me, make me come undone.

Nos desnudamos lento, saboreando cada centímetro revelado. Su piel morena brillaba bajo la luz tenue, músculos tensos bajo mis palmas. Lamí su pecho, saboreando el salado de su sudor, bajando hasta su abdomen marcado. Él jadeaba, "Cariño, qué chingón se siente". Tomé su verga en mi mano, dura como piedra, venosa, palpitante. La acaricié despacio, sintiendo el calor irradiar, el precum perlado en la punta que lamí con deleite, salado y almizclado.

Diego me levantó en brazos, fuerte, depositándome en la cama. Sus labios devoraron mis senos, chupando pezones endurecidos hasta que grité de placer, arcos de electricidad bajando directo a mi clítoris hinchado. Sus dedos separaron mis labios húmedos, explorando mi entrada resbaladiza. "Estás chorreando, mi amor", gruñó, metiendo dos dedos adentro, curvándolos contra mi punto G. Gemí fuerte, caderas moviéndose solas, el sonido chapoteante de mi excitación llenando la habitación.

"Te quiero adentro, ya", supliqué, voz ronca. Él se posicionó, la cabeza gruesa presionando mi abertura. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulso, hasta que me llenó por completo. Nuestros gemidos se fundieron, piel contra piel sudorosa, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Empezó a moverse, lento al principio, profundo, saliendo casi todo para embestir de nuevo. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras sus bolas chocaban contra mi culo.

Aceleró, salvaje, mis uñas arañando su espalda, dejando marcas rojas. "¡Más fuerte, cabrón!", grité, perdida en el placer. Él obedeció, martillando sin piedad, mi clítoris frotándose contra su pubis. El orgasmo me golpeó como ola en Acapulco, cuerpo convulsionando, chorros de placer escapando mientras gritaba su nombre. Él siguió, gruñendo, hasta que se tensó, corriéndose dentro de mí con chorros calientes que me hicieron estremecer de nuevo.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, pulsos latiendo al unísono. Su semen goteaba entre mis muslos, cálido, pegajoso. Me besó suave, "Eres increíble, Ana". Yo sonreí, el afterglow envolviéndonos como niebla suave.

Afterglow. His seed inside me, marking me as his. This passion is real, deep. My Diaries of a Passion in English will keep growing. More pages to fill with our fire.

Desde esa noche, nuestra pasión no se apagó. Paseos por Chapultepec, sexo en la regadera con agua caliente cascando sobre nosotros, noches de exploración mutua donde probamos posiciones que nos dejaban temblando. Internamente, encontré paz: esto no era solo carnal, era conexión, empoderamiento en cada caricia compartida. Diego me hacía sentir reina, deseada, viva.

Y así, mis Diarios de una Pasion en Ingles siguen abiertos, testigos de esta llama que arde en mí, en nosotros, en la eterna danza de la Ciudad de México.

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