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Pasión Acelerada en Pasion Motors Polanco

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Pasión Acelerada en Pasion Motors Polanco

Entraste a Pasion Motors Polanco con el sol de la tarde bañando los cristales polarizados del showroom. El aire acondicionado te golpeó como una caricia fresca, cargado con ese olor inconfundible a cuero nuevo y cera para autos de lujo. Polanco bullía afuera con su elegancia eterna, pero adentro, todo era tentación sobre ruedas: Ferraris rojos como labios hinchados, Lamborghinis negros listos para devorar la noche. Tú venías por un Porsche 911, algo que acelerara tu pulso tanto como tu vida.

Él apareció de la nada, como si el destino lo hubiera esculpido para ese momento. Alto, con hombros anchos bajo una camisa blanca impecable que se ajustaba a su pecho marcado. Cabello oscuro peinado hacia atrás, ojos café que te clavaron en el sitio, y una sonrisa de medio lado que gritaba travesuras. "Buenas tardes, preciosa. Soy Marco, tu guía en este paraíso de velocidades. ¿Qué te trae por Pasion Motors Polanco? ¿Un paseo que te haga olvidar el mundo?" Su voz era grave, ronca, como el ronroneo de un motor V8 al arrancar.

Te recorrió con la mirada sin disimulo, deteniéndose en tus curvas ceñidas por un vestido negro ajustado que dejaba poco a la imaginación. Sentiste un cosquilleo en la piel, el calor subiendo por tu cuello.

Órale, este wey es puro fuego. Neta que me va a vender más que un carro.
Le devolviste la sonrisa, juguetona. "Busco algo potente, Marco. Que me haga sentir viva, ¿sabes? Algo que vibre hasta los huesos."

Te llevó al Porsche, un bicho plateado reluciente bajo las luces LED. Sus dedos rozaron tu espalda al abrir la puerta del piloto, un toque eléctrico que te erizó la nuca. "Siéntete como reina. Este bebé tiene 500 caballos, pero la verdadera potencia está en cómo responde a tus comandos." Te deslizaste en el asiento, el cuero tibio abrazando tus muslos desnudos. Olía a lujo puro, a aventura prohibida. Marco se acomodó a tu lado, su pierna rozando la tuya "sin querer". El motor rugió al encenderse, vibraciones subiendo por tu entrepierna como una promesa sucia.

Salieron a la avenida Paseo de la Reforma, el tráfico de Polanco partiéndose ante ustedes. Aceleraste, el empuje te pegó al respaldo, viento azotando tu cabello por la ventanilla entreabierta. Marco te observaba, su mano en la palanca de cambios tan cerca de tu rodilla que sentías su calor. "¡Qué chingón te ves manejando, mamacita! Esa adrenalina te pone la piel arrepiada, ¿verdad?" Su aliento olía a menta y deseo, y cuando viraste en una curva, su muslo presionó contra el tuyo, firme, musculoso.

Pinche calor. Este wey me está mojando sin tocarme. ¿Y si le digo que pare el carro y lo monto aquí mismo?
Frenaste en un semáforo, pulsos latiendo al ritmo del motor. Él se inclinó, su boca a centímetros de tu oreja. "Si quieres, te muestro el taller privado. Ahí probamos límites que no salen en el catálogo." Su colonia invadió tus sentidos, madera ahumada y algo salvaje. Asentiste, la garganta seca, el corazón martillando.

De vuelta en Pasion Motors Polanco, el showroom estaba desierto. El sol se ponía, tiñendo todo de naranja ardiente. Marco cerró las puertas con llave, el clic resonando como un beso robado. "Nadie nos interrumpe aquí. Ven, probemos ese Lamborghini negro. Dicen que es perfecto para noches como esta." Te guió, su mano en la curva de tu cintura, pulgar trazando círculos lentos. El Lambo era una bestia, puertas como alas de demonio. Te subió al capó, el metal aún caliente del test drive anterior quemando deliciosamente tus nalgas a través del vestido.

Se paró entre tus piernas, mirándote con hambre pura. "¿Quieres esto de verdad, reina? Porque yo ya no aguanto verte así, toda encendida." Su voz temblaba un poco, vulnerable bajo la confianza. Tú lo jalaste por la camisa, desabotonándola con dedos ansiosos. "Sí, wey. Chingame ya. Hazme sentir esa pasión que promete este lugar." Sus labios cayeron sobre los tuyos, urgentes, sabor a café y lujuria. Lenguas danzando, dientes mordisqueando, manos explorando.

El vestido subió por tus caderas, su palma áspera deslizándose por tu piel suave, deteniéndose en el encaje húmedo de tus panties. Gemiste contra su boca cuando sus dedos te encontraron, resbaladizos, presionando justo donde dolía de ganas. "Estás chorreando, preciosa. Neta que me vuelves loco." Olía a sudor fresco, a hombre excitado, mezclado con el cuero del auto. Tú bajaste su zipper, liberando su verga dura, palpitante, gruesa en tu mano. La piel sedosa sobre acero, venas marcadas que latían al compás de tu pulso.

Qué rica se siente. Grande, caliente, lista para partirme en dos. Esto es mejor que cualquier carrera.
Lo guiaste dentro de ti, lento al principio, el estiramiento exquisito haciendo que arquees la espalda. Él gruñó, embistiendo profundo, el capó crujiendo bajo el ritmo. Cada choque enviaba ondas de placer por tu espina, pechos rebotando libres ahora que el vestido estaba arremangado. Sus manos amasaban tus tetas, pulgares en los pezones duros como balas, tirando suave hasta que chillaste.

El showroom amplificaba todo: slap slap de carne contra carne, jadeos roncos, el squelch húmedo de tu panocha devorándolo. Sudor perlaba su torso definido, goteando sobre tu vientre. Cambiaron posiciones, tú encima ahora, cabalgándolo en el asiento del piloto. El cuero pegajoso contra tu clítoris, su verga tocando spots que te hacían ver estrellas. "¡Más fuerte, Marco! ¡No pares, cabrón!" Él obedecía, caderas subiendo como pistones, manos en tus nalgas separándolas, dedo juguetón rozando tu ano para más fuego.

La tensión crecía, coiling en tu bajo vientre como un resorte a punto de romperse. Sus ojos en los tuyos, conexión más allá de lo físico.

Esto no es solo un polvo. Es pura química, wey. Me estás viendo el alma mientras me rompes.
"Ven conmigo, reina. Déjame llenarte." El clímax te golpeó como un turbo, olas de éxtasis convulsionando tu cuerpo, uñas clavadas en su pecho. Él rugió, caliente chorro inundándote, pulsos interminables.

Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, pieles pegadas por sudor y fluidos. El Lamborghini olía a sexo ahora, a victoria compartida. Marco te besó la frente, tierno. "Eso fue épico, ¿verdad? Bienvenida a la verdadera pasión de Pasion Motors Polanco." Te acomodaste el vestido, piernas temblorosas, pero con una sonrisa de reina satisfecha.

Al día siguiente, firmaste los papeles del Porsche. Él te entregó las llaves con un guiño. "Cuídalo como me cuidaste a mí. Y regresa cuando quieras otra vuelta." Aceleraste por Polanco, motor rugiendo, cuerpo aún recordando cada embestida.

Pinche vida chida. Quién iba a decir que comprar un carro sería el mejor polvo de mi existencia.
La ciudad se desplegaba ante ti, llena de promesas, pero nada como esa noche en Pasion Motors Polanco.

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