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Pasión Desnuda de los Personajes de El Diario de una Pasión

7754 palabras

Pasión Desnuda de los Personajes de El Diario de una Pasión

La lluvia caía a baldazos sobre las calles empedradas de San Miguel de Allende, como si el cielo se hubiera abierto para llorar por amores imposibles. Me acomodé en el sillón de mimbre de la terraza techada de la casa rentada, con una copa de mezcal ahumado en la mano, el aroma terroso del agave subiendo por mi nariz mientras el trueno retumbaba lejano. Qué noche perfecta para perderme en fantasías, pensé, encendiendo la tele para ver de nuevo El Diario de una Pasión. Noah y Allie, esos personajes de El Diario de una Pasión, siempre me ponían la piel chinita, el corazón latiendo como tambor en fiesta.

Yo, Daniela, una morra de veintiocho tacos de la CDMX que se vino a desconectar a este pueblo mágico, sentía el calor subir por mis muslos solo de verlos. Noah, con su mirada de pendejo enamorado, construyendo esa casa en el lago; Allie, rebelde y fogosa, negándose a olvidar.

¿Y si yo fuera ella? ¿Y si alguien como él me tomara aquí mismo, bajo la lluvia?
El mezcal me calentaba la garganta, dulce y picante, mientras mis dedos jugaban con el borde de mi blusa suelta, la tela rozando mis pezones ya duros por el fresco de la noche.

De pronto, la puerta de la recámara crujió y entró él: Rodrigo, mi carnal de aventuras de los últimos meses, alto, moreno, con esa barba de tres días y ojos verdes que gritaban ven pa'cá, wey. Se había mojado entero llegando de la plaza, la camisa pegada a sus pectorales, delineando cada músculo como si fuera Noah saliendo del agua. Neta, parece uno de los personajes de El Diario de una Pasión, me dije, mordiéndome el labio.

Órale, Dani, qué chido verte así, toda encendida viendo esa película —dijo con esa voz ronca, mexicana hasta los huesos, quitándose la camisa con un movimiento lento que me dejó babeando. El olor a lluvia y a su sudor fresco invadió el aire, mezclado con el humo del mezcal.

—Ven, pendejo, siéntate conmigo —le contesté juguetona, jalándolo por la cintura de los jeans empapados—. ¿Sabes? Estos personajes de El Diario de una Pasión me tienen bien caliente. Imagínate ser Noah y yo Allie, ¿no?

Él sonrió pícaro, sus manos grandes y callosas —de tanto trabajar en construcción como Noah— rozando mis hombros desnudos. Un escalofrío me recorrió la espina, el tacto áspero de sus palmas enviando chispas directo a mi entrepierna.

Acto uno: la chispa. Nos besamos primero suave, como en la escena del muelle, sus labios salados por la lluvia probando los míos con sabor a mezcal. Su lengua exploró mi boca, lenta, saboreando cada rincón, mientras yo gemía bajito, el sonido ahogado por el golpeteo de la lluvia en el techo de teja. Mis uñas se clavaron en su espalda húmeda, sintiendo los músculos tensarse bajo mi toque. Esto es mejor que la película, pensé, mi cuerpo ardiendo ya.

Nos paramos, él me cargó como si no pesara nada, mis piernas envolviéndolo por la cintura. Caminó hacia la recámara, el piso de losa fría bajo sus pies descalzos contrastando con el calor que emanaba de su piel. Me depositó en la cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio, suaves como caricia de amante. La habitación olía a lavanda del difusor y a nuestra excitación creciente, ese musk dulce y animal que me hacía mojarme más.

—Eres mi Allie, mamacita —murmuró, desabrochando mi blusa con dientes, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus ojos devoraron mis pezones rosados, duros como piedras preciosas—. Y yo tu Noah, listo pa' darte la pasión que mereces.

Acto dos: la escalada. Me quitó el short de mezclilla con urgencia contenida, sus dedos rozando mis muslos internos, enviando ondas de placer que me arquearon la espalda.

