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Pasiones Secretas Pelicula Completa Desnuda

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Pasiones Secretas Pelicula Completa Desnuda

Era un viernes de esos que pintan para neta divertidos en mi depa de la Condesa, aquí en la CDMX. Yo, Laura, con mis veintiocho pirulos bien puestos, acababa de llegar del jale en la oficina, sudada y con ganas de soltar el estrés. Mi carnal me había pasado un DVD pirata que juraba era la neta: Pasiones Secretas Pelicula Completa. "Órale, carnala, esto te va a poner como lechera", me dijo con esa risa pícara. Lo metí al reproductor sin pensarlo dos veces, me eché en el sofá con una chela fría en la mano, y le di play.

La pantalla se iluminó con esa luz tenue de película de antojo, una historia de amantes prohibidos en una hacienda colonial, con cuerpos aceitados brillando bajo el sol mexicano. El sonido de suspiros y gemidos bajos empezó a llenar el aire, y yo sentí un cosquilleo traicionero entre las piernas. Qué chingón, pensé, mientras el aroma de mi propia piel caliente se mezclaba con el olor a limón de mi crema. La chamarra se me hacía bola, y sin darme cuenta, mi mano bajó despacito por mi blusa, rozando la curva de mis chichis que ya se ponían duras como piedras.

¿Y si invito a alguien? Marco, ese wey del trabajo que me trae loca con sus ojos cafés y esa sonrisa de pendejo encantador. Siempre hay chispas cuando nos topamos en el elevador, rozones accidentales que duran un segundo de más.

Le mandé un whats: "Oye Marco ven a ver conmigo Pasiones Secretas Pelicula Completa está cañona". Respondió en dos minutos: "Simón ya voy no tardo". El corazón me latió como tamborazo en quinceañera. Me levanté volando, me puse un short chiquito que me marca el culo perfecto y una playera suelta sin bra, qué más da. Rocíe perfume en el cuello, ese dulce con vainilla que huele a tentación.

Diez minutos después, toqué la puerta. Ahí estaba Marco, con jeans ajustados que dejaban ver el bulto generoso y una playera negra que le pegaba al pecho musculoso. Olía a colonia fuerte, madera y hombre sudado del tráfico. "Qué onda Laura qué rica estás", dijo con voz ronca, entrando y dándome un abrazo que duró eterno, su mano bajando un poquito por mi espalda. Sentí su calor contra mi piel, el roce de su verga semi-dura contra mi cadera. Puta madre qué rico.

Nos echamos en el sofá, chelas en mano, la peli ya en la parte buena donde la protagonista se come al galán en un establo. El aire se sentía pesado, cargado de electricidad. Nuestros muslos se rozaban, y cada vez que la pantalla mostraba un polvo intenso –gemidos ahogados, pieles chocando con plaf plaf–, yo volteaba y lo pillaba mirándome las piernas abiertas. "Esta Pasiones Secretas Pelicula Completa es la mera madre ¿no?", murmuró él, su aliento caliente en mi oreja. Asentí, mordiéndome el labio, mientras mi concha empezaba a mojar el short.

La tensión crecía como olla exprés. Su mano cayó "accidental" en mi muslo, dedos gruesos trazando círculos lentos, subiendo poquito a poco. Yo no me moví, solo respiré hondo, oliendo su sudor mezclado con mi excitación que ya perfumaba el cuarto. "Marco...", susurré, y él se giró, ojos en llamas. Nuestros labios se chocaron en un beso salvaje, lenguas enredadas con sabor a chela y deseo puro. Sus manos me amasaron las nalgas, apretando fuerte, mientras yo le clavaba las uñas en la espalda.

Acto dos de nuestra propia película. Lo jalé de la playera, quitándosela de un tirón. Su pecho ancho, velludo justo donde debe, brillaba con una capita de sudor. Lo besé ahí, lamiendo el salado de su piel, bajando hasta el ombligo. Él gimió bajito, "Laura qué chingona eres", y me tumbó en el sofá, arrancándome el short. Mi panocha depiladita quedó al aire, hinchada y reluciente de jugos. "Mírate qué rica", dijo, metiendo dos dedos despacio, girándolos dentro de mí. El sonido chorreante me puso roja, pero qué padre, su pulgar en mi clítoris frotando en círculos perfectos. Gemí alto, arqueando la espalda, el sofá crujiendo bajo nosotros.

Esto es mejor que cualquier Pasiones Secretas Pelicula Completa. Su verga dura contra mi pierna, gruesa como mi muñeca, latiendo. Quiero probarla, sentirla en la garganta.

Me arrodillé, desabrochándole los jeans con dientes. Saltó su pinga tiesa, venosa, con el prepucio echado pa trás y gotitas de pré-semen brillando en la punta. Olía a macho puro, almizcle que me mareaba. La chupé despacio primero, lengua rodeando la cabeza, saboreando el salado amargo. Él agarró mi pelo, empujando suave, "Así mami chúpala rica". La metí hasta el fondo, garganta relajada, babeando toda. Los gemidos de la peli de fondo se mezclaban con los nuestros, un coro de lujuria.

No aguantamos más. Me levantó como pluma, me llevó a la cama –mi cuarto olía a sábanas frescas y velas de coco–. Me tiró boca arriba, abrió mis piernas anchas. Su boca cayó en mi concha, lengua lamiendo largo, chupando mi clítoris como experto. Sentí las olas venir, mis caderas bailando contra su cara barbuda, rasposa y deliciosa. "¡Ya Marco no pares!", grité, y exploté en un orgasmo que me dejó temblando, jugos salpicando su barbilla.

Él se subió encima, verga apuntando mi entrada. "Dime si quieres", jadeó, siempre tan cabrón respetuoso. "Sí chíngame ya", rogué. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. Qué estirón tan perfecto, su grosor rozando cada paredeta. Empezó a bombear lento, profundo, piel contra piel con chap chap húmedo. Sudábamos como locos, el olor a sexo invadiendo todo, sus bolas golpeando mi culo. Aceleró, yo clavándole uñas, mordiéndole el hombro. "¡Más duro pendejo!", le exigí juguetona, y él obedeció, follando como toro.

Cambié de posición, montándolo a mí. Mis chichis rebotando, él amasándolas, pellizcando pezones duros. Cabalgaba fuerte, mi clítoris frotando su pubis, sintiendo su verga palpitar adentro. El cuarto giraba, sonidos de camas retumbando, nuestros alaridos –"¡Qué rico tu panocha!" "¡Córrete conmigo wey!"–. El clímax nos pegó juntos, él llenándome de leche caliente, chorros y chorros, yo convulsionando encima, mordiéndome el labio hasta sangrar un poquito.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas empapadas. Su pecho subía y bajaba contra el mío, corazonazos sincronizados. El DVD seguía sonando lejano, créditos rodando. Lo besé suave, oliendo nuestro sudor mezclado. "Esto fue mejor que la Pasiones Secretas Pelicula Completa", murmuró riendo. Yo sonreí, trazando círculos en su piel. Neta sí, pensé, con el cuerpo plácido y el alma en paz. Mañana quién sabe, pero esta noche fuimos los protagonistas de nuestra propia pasión secreta, completa y eterna.

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