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Historieta de la Pasion de Cristo Desatada

6371 palabras

Historieta de la Pasion de Cristo Desatada

Sofía caminaba de la mano de Javier por el tianguis de Coyoacán, el aire cargado con el olor a elotes asados y copal quemándose en las esquinas. El sol de mediodía picaba en la nuca, pero el roce de sus dedos entrelazados la hacía sentir un cosquilleo que subía por su brazo. Neta, este wey me pone como nunca, pensó ella, mientras Javier le guiñaba el ojo con esa sonrisa pícara que la desarmaba.

Entre los puestos de artesanías y chucherías antiguas, un viejo cartón lleno de revistas y historietas amarillentas llamó su atención. "¡Mira, amor, qué reliquias!", exclamó Javier, agachándose a hojearlas. Sus ojos se detuvieron en una portada descolorida: Historieta de la Pasion de Cristo. La ilustración mostraba a un hombre moreno, musculoso, con una corona de espinas estilizada pero con ojos ardientes y una mujer arrodillada a sus pies, no en oración, sino con labios entreabiertos en éxtasis. "¡Órale, cómprala, se ve chida!", dijo Sofía, intrigada por el título que evocaba algo prohibido.

Por veinte pesos, la historieta fue suya. De regreso en su depa en la Roma, con las cortinas corridas dejando entrar solo rayos dorados, se tiraron en la cama king size. El colchón hundió bajo su peso, y Sofía sintió el calor de la pierna de Javier rozando la suya. Abrieron la historieta con cuidado, el papel crujió como un secreto revelándose. No era la pasión religiosa que imaginaban: era la historia carnal de Cristo, un tipo común de un pueblo mexicano, cuyo despertar pasional lo llevaba a encuentros intensos con mujeres que lo adoraban como a un dios del deseo.

La primera página mostraba a Cristo caminando por un mercado polvoriento, su piel brillando con sudor bajo el sol. Una vendedora de frutas lo invitaba a probar un mango jugoso, y sus dedos se demoraban en la boca de él. Sofía leyó en voz alta: "La pulpa dulce le corría por la barbilla, y ella lamió cada gota, sintiendo cómo su verga se endurecía contra el delantal". Javier soltó una carcajada ronca. "¡Puta madre, qué caliente! ¿Y tú qué piensas, mami?" Sofía sintió un pulso caliente entre las piernas, el aroma de su propia excitación mezclándose con el perfume de lavanda de las sábanas.

¿Por qué me moja tanto esta historieta? Es como si Cristo me mirara a mí, con esa mirada que promete chingarme hasta el alma, pensó Sofía, apretando los muslos.

Pasaron las páginas, el trazo grueso y sensual capturando cada roce. Cristo en el jardín, besando a una mujer contra un olivo, sus lenguas danzando mientras las manos exploraban pechos firmes y nalgas redondas. El sonido de las páginas volteándose era como un latido acelerado. Javier se acercó más, su aliento cálido en el cuello de Sofía. "Imagínate que soy él, ¿me dejarías lamerte así?" Ella asintió, la voz ronca: "Sí, wey, pero hazlo ya".

La tensión creció con cada viñeta. Cristo flagelado no por dolor, sino en un juego de azotes juguetones que dejaban marcas rosadas en la piel de su amante, ella gimiendo de placer mientras lo montaba. Sofía dejó la historieta a un lado, su mano temblorosa subiendo por el muslo de Javier. Él gruñó, su erección presionando contra los jeans. "Neta, esta historieta de la pasion de cristo nos está poniendo locos", murmuró él, desabotonando su blusa con dedos ansiosos. Los pezones de Sofía se endurecieron al aire libre, oscuros y erectos, y Javier los rozó con el pulgar, enviando chispas de placer directo a su clítoris palpitante.

Se desnudaron con urgencia, pero pausada, saboreando el ritual. La piel de Javier olía a jabón y hombre, un musk que la mareaba. Sofía lo empujó boca arriba, recordando la escena del trono improvisado en la historieta, donde Cristo era coronado con besos. "Tú eres mi Cristo hoy", le dijo ella, trepando sobre él. Su panocha rozó la verga dura de Javier, resbaladiza por sus jugos. Él jadeó, las manos aferrándose a sus caderas. Qué chingona se siente su calor, como si me quemara desde adentro, pensó él, mientras ella se mecía despacio, el glande abriéndose paso en su entrada húmeda.

El ritmo empezó lento, como las historietas que construían deseo viñeta a viñeta. Sofía cabalgaba, sus tetas rebotando, el sonido de carne contra carne llenando la habitación junto con sus gemidos. "¡Ay, cabrón, más profundo!", exigía ella, clavando las uñas en su pecho. Javier la volteó, poniéndola a cuatro patas, imitando la pasión en el desierto de la historieta. Su verga la penetraba con fuerza, el sudor goteando de su frente al lomo de ella, mezclándose con el olor almizclado de sus sexos unidos. Cada embestida era un latigazo de placer, el clítoris de Sofía frotándose contra sus bolas, building esa presión que la hacía ver estrellas.

No aguanto más, esta historieta despertó al animal en nosotros, y su verga me está llevando al cielo, se dijo Sofía, mordiendo la almohada para no gritar demasiado.

Javier aceleró, sus caderas chocando con un plaf plaf húmedo, sus dedos encontrando el ano de ella para un roce juguetón que la hizo arquearse. "¡Ven, mami, córrete conmigo!", rugió él. El orgasmo la golpeó como una ola, su concha contrayéndose alrededor de la verga pulsante de Javier, ordeñándolo mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes llenándola. Gritos ahogados, temblores compartidos, el mundo reduciéndose a ese pulso compartido.

Colapsaron enredados, el pecho de Javier subiendo y bajando contra los senos de Sofía. El aire olía a sexo crudo, semen y sudor, un perfume embriagador. La historieta yacía abierta a sus pies, testigo de su recreación. "Qué pedo tan chido nos armó esa historieta de la pasion de cristo", susurró Javier, besándole la sien. Sofía sonrió, trazando círculos en su abdomen. "Sí, amor, pero la nuestra es mejor. Mañana buscamos más".

En el afterglow, con las piernas entrelazadas y el corazón latiendo en sintonía, Sofía reflexionó: esa historieta no era solo papel y tinta; había avivado la llama que siempre ardía entre ellos, recordándoles que la pasión verdadera se desata cuando menos lo esperas. Javier la abrazó fuerte, y ella se durmió sabiendo que su propia historieta apenas comenzaba, llena de capítulos igual de calientes.

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