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Pasiones Ardientes con los Actores de la Novela Pasión de Gavilanes

6571 palabras

Pasiones Ardientes con los Actores de la Novela Pasión de Gavilanes

Imagina que estás en Ciudad de México, el corazón latiendo como tambor en una fiesta de pueblo. Eres Lucía, una morra de veintiocho pirulos, con curvas que vuelven loco a cualquiera y una obsesión que te quema por dentro desde que viste por primera vez a los actores de la novela Pasión de Gavilanes. Esos Reyes hermanos, con sus ojos fieros y cuerpos de labriego fuerte, te han hecho mojar las sábanas más de una noche. Hoy, por un concurso chueco en la tele, ganaste una cena privada con dos de ellos: Juan y Óscar, que andan de gira promocional por acá. El aire de la suite en Polanco huele a tequila reposado y jazmines del balcón, la ciudad brilla allá abajo como un mar de luces.

Entras al comedor privado, el vestido negro ceñido a tus chichis y nalgas, tacones que repiquetean en el mármol. Ahí están, sentados a la mesa larga, sonriendo como lobos hambrientos. Juan, el más grande, con esa barba incipiente y camisa entreabierta que deja ver el pecho moreno y velludo. Óscar, más delgado pero igual de macho, ojos verdes que te clavan como puñales.

¡Pinche suerte la mía, wey! ¿Esto es real o nomás un sueño mojado?
piensas, mientras el corazón te truena en las sienes.

"¡Lucía, qué buena onda que viniste!" dice Juan con esa voz grave que has oído mil veces en la novela, levantándose para darte un abrazo. Su cuerpo te envuelve, duro como roble, oliendo a colonia cara mezclada con sudor fresco de hombre. Sientes su verga semi-dura rozarte el muslo por un segundo, y un escalofrío te recorre la espina. Óscar te besa la mejilla, su aliento cálido con toques de ron. "Estás más rica que en persona, carnala."

La cena arranca con tacos de arrachera jugosos, el jugo chorreando por tus labios mientras charlan de la novela, de Gavilanes, de sus vidas locas. Ríen, brindan con shots de tequila que queman la garganta y avivan el fuego en tu vientre. Tus pezones se endurecen bajo el brasier, rozando la tela con cada risa. No mames, estos vatos son puro fuego, reflexionas, cruzando las piernas para calmar el cosquilleo en tu panocha.

El vino fluye, las pláticas se ponen picantes. "¿Y tú, Lucía, cuál de nosotros te gustaba más en la novela?" pregunta Óscar, su mano rozando tu rodilla bajo la mesa. El toque es eléctrico, piel contra piel, cálida y áspera. "Los dos, weyes. Me traen loca con esas escenas de pasión." respondes coqueta, mordiendo tu labio. Juan se acerca, su aliento en tu oreja: "¿Quieres que te demos una escena en vivo?" El pulso se acelera, el aire se espesa con olor a deseo, ese almizcle que sale de entre tus piernas.

Pasan al sofá de la sala, música de cumbia rebajada sonando bajito, luces tenues que pintan sus cuerpos en sombras doradas. Óscar te jala a su regazo, sus manos grandes amasando tus nalgas, el vestido subiéndose lento.

¡Ay, cabrón, esto va pa'l culo!
gritas en tu mente, pero tu cuerpo se arquea contra él, sintiendo su verga gruesa endureciéndose bajo tus muslos. Juan se pone atrás, besando tu cuello, lengua caliente lamiendo la sal de tu piel. "Estás chingona, morra. Déjanos cuidarte." murmura, mordisqueando tu lóbulo.

Las manos exploran, despojan el vestido como plumas de cuervo. Quedas en tanga y brasier, tetas rebotando libres cuando lo quitan. Óscar chupa un pezón, succionando fuerte, el placer punzante como rayo directo a tu clítoris. Juan lame el otro, dientes rozando suave, mientras sus dedos bajan a tu entrepierna. "Ya estás empapada, pinche rica." dice, metiendo dos dedos en tu concha resbalosa. El sonido chuposo llena el cuarto, mezclado con tus gemidos roncos. Siento sus dedos gruesos abriéndome, curvándose justo ahí, en ese punto que me hace ver estrellas.

Te arrodillas, el piso mullido bajo tus rodillas, y liberas sus vergas. La de Juan, venosa y cabezona, salta como resorte, oliendo a macho puro. La de Óscar, más larga y curva, palpita en tu mano. Las mamas alternas, lengua girando en las cabezas, saboreando el precum salado y dulce. "¡Qué chúpala, Lucía!" gruñe Juan, enredando dedos en tu pelo. Óscar jadea, caderas empujando suave. El sabor te enloquece, la garganta se relaja para tragar más profundo, saliva chorreando por tu barbilla.

Te llevan a la cama king size, sábanas de seda fría contra tu espalda ardiente. Óscar se hunde primero, su verga estirándote delicioso, llenándote hasta el fondo. "¡Sí, cabrón, así!" gritas, uñas clavándose en su espalda morena, sintiendo cada vena frotando tus paredes. El slap-slap de carne contra carne resuena, sudor goteando de su frente a tus tetas. Juan mira, pajeándose lento, luego se sube a tu cara. Su verga entra en tu boca mientras Óscar te pule duro, el ritmo sincronizado como en una coreo chingona.

Cambian posiciones, tensión subiendo como volcán. Ahora tú cabalgas a Juan, su pubis raspando tu clítoris con cada rebote, pechos saltando hipnóticos. Óscar atrás, dedo untado de tus jugos metiéndose en tu ano, abriéndote despacio.

¡No mames, doble penetración con los actores de Pasión de Gavilanes! Esto es mejor que cualquier capítulo
, piensas extasiada. Entran los dos, vergas frotándose separadas por una membrana delgada, el placer tan intenso que lágrimas brotan de tus ojos. Gemidos se funden: tuyos agudos, suyos guturales como rugidos de jaguar. El olor a sexo impregna todo, almizcle, sudor, corrida pre.

La intensidad crece, caderas chocando frenéticas, piel resbalosa. Sientes el orgasmo armándose en tu vientre, una ola gigante. "¡Me vengo, weyes! ¡Chinguen!" chillas, concha contrayéndose como puño alrededor de Juan, mientras Óscar palpita en tu culo. Ellos explotan seguidos, chorros calientes inundándote, semen espeso goteando por tus muslos. Colapsan los tres, respiraciones jadeantes, cuerpos enredados en un nudo sudoroso.

El afterglow es puro paraíso. Juan acaricia tu pelo, besos suaves en la frente. "Fuiste increíble, Lucía." Óscar lame el sudor de tu cuello, risa ronca. "Vuelve cuando quieras, carnala." Yaces ahí, piel hormigueando aún, el corazón calmándose lento. Esto no fue un sueño. Los actores de la novela Pasión de Gavilanes me dieron la noche de mi vida. ¿Y si hay secuela? piensas, sonriendo pícara mientras la ciudad duerme afuera, testigo muda de tu pasión desatada.

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