Pasion Prohibida Capitulo 32 Parte 2
Laura sentía el corazón latiéndole como tambor en el pecho mientras subía en el ascensor del hotel en Polanco. El aire olía a limpio, a sábanas frescas y a ese perfume caro que siempre usaba él. Habían pasado semanas desde su último encuentro, semanas en las que el deseo la había carcomido por dentro, como un fuego lento que no se apagaba. Su marido, ese pendejo workahólico, ni se enteraba de nada, perdido en sus juntas eternas. Pero Alejandro, el mejor amigo de su esposo, ay, ese cabrón sí que sabía cómo hacerla sentir viva.
La puerta de la suite se abrió con un clic suave, y ahí estaba él, recargado en el marco, con esa sonrisa pícara que le derretía las rodillas. Vestía una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, dejando ver el vello oscuro que tanto le gustaba acariciar. Ven acá, mi reina
, murmuró con voz ronca, extendiendo la mano. Ella se lanzó a sus brazos sin pensarlo dos veces, inhalando su aroma a tabaco y colonia masculina, ese olor que la ponía caliente al instante.
Sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas enredándose como si quisieran devorarse. Las manos de Alejandro bajaron por su espalda, apretando su culo con fuerza posesiva. Qué chingón se siente esto, pensó Laura mientras gemía bajito, sintiendo cómo su verga ya dura se presionaba contra su vientre. Te extrañé tanto, pinche loca
, le susurró al oído, mordisqueándole el lóbulo. Ella rio suave, juguetona. Yo más, wey. No aguanto sin ti
.
La habitación era un paraíso de lujo: cama king size con sábanas de seda negra, luces tenues que bailaban en las paredes, y una botella de tequila reposado esperándolos en la mesita. Pero nada de eso importaba ahora. Alejandro la cargó como si no pesara nada, depositándola en la cama con delicadeza. Sus ojos oscuros la devoraban, recorriendo sus curvas bajo el vestido rojo ceñido que había elegido para provocarlo. Quítatelo todo, déjame verte
, ordenó con esa voz que no admitía réplicas, pero llena de ternura.
Laura se incorporó despacio, contoneando las caderas mientras se desvestía. Primero el vestido, que cayó al suelo con un susurro, revelando lencería de encaje negro que apenas cubría sus pechos turgentes y su panocha depilada. Él soltó un silbido bajo. Estás cañona, mamacita. Ese culazo me tiene loco
. Ella se sonrojó, pero el halago la encendió más. Se quitó el brasier, dejando que sus tetas saltaran libres, pezones ya duros como piedritas. Luego las tangas, mojadas de anticipación, el aroma almizclado de su excitación flotando en el aire.
Alejandro se desvistió rápido, su cuerpo atlético brillando bajo la luz: músculos definidos del gym, verga gruesa y venosa erguida como un mástil, goteando precum. Laura se lamió los labios, el sabor salado aún en su memoria. No puedo creer que esto sea real, que sea mío aunque sea por unas horas. Se acercó gateando sobre la cama, tomándolo en la mano, sintiendo el calor pulsante de su piel. Dame, déjame saborearte
, pidió con voz jadeante.
Él se recostó, dejándola hacer. Ella lo envolvió con la boca, lengua girando alrededor del glande, chupando con avidez mientras sus bolas le rozaban la barbilla. El sabor era puro sexo: salado, masculino, adictivo. Alejandro gruñó, enredando los dedos en su cabello oscuro. Así, mi amor, chúpala rica. Eres la mejor pinche chupadora
. Ella aceleró, mano bombeando la base, garganta relajándose para tomarlo más profundo. Los gemidos de él llenaban la habitación, un sonido gutural que vibraba en su clítoris hinchado.
Pero Alejandro no era de los que se dejaba dominar mucho tiempo. La jaló hacia arriba, volteándola boca abajo con facilidad. Ahora te toca a ti, güey
. Su boca descendió por su espalda, besos húmedos que erizaban la piel, hasta llegar a sus nalgas. Las separó con manos firmes, lengua lamiendo su ano primero, provocándola, antes de hundirse en su coño empapado. Laura gritó de placer, sabanas apretadas en puños. Su lengua es mágica, me lame como si fuera un postre. Él succionaba su clítoris, dos dedos curvados dentro frotando ese punto que la volvía loca, jugos chorreando por sus muslos.
El calor subía, el sudor perlaba sus cuerpos, el aire cargado de olor a sexo y tequila. No aguanto más, métemela ya
, suplicó ella, volteándose para mirarlo a los ojos. Alejandro sonrió lobuno, colocándose entre sus piernas. La punta de su verga rozó su entrada, untándose en miel, antes de empujar lento, centímetro a centímetro. Laura jadeó, sintiendo cómo la llenaba, estirándola deliciosamente. Estás tan apretadita, pinche delicia
, gruñó él, comenzando a bombear.
El ritmo empezó suave, caderas chocando con palmadas suaves, piel contra piel resbalosa. Sus tetas rebotaban con cada embestida, pezones rozando su pecho velludo. Ella clavó uñas en su espalda, piernas enroscadas en su cintura. Esto es el paraíso prohibido, neta que vale la pena el riesgo. Aceleraron, la cama crujiendo, gemidos mezclándose en un coro obsceno. Él la besó con furia, mordiendo labios, lenguas batallando mientras la verga la taladraba profundo.
Cámbiame de posición, papi
, pidió Laura, voz entrecortada. Alejandro la puso a cuatro patas, admirando su culo redondo antes de penetrarla de nuevo, más duro. Sus bolas golpeaban su clítoris con cada estocada, manos apretando caderas. Toma, toma toda mi verga, zorrita mía
. Ella empujaba hacia atrás, follándolo tanto como él a ella. El placer crecía como ola, vientre contrayéndose, visión nublándose. Me vengo, ay Dios, me vengo
, chilló, orgasmo explotando en espasmos que ordeñaban su polla.
Él no paró, prolongando su éxtasis con embestidas feroces hasta que rugió, llenándola de semen caliente, chorros que la bañaban por dentro. Colapsaron juntos, cuerpos temblando, respiraciones agitadas. El olor a corrida y sudor impregnaba todo, delicioso recordatorio de su unión.
Después, enredados en las sábanas, Alejandro le acariciaba el cabello, besos suaves en la frente. Esto no puede acabar, Laura. Eres mi todo
. Ella suspiró, dedo trazando círculos en su pecho. Sé que es prohibido, que duele el secreto, pero qué chido se siente este amor. No acabará, mi rey. Seguiremos así, robándonos momentos
.
Se quedaron así un rato, bebiendo tequila a sorbos, riendo de tonterías, cuerpos aún calientes. Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban indiferentes a su pasion prohibida. Capitulo 32 parte 2 de esta historia que no terminaba, llena de fuego y promesas susurradas en la noche.