Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Abismo de Pasion Kenia Muere Abismo de Pasion Kenia Muere

Abismo de Pasion Kenia Muere

6913 palabras

Abismo de Pasion Kenia Muere

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que se pega a la piel como una promesa indecente. Kenia caminaba por las calles iluminadas, con el vestido rojo ceñido que marcaba cada curva de su cuerpo moreno y voluptuoso. Tenía veintiocho años, soltera por elección, y esa noche sentía un vacío en el pecho que pedía ser llenado. El bar La Chopería bullía de risas y música ranchera moderna, con ese toque electrónico que ponía a todos a mover las caderas.

Entró y el aire olía a tequila reposado y perfume caro. Pidió un margarita con sal, el limón fresco explotando en su lengua mientras escaneaba la barra. Ahí estaba él: alto, moreno, con ojos negros que parecían pozos sin fondo. Se llamaba Marco, lo supo cuando pidió su chela. Órale, qué chido tipo, pensó, mientras su pulso se aceleraba solo de mirarlo. Él giró la cabeza, la vio y sonrió con esa picardía mexicana que derrite voluntades.

¿Qué onda, güerita? ¿Primera vez aquí? —dijo acercándose, su voz grave como un ronroneo.

Neta que no, carnal. Pero contigo parece la primera, respondió ella coqueta, lamiendo la sal de su vaso. Sus dedos rozaron los de él al pasarle la chela, y fue como una chispa eléctrica que le subió por el brazo hasta el centro de su ser. Conversaron de todo: de la Ciudad de México que nunca duerme, de tacos al pastor en la esquina, de cómo la vida a veces te empuja a buscar el fuego.

La tensión crecía con cada mirada. Bailaron salsa en la pista improvisada, sus cuerpos pegándose al ritmo del bajo. El sudor de Marco olía a hombre, a tierra mojada después de la lluvia, y Kenia sentía su verga endureciéndose contra su muslo.

Quiero que me coma viva, aquí mismo, pero aguanta, pinche ansiosa
, se dijo internamente, mordiéndose el labio mientras él le susurraba al oído:

