Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Letra de la Canción Abismo de Pasión Letra de la Canción Abismo de Pasión

Letra de la Canción Abismo de Pasión

7109 palabras

Letra de la Canción Abismo de Pasión

Entré al bar en la Zona Rosa, con el calor de la noche de verano pegándome en la piel como una promesa ardiente. El aire estaba cargado de humo de cigarros electrónicos, olor a tequila reposado y ese perfume dulzón de las chicas que bailaban pegaditas en la pista. Yo, Valeria, llevaba un vestido negro ajustado que me hacía sentir pinche poderosa, con el escote justo para volver locos a los weyes sin darles el gusto completo. Había salido con las morras para desquitarme de la semana de puro estrés en la oficina, pero algo en el ambiente me decía que esta noche iba a ser diferente.

La banda en vivo arrancó con una rola que me erizó la piel: Abismo de Pasión. La letra de la canción Abismo de Pasión se coló en mis oídos como un susurro pecaminoso. "En el abismo de tu pasión me pierdo, sin salida, sin razón..." Cantaba el vocalista con esa voz ronca que te hace apretar las piernas. Me quedé clavada en la barra, con un paloma en la mano, sintiendo cómo las palabras se me metían en el pecho, avivando un fuego que no sabía que llevaba dentro.

¿Por qué carajos esta letra me está poniendo así de caliente? Como si me estuvieran tocando el alma y el clítoris al mismo tiempo.

Ahí lo vi. Alto, moreno, con camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar unos pectorales que gritaban órale, tócalos. Sus ojos negros me atraparon desde el otro lado del bar, y cuando sonrió, con esa dentadura perfecta, supe que no era un pendejo cualquiera. Se acercó con un trago en la mano, oliendo a colonia cara y a hombre que sabe lo que quiere.

—¿Te gusta la rola? —me dijo, con acento chilango puro, voz grave que me vibró en el estómago.

—La letra de la canción Abismo de Pasión me tiene mojada —le contesté coqueta, sin pelos en la lengua. No soy de las que se anda con rodeos.

Se rio, un sonido profundo que me hizo imaginarlo gimiendo mi nombre. Se llamaba Diego, DJ de fines de semana en antros de Polanco, y en minutos ya estábamos platicando de todo: de la vida loca en la CDMX, de cómo la música te pone a mil, de deseos que no se dicen en voz alta. Sus manos rozaban las mías al pasar el trago, y cada toque era como electricidad, un chispazo que me bajaba directo al entrepierna.

La canción terminó, pero el ambiente se calentó más. Me invitó a bailar, y en la pista, con los cuerpos sudados pegándose, sentí su verga endureciéndose contra mi cadera. Chingao, qué grande se sentía. Bailamos lento, sus manos en mi cintura bajando despacito a mis nalgas, apretando con permiso implícito porque yo misma me arqueaba contra él. Olía a sudor limpio, a deseo puro, y yo jadeaba bajito, con el corazón latiéndome como tambor.

—¿Quieres salir de aquí? —me murmuró al oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo.

¡Órale, carnal! —le dije, y salimos tomados de la mano, el bullicio del bar quedando atrás como un recuerdo borroso.

El medio del fuego

Subimos a su departamento en un edificio chido de la colonia, con vista a las luces de Reforma. Apenas cerramos la puerta, sus labios se estrellaron contra los míos, un beso hambriento, con lengua explorando mi boca como si quisiera devorarme entera. Sabía a tequila y a menta, y yo le mordí el labio inferior, arrancándole un gemido que me empapó las panties.

Me quitó el vestido de un jalón, quedándome en brasier de encaje rojo y tanga diminuta. Sus ojos se oscurecieron de lujuria al verme. "Eres una diosa, Valeria", dijo, mientras sus manos recorrían mis tetas, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. Yo le arranqué la camisa, lamiendo su pecho salado, bajando hasta el ombligo, oliendo su excitación masculina que me volvía loca.

No puedo creer lo que me hace sentir esta letra que no sale de mi cabeza. Abismo de pasión, sí, aquí estoy cayendo sin frenos.

Lo empujé al sofá, me arrodillé entre sus piernas y le desabroché el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillando de precum. La tomé en la mano, sintiendo su calor pulsante, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su esencia salada. Diego gruñó, enredando los dedos en mi pelo, guiándome sin forzar. La chupé profundo, con la garganta relajada, escuchando sus jadeos roncos que resonaban en la habitación. "Así, nena, qué rico tu boquita".

Pero yo quería más. Me levanté, me quité la tanga y me senté a horcajadas sobre él, frotando mi concha húmeda contra su polla dura. Estábamos empapados de sudor, el aire cargado de nuestro olor a sexo inminente. Despacio, lo guié dentro de mí, gimiendo al sentirlo estirándome, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué gusto! Empecé a moverme, cabalgándolo con ritmo, mis tetas rebotando, sus manos apretándome las caderas.

Nos volteamos, él encima ahora, embistiéndome fuerte, el sofá crujiendo bajo nosotros. Cada penetración era un choque de cuerpos, piel contra piel chapoteando, mis uñas clavadas en su espalda. Olía a nuestro sudor mezclado, a panocha mojada y verga palpitante. Me besaba el cuello, mordiendo suave, mientras yo le susurraba guarradas: "Más duro, Diego, rómpeme".

La tensión crecía como una ola, mis músculos internos apretándolo, su respiración agitada contra mi oreja. Recordé la letra de la canción Abismo de Pasión, "En tu fuego me consumo, sin remedio...", y eso me llevó al borde. Él lo sintió, aceleró, y explotamos juntos: yo gritando su nombre, contrayéndome en espasmos que me dejaban temblando, él derramándose dentro de mí con un rugido animal, caliente y abundante.

El eco del placer

Nos quedamos jadeando, enredados en el sofá, con el corazón latiéndonos a mil. Su peso sobre mí era reconfortante, protector. Besó mi frente, suave ahora, y rodó a un lado, atrayéndome a su pecho. Olía a sexo satisfecho, a nosotros. Me acurruqué, sintiendo su semen escurrir entre mis piernas, un recordatorio delicioso de lo que acabábamos de compartir.

—Fue increíble, Valeria. Como si esa canción nos hubiera unido —dijo, acariciándome el pelo.

—La letra de la canción Abismo de Pasión fue el detonante, ¿verdad? —le respondí, riendo bajito.

Hablamos un rato, de nada y de todo, con las piernas entrelazadas. El amanecer pintaba la ventana de rosado, y en ese momento de calma, sentí una conexión más allá del cuerpo. No era solo un polvo; era un abismo compartido, profundo y liberador. Me levantó en brazos hasta la cama, donde dormimos pegados, con promesas de más noches así.

Desperté con su boca entre mis muslos, lamiéndome despacio para arrancarme otro orgasmo matutino. Qué hombre. Y mientras gemía, supe que esta letra se había grabado en mí para siempre, un himno a la pasión sin fin.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.