¡Dios, qué rico se siente su toque, como fuego líquido!
Bajó la cabeza, lamiendo mi ombligo, bajando hasta mi panocha ya empapada, el calor de su aliento sobre mi clítoris hinchado. Gemí fuerte cuando su lengua la tocó, chupando suave al principio, círculos lentos que me hacían retorcer las sábanas entre puños. El sabor salado de mi excitación lo volvía loco, lo oía gruñir como bestia, vibrando contra mi piel sensible.

Sácala, Noé, dame tu verga —supliqué en el juego, mi voz entrecortada por jadeos. Él se incorporó, desabrochando los jeans, liberando su miembro grueso y venoso, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. Lo tomé en mi mano, la piel aterciopelada sobre acero caliente, masturbándolo lento mientras él me besaba el cuello, mordisqueando, dejando marcas rojas que dolían rico.

Nos volteamos, yo encima, cabalgándolo como Allie montando la pasión de Noah. Su verga entró en mí de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. El roce interno era eléctrico, cada vena frotando mis paredes húmedas. Reboté despacio al inicio, sintiendo su grosor pulsar dentro, mis tetas balanceándose, él las atrapaba con manos ansiosas, pellizcando pezones, enviando descargas directas a mi centro.

El sudor nos cubría, perlas saladas rodando por su pecho, yo las lamía, probando su sabor salobre mezclado con colonia de sándalo. Nuestros gemidos se mezclaban con la lluvia torrencial afuera, truenos marcando el ritmo de mis caderas acelerando. Me tiene al borde, wey, no aguanto, pensé, mis paredes contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él embestía desde abajo, profundo, golpeando mi punto G con precisión, sus bolas chocando contra mi culo con palmadas húmedas.

¡Más fuerte, cabrón, cógeme como en la película! —grité, perdida en el rol, las imágenes de esos personajes de El Diario de una Pasión fusionándose con nosotros. Su mano bajó a mi clítoris, frotando en círculos rápidos, el placer acumulándose como tormenta, mis muslos temblando, el olor a sexo impregnando todo.

La tensión crecía, mis uñas arañando su pecho, dejando surcos rojos, él gruñendo mi nombre —Dani, Allie, mi reina—, volteándonos de nuevo para ponerme a cuatro patas. Entró por atrás, más profundo, su vientre chocando mi culo con fuerza, el sonido obsceno de piel contra piel. Sentía cada centímetro, su verga curvándose justo para golpear donde más lo necesitaba. El orgasmo me alcanzó como relámpago, ondas de éxtasis explotando desde mi núcleo, chillé largo, mi concha apretándolo en espasmos, leche caliente saliendo a chorros.

Él no paró, prolongando mi clímax con estocadas feroces, hasta que rugió, llenándome con su semen espeso y caliente, pulsación tras pulsación, desbordando por mis muslos. Colapsamos juntos, jadeantes, su peso sobre mí reconfortante, el corazón latiéndole en mi oído como tambores de Guelaguetza.

Acto tres: el resplandor. La lluvia amainó a un susurro, el aire fresco entrando por la ventana entreabierta, secando nuestro sudor. Rodrigo —mi Noah mexicano— me besó la sien, su mano acariciando mi cadera suave, trazando círculos perezosos.

Neta, Dani, esos personajes de El Diario de una Pasión nos armaron un desmadre chingón —dijo riendo bajito, su voz vibrando en mi piel.

Yo sonreí, girándome para mirarlo a los ojos, aún conectados, su verga semi-dura dentro de mí.

Esto no es solo sexo, es nuestra historia, nuestra pasión eterna.
El aroma a nosotros flotaba, mezclado con tierra mojada de afuera, prometiendo más noches así.

Nos quedamos así, enredados, mientras la luna asomaba entre nubes, iluminando nuestros cuerpos saciados. En San Miguel, bajo las estrellas, habíamos vivido nuestra propia página del diario, ardiente y real.

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