La Pasion Segun San Mateo Bach Pdf Desnuda
Estaba en mi depa en la Condesa, con el ventilador zumbando bajito contra el calor de la tarde mexicana, cuando Mateo me mandó el link por Whats. "Órale, nena, checa esta joya: la Pasión según San Mateo de Bach en PDF. Te va a volar la cabeza", decía el mensaje. Mateo, mi carnal del alma, el güey que me traía loca con esos ojos cafés profundos y esa sonrisa pícara que prometía pecados sin culpa. Tenía veintiocho como yo, profesor de música en una uni chida de la Roma, y siempre andaba compartiendo tesoros clásicos que nadie más pescaba.
Descargué el archivo rapidito, el corazón latiéndome un poquito más fuerte de la emoción. Abrí el PDF en mi laptop, y ahí estaba: páginas y páginas de partituras intrincadas, coros que hablaban de traición, sufrimiento y redención, todo en negro sobre blanco, con las voces de Bach resonando en mi mente aunque no hubiera audio. ¿Por qué me ponía así de nerviosa un archivo digital? Pensé, mientras el aroma del café recién molido del Mercado de Medellín se colaba por la ventana abierta.
Le contesté: "Ven pa'cá, Mateo. Quiero que me expliques cada nota mientras la lees en voz alta". No pasó ni media hora y ahí estaba tocando el timbre, con una botella de mezcal artesanal en la mano y esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales. Lo jalé adentro, el roce de su mano en mi cintura enviando chispas por mi piel morena. Nos sentamos en el sillón de terciopelo verde, la laptop entre nosotros, el PDF abierto en la pantalla grande.
Este güey me calienta con solo mirarme. ¿Será que la Pasión según San Mateo de Bach nos va a llevar a nuestra propia pasión?
Empezó a leer, su voz grave y ronca recitando los coros en alemán antiguo, traduciéndolos al español mexicano con un toque juguetón. "Mira, aquí Judas traiciona a Jesús con un beso. ¿Te imaginas un beso así de prohibido?", murmuró, acercando su rostro al mío. El aire se cargó de electricidad, el zumbido del ventilador ahora parecía un susurro conspirador. Olía a su colonia cítrica mezclada con el sudor fresco de la calle, y mis pezones se endurecieron bajo la blusa ligera de algodón.
La tensión crecía como un crescendo en la sinfonía. Pasamos las páginas del PDF, sus dedos rozando los míos accidentalmente al hacer zoom en las partituras. Cada nota que describía era como una caricia invisible: los violines agudos como uñas en la espalda, los bajos profundos como embestidas lentas. "Siente esto, Ana. La Pasión según San Mateo es puro fuego contenido", dijo, y su mano se posó en mi muslo desnudo, subiendo despacito por debajo de mi falda plisada.
Mi aliento se aceleró, el pulso retumbando en mis oídos más fuerte que cualquier tambor barroco. Lo miré a los ojos, esos pozos de deseo puro. "Muéstrame cómo, Mateo. Haz que esta partitura cobre vida en mi cuerpo". Nos besamos entonces, un beso que empezó tierno como un aria solista y explotó en hambre devoradora. Sus labios sabían a mezcal ahumado y a promesas rotas, su lengua explorando mi boca con la precisión de un maestro concertino.
Acto primero del nuestra pasión: lo desvestí lento, desabotonando su camisa mientras él gemía bajito contra mi cuello. Su piel tibia, salada al gusto cuando lamí su clavícula, oliendo a hombre maduro y sol de primavera. Me recostó en el sillón, abriendo el PDF en una página de coros furiosos, y reprodujo la música desde su cel –el aria de la traición llenando la habitación con lamentos celestiales–. Sus manos masajearon mis senos por encima de la blusa, pellizcando suave hasta que arqueé la espalda, un jadeo escapando mis labios. Qué chido se siente esto, como si Bach mismo dirigiera mis nervios.
La música subía de volumen, y con ella nuestra intensidad. Me quitó la falda, besando el interior de mis muslos, el calor de su aliento haciendo que mi panocha palpitara ansiosa. "Estás mojada ya, nena. Esta Pasión según San Mateo Bach PDF te prendió el fuego", gruñó, lamiendo despacio mi clítoris hinchado. El sabor de mi propia excitación en su lengua cuando me besó después, mezclado con el suyo, me volvió loca. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, venosa, palpitante en mi palma. La acaricie suave, sintiendo cada vena como una línea de la partitura, el precum salado en mi lengua cuando la probé.
No aguanto más. Quiero que me folle como si fuéramos los protagonistas de esta obra maestra.
Escalada imparable en el medio acto. Me cargó a la cama king size, la sábana de algodón egipcio fresca contra mi espalda desnuda. El PDF proyectado en la pared desde la laptop, iluminando nuestras sombras danzantes con las notas musicales. Mateo se hundió en mí lento, centímetro a centímetro, su grosor estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, cabrón, qué rico!", grité, clavando uñas en sus hombros anchos. Embestía al ritmo de la música –lento en los recitativos, furioso en los coros–, el slap de piel contra piel compitiendo con los violines. Sudor perlando su pecho, goteando en mis tetas, el olor almizclado de nuestro sexo impregnando el cuarto como incienso pagano.
Mis caderas se movían solas, apretándolo dentro, mis paredes contrayéndose en espasmos previos al clímax. "Más fuerte, Mateo, hazme tuya según tu pasión", le rogué, mordiendo su oreja. Él aceleró, gruñendo palabras sucias: "Tu concha me aprieta como un virgen, güey. Ven pa'mí". El orgasmo me golpeó como un final de movimiento, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, piernas temblando, visión borrosa con estrellas mientras gritaba su nombre. Él se corrió segundos después, caliente dentro de mí, pulsando profundo, su rostro contorsionado en éxtasis puro.
En el afterglow del tercer acto, nos quedamos enredados, la música apagándose suave en loop infinito. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse, el PDF olvidado en la pantalla pero grabado en nuestra piel. Besé su frente húmeda, oliendo a sexo y a nosotros. "Esa Pasión según San Mateo Bach PDF fue solo el comienzo, amor. Ahora compongamos la nuestra", susurré. Él rio bajito, su mano trazando círculos perezosos en mi vientre. Afuera, la ciudad bullía con cláxones y risas, pero aquí dentro, solo paz y promesas de más noches así –consensuales, ardientes, eternas.
Nos dormimos así, envueltos en sábanas revueltas, el eco de Bach susurrando en sueños pecaminosos.