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Pasión Cap 24 El Fuego de la Piel

6384 palabras

Pasión Cap 24 El Fuego de la Piel

Estás en esa fiesta en Polanco, el aire cargado de risas y el eco de una cumbia rebajada que retumba en las paredes de la terraza. Las luces tenues bailan sobre los cuerpos sudados, y el olor a mezcal ahumado se mezcla con el perfume dulce de las flores de nochebuena que adornan las mesas. Llevas ese vestido rojo ceñido que te hace sentir como una diosa, la tela rozando tu piel con cada movimiento, recordándote lo viva que estás. Órale, esta noche va a ser chingona, piensas mientras tomas un sorbo de tu copa, el líquido quemándote la garganta con ese fuego dulce.

Ahí lo ves, recargado en la barandilla, con esa camisa blanca entreabierta que deja ver el brillo de su pecho moreno bajo la luna. Se llama Diego, te lo presentan unos amigos comunes, y cuando te mira, sus ojos cafés intensos te recorren como si ya te estuvieran desnudando. "Qué onda, preciosa", dice con esa voz grave, un acento chilango puro que te eriza la piel. Charlan de todo y nada: del pinche tráfico de la Reforma, de esa serie de Netflix que los tiene enganchados, y de pronto, su mano roza la tuya al pasarte la copa. Un chispazo eléctrico sube por tu brazo, directo al estómago, haciendo que tu panocha se contraiga con anticipación.

Tú sientes que esto es el comienzo de algo brutal, como si el universo te estuviera guiñando el ojo. Pasión cap 24, piensas de repente, recordando esa historia erótica que leíste en un blog la semana pasada, la que te tuvo tocándote toda la noche imaginando justo esto.

La tensión crece mientras bailan. Sus caderas se pegan a las tuyas al ritmo de la música, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela fina. Sientes su aliento caliente en tu cuello cuando se inclina para susurrarte: "Me traes loco, nena. No aguanto más". Tus pezones se endurecen contra el vestido, y bajas la mano por su espalda, clavando las uñas lo justo para que gima bajito. El sudor perla en su frente, oliendo a hombre, a colonia cara y deseo crudo. Te muerde el lóbulo de la oreja, suave pero firme, y un jadeo se te escapa, ahogado por el bullicio de la fiesta.

No aquí, no todavía, te dices, pero tu cuerpo traiciona tus pensamientos. Lo tomas de la mano y lo guías por el pasillo oscuro hacia una habitación de huéspedes que viste antes. La puerta se cierra con un clic suave, aislando el mundo exterior. La luz de la ciudad entra por la ventana, bañando la cama king size con un resplandor plateado. Diego te empuja contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso hambriento. Sabe a tequila y a menta, su lengua explorando tu boca con urgencia, mientras sus manos recorren tus curvas, apretando tu culo con posesión.

Te desabrocha el vestido con dedos temblorosos de excitación, dejándolo caer al piso como una promesa rota. Quedas en lencería negra, el encaje rozando tus pezones sensibles. Él se arrodilla, besando tu ombligo, bajando lento por tu vientre. "Eres una chulada, güey", murmura contra tu piel, y su aliento caliente te hace arquear la espalda. Sus manos suben por tus muslos, separándolos, y cuando su boca encuentra tu clítoris a través de las bragas, un gemido ronco sale de tu garganta. Lamidas expertas, succiones que te hacen ver estrellas, el sonido húmedo de su lengua devorándote mezclándose con tus jadeos. El olor a tu propia excitación llena la habitación, almizclado y embriagador.

Lo jalas del pelo, levantándolo para besarlo de nuevo, probando tu sabor en sus labios. Le quitas la camisa, lamiendo el salado de su pecho, mordiendo un pezón hasta que gruñe. Sus pantalones caen, revelando su verga dura, palpitante, la punta ya brillando de pre-semen. La tocas, sintiendo el calor y la dureza en tu palma, bombeándola despacio mientras él gime tu nombre. Esto es puro fuego, piensas, el corazón latiéndote como tambor en el pecho.

Lo empujas a la cama, montándote sobre él. Rozas tu panocha mojada contra su longitud, lubricándolo con tus jugos, torturándolo con movimientos lentos. "Métemela ya, cabrón", le ordenas, y él obedece, embistiéndote de un solo golpe profundo. El estiramiento te arranca un grito de placer, sus caderas chocando contra las tuyas en un ritmo frenético. Sientes cada vena, cada pulso de su polla dentro de ti, llenándote hasta el fondo. Tus tetas rebotan con cada embestida, y él las agarra, pellizcando los pezones, enviando ondas de placer directo a tu núcleo.

Pasión cap 24 en carne viva, flasha en tu mente mientras cabalgas más fuerte, el sudor chorreando entre vuestros cuerpos, el slap-slap de piel contra piel ahogando todo lo demás.

La intensidad sube, tus paredes contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él te voltea, poniéndote a cuatro patas, y te penetra de nuevo, más profundo, una mano en tu cadera, la otra enredada en tu pelo. "Te sientes de puta madre, tan apretada y caliente", gruñe, y tú respondes arqueándote, empujando contra él. El orgasmo te golpea como un tren, olas de éxtasis recorriendo tu cuerpo, haciendo que grites su nombre mientras tiemblas, tus jugos empapando las sábanas. Él no para, prolongando tu placer con embestidas precisas, hasta que su propio clímax lo sacude. Sientes el calor de su semen llenándote, pulsos calientes que te hacen correrme de nuevo, un segundo orgasmo más suave pero igual de intenso.

Colapsan juntos, jadeando, cuerpos enredados en un lío sudoroso y satisfecho. Su mano acaricia tu espalda, trazando círculos perezosos, mientras el olor a sexo impregna el aire. Besos suaves ahora, lenguas perezosas explorando. Qué chido fue esto, piensas, el corazón aún acelerado pero calmándose. Diego te mira con ojos brillantes, "Eres increíble, ¿sabes? Esto no termina aquí". Te acurrucas contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón sincronizarse con los tuyos, el mundo exterior olvidado.

La noche se desvanece en un afterglow dulce, promesas susurradas de más encuentros, de explorar cada rincón de deseo mutuo. Sales de la habitación tomada de su mano, el vestido arrugado pero el alma en llamas. Pasión cap 24 fue solo el principio, y ya anhelas el 25.

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