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La Pasion de Cristo 2 Cuando Se Estrena el Fuego

6338 palabras

La Pasion de Cristo 2 Cuando Se Estrena el Fuego

Estás recostado en el sofá de tu depa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el aroma a tacos de pastor flotando desde la cocina. Es viernes por la noche, CDMX vibra allá afuera con sus luces neón y cláxones lejanos, pero aquí adentro solo existes tú y Ana, tu morra desde hace dos años. Ella se acurruca contra ti, su piel morena tibia rozando tu brazo desnudo, oliendo a vainilla y un toque de su sudor dulce después de la clase de yoga. Lleva un top ajustado que marca sus chichis firmes y unos shorts que dejan ver sus muslos suaves, listos para ser tocados.

Órale, esta noche va a estar chida, piensas mientras le das un trago a tu chela helada, el gas escapando con un siseo fresco en tu lengua. Ana agarra el control remoto y cambia de canal, deteniéndose en un trailer de película. Sus ojos cafés brillan con curiosidad.

—Oye, wey, la pasion de cristo 2 cuando se estrena? —pregunta ella con esa voz ronca que te pone a mil, inclinándose para checar su cel. Sus dedos vuelan por la pantalla, y su cabello negro cae como cascada sobre tu pecho, rozándote con cosquillas eróticas.

Tú sonríes, sintiendo ya el calor subiendo por tu entrepierna. Buscas en Google tú también, pero nada concreto sale. Solo rumores de que Mel Gibson anda planeando la secuela, algo sobre resurrección y más sufrimiento. Pero el nombre... La Pasión de Cristo. La palabra "pasión" te pega directo en el pecho, como un latido acelerado. Miras a Ana, su labio inferior mordido, y sientes el deseo inicial, esa tensión que empieza como un cosquilleo en el estómago.

—No sé, mi reina, pero si se estrena pronto, vamos al cine. Aunque neta, nuestra pasión ya es de otro nivel —le dices, rozando tu mano por su muslo. La piel se eriza bajo tus dedos, suave como seda, y ella suelta una risita baja, ese sonido que te hace querer devorarla.

El beso empieza lento, sus labios carnosos probando los tuyos con sabor a tequila y lima, fresco y picante. Tus lenguas se enredan, explorando, el calor de su aliento mezclándose con el tuyo. Sus manos suben por tu playera, uñas arañando suave tu abdomen, despertando cada nervio.

La llevas en brazos a la recámara, el colchón king size hundiéndose bajo su peso. La ciudad murmura afuera por la ventana entreabierta, pero aquí solo hay jadeos suaves y el roce de telas cayendo. Le quitas el top, liberando sus chichis perfectas, pezones oscuros endureciéndose al aire fresco. Los besas, chupas uno con delicadeza, saboreando el salado de su piel, mientras ella gime "ay, papi, qué rico".

En tu mente, la idea de la película se tuerce: no es sufrimiento, es éxtasis. Su cuerpo es tu cruz, su placer tu salvación. La pasión de Cristo 2 cuando se estrena en nosotros, piensas, perdido en el olor almizclado que emana de entre sus piernas.

La tensión crece mientras la despojas de los shorts. Sus bragas de encaje negro están húmedas, el aroma a excitación femenina invadiendo tus sentidos, dulce y embriagador como mezcal añejo. Le bajas todo despacio, besando su ombligo, bajando por el monte de Venus hasta su panocha depilada, labios hinchados brillando. Ella abre las piernas, invitándote, y tú lames suave su clítoris, ese botón sensible que late bajo tu lengua. Ana arquea la espalda, sus manos enredadas en tu pelo, tirando fuerte.

¡Córrete pa'cá, wey! No pares —suplica, voz entrecortada. Su sabor es adictivo, jugos salados y dulces a la vez, mientras tu verga palpita dura contra el colchón, pidiendo atención. La comes con hambre, lengua girando, dedos entrando en su calor apretado, sintiendo las paredes contraerse. Ella tiembla, gemidos subiendo de volumen, mezclados con el zumbido del ventilador de techo.

Pero no la dejas correr todavía. Quieres alargar la agonía placentera. Te incorporas, ella te quita la playera y los bóxers con urgencia, su mano envolviendo tu verga gruesa, masturbándote lento, el prepucio deslizándose sobre el glande sensible. Qué chingón se siente su palma caliente, piensas, pulsos acelerados en tu cuello. Besos en tu pecho, mordidas juguetonas en tus pezones, bajando hasta arrodillarse. Su boca te engulle, labios estirados, lengua lamiendo la base mientras chupa con succiones perfectas. El sonido húmedo, slurp slurp, te vuelve loco, olor a su saliva mezclada con tu precum.

La subes a la cama, posición misionero primero, clásico pero intenso. Su coño te recibe, resbaloso y apretado, envolviéndote centímetro a centímetro. Neta, es como entrar al paraíso. Empujas lento al inicio, sintiendo cada vena rozar sus paredes, sus jugos chorreando por tus bolas. Ella clava uñas en tu espalda, piernas enroscadas en tu cintura.

Métemela toda, papi, hazme tuya —gime, y aceleras, piel contra piel cacheteando rítmicamente, sudor perlando vuestros cuerpos. Cambian a vaquera: ella encima, montándote como amazona, chichis rebotando hipnóticos. Agarras sus nalgas firmes, guiándola, oliendo su axila salada cuando se inclina para besarte. El clímax se acerca, tensión en espiral: su respiración errática, tu verga hinchándose más, coño apretando como vicio.

En el pico, ella grita "¡Me vengo, wey!", cuerpo convulsionando, jugos inundando tu pubis. Tú la sigues segundos después, corriéndote profundo dentro, chorros calientes llenándola, placer cegador explotando en tu cerebro, músculos tensos liberándose en olas.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas, corazones galopando al unísono. El aroma a sexo impregna la habitación, mezcla de semen, sudor y ella. Besos perezosos, caricias suaves en su cabello húmedo.

—Neta, si la pasion de cristo 2 cuando se estrena, no va a ser ni la mitad de intensa que esto —murmura Ana, riendo bajito, su cabeza en tu pecho.

Tú la aprietas más, sintiendo la paz post-orgasmo, ese glow que hace todo perfecto.

La verdadera pasión no necesita pantallas ni cruces; está aquí, en su piel contra la mía, en esta noche mexicana eterna.
Fuera, la ciudad sigue su ritmo, pero ustedes flotan en la burbuja del deseo satisfecho, listos para más cuando el fuego se reavive.

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