Pasión de Gavilanes Capítulo 161 Fuego en la Sangre
En la penumbra de la hacienda en las afueras de Guadalajara Gabriela se recostaba en el sofá de cuero desgastado el aire cargado con el aroma dulce del mezcal que acababa de servir Javier su esposo de ojos negros como la noche de ranchería. La televisión parpadeaba con las imágenes vibrantes de Pasión de Gavilanes capítulo 161 esa escena donde los hermanos Reyes ardían en venganza y deseo prohibido. Gabriela sentía un cosquilleo en la piel cada vez que la pasión en pantalla se encendía recordándole sus propias noches de juventud cuando soñaba con amores así de intensos.
"Mira nomás qué chingones estos gavilanes" murmuró Javier acercándose con su cuerpo moreno y musculoso forjado en el trabajo del campo. Su voz ronca como un corrido de José Alfredo Jiménez le erizaba la piel a Gabriela. Ella volteó sonriendo pícara el corazón latiéndole fuerte mientras el calor de su mirada la envolvía. "Sí amor pero tú eres más gavilán que todos ellos juntos" respondió ella mordiéndose el labio inferior saboreando el picor residual del mezcal en su lengua.
La escena en la tele escalaba los amantes se besaban con furia bajo la lluvia torrencial y Gabriela sintió un nudo en el estómago. Javier se sentó a su lado su muslo rozando el de ella enviando chispas eléctricas por su pierna. ¿Por qué este capítulo siempre me prende como yesca? pensó ella mientras su mano se posaba casualmente en la rodilla de él. El aire se espesaba con el olor a tierra mojada que imaginaban de la pantalla mezclado con el sudor fresco de Javier después de su día en el sol.
Acto primero de su propia pasión Javier giró su rostro hacia ella y la besó suave al principio labios carnosos probando el dulzor de su boca. Gabriela suspiró abriendo los labios para recibir su lengua que danzaba con la suya en un ritmo lento y profundo. Sus manos subieron por el pecho de él sintiendo los músculos tensos bajo la camisa de franela desabotonada el vello oscuro áspero contra sus palmas. "Te deseo tanto Gabriela como el primer día que te vi en la fiesta del pueblo" susurró él contra su cuello inhalando su perfume de jazmín y piel caliente.
Ella se arqueó contra él el corazón martilleando como tambores de mariachi. Sus dedos se enredaron en su cabello negro revuelto tirando suavemente para profundizar el beso. El sonido de la lluvia en la telenovela se mezclaba con sus respiraciones agitadas y el crepitar lejano de la chimenea. Javier deslizó su mano por su blusa de algodón fino rozando el encaje de su sostén sus pezones endureciéndose al instante bajo el roce.
"Ay Javier no pares esto es mejor que cualquier capítulo"gimió ella en su mente mientras lo empujaba hacia atrás para montarse a horcajadas sobre sus caderas.
La tensión crecía como tormenta de verano. Javier levantó su blusa exponiendo su vientre suave besándolo con labios húmedos que dejaban un rastro ardiente. Gabriela jadeaba el olor de su excitación mezclándose con el mezcal el sabor salado de su piel en la lengua de él. Sus caderas se mecían instintivamente frotándose contra la dureza que crecía en los jeans de Javier. "Eres mi reina mi Sarita particular" dijo él evocando la novela con voz grave haciendo que ella riera entre gemidos.
En el medio del acto la intensidad subía escalones. Se quitaron la ropa con prisa torpe pero ansiosa camisas pantalones volando al piso. La piel de Gabriela brillaba a la luz de la tele desnuda curvas generosas pechos plenos que Javier devoraba con la boca succionando un pezón mientras pellizcaba el otro. Ella gritó de placer arqueando la espalda el sonido gutural como un aullido de coyote en la sierra. Sus uñas arañaban su espalda dejando surcos rojos que él adoraba como trofeos.
"Te voy a hacer mía como en Pasión de Gavilanes capítulo 161 pero con más fuego" gruñó Javier volteándola sobre el sofá. Gabriela se puso a cuatro patas ofreciéndose el trasero redondo invitador oliendo a su propia humedad que goteaba por sus muslos. Él se arrodilló detrás lamiendo desde sus rodillas hasta el centro de su placer lengua experta explorando pliegues hinchados saboreando su esencia dulce y salada. "¡Chingado qué rico sabes nena!" exclamó él metiendo dos dedos gruesos curvándolos para tocar ese punto que la hacía temblar.
Internamente Gabriela luchaba con el deseo abrumador Es demasiado bueno no quiero que acabe nunca pero lo necesito ya dentro de mí. Sus paredes internas se contraían alrededor de sus dedos jugos resbalando por su mano. El sonido húmedo de sus movimientos se unía al clímax dramático de la telenovela donde los amantes se rendían al fin. Javier se incorporó posicionando su verga gruesa venosa palpitante en su entrada frotándola arriba y abajo lubricándola con sus fluidos.
"Entra amor hazme tuya" suplicó ella empujando hacia atrás. Él obedeció embistiéndola lento al principio estirándola deliciosamente hasta la base. Ambos gimieron el sonido profundo resonando en la sala. Javier agarró sus caderas anchas clavando los dedos en la carne suave y comenzó a bombear ritmo constante profundo cada embestida golpeando su clítoris desde adentro. Gabriela se mecía al compás pechos balanceándose sudor perlando su frente el olor almizclado de sexo llenando el aire.
La escalada psicológica era feroz. Javier se inclinó sobre su espalda besando su nuca mordiendo el lóbulo de su oreja susurrando guarradas mexicanas "Tu panocha me aprieta como guante mamacita voy a llenarte de mi leche". Ella respondía con obscenidades propias "¡Dame verga pendejo más duro soy tu puta esta noche". El conflicto interno de Gabriela se disolvía en puro instinto animal el placer construyéndose como ola gigante en el Pacífico.
Cada roce de piel contra piel era eléctrico sus testículos golpeando su clítoris con palmadas húmedas. Javier aceleró girando sus caderas para rozar todos los ángulos sus manos subiendo a amasar sus tetas pellizcando pezones sensibles. Gabriela sentía el orgasmo aproximándose contrayéndose alrededor de él ordeñándolo. "¡Ya vengo Javier no pares!" gritó ella la voz quebrada.
En el clímax del acto el mundo explotó. Gabriela se corrió primero espasmos violentos sacudiéndola jugos chorreados empapando los muslos de él. Javier la siguió rugiendo como toro en rodeo su verga hinchándose eyaculando chorros calientes profundos pintando sus paredes internas. Colapsaron juntos sudorosos jadeantes el semen goteando de ella mezclándose con sus fluidos en el sofá.
El afterglow era tierno Javier la abrazó desde atrás besando su hombro húmedo. "Eres mi pasión eterna mejor que cualquier gavilán" murmuró él apagando la tele que ya había terminado Pasión de Gavilanes capítulo 161. Gabriela sonrió satisfecha el cuerpo lánguido músculos temblorosos oliendo a sexo y amor. Esto es lo que necesitaba cierre perfecto pensó mientras se giraban para besarse lento dulce.
Se levantaron envueltos en una cobija caminando a la cama grande de madera tallada. Ahí en la quietud de la noche Javier la penetró de nuevo suave esta vez misionero mirándose a los ojos almas conectadas. Sus movimientos eran lentos ondulantes prolongando el placer residual hasta un segundo orgasmo compartido suspiros suaves como brisa de mayo.
Al amanecer Gabriela despertó con su cabeza en el pecho de Javier escuchando el latido constante oliendo su piel limpia después de la ducha rápida. "Gracias por anoche mi amor" dijo ella besando su pectoral. Él sonrió "Siempre para ti mi reina". La pasión de Gavilanes había sido solo chispa su fuego era eterno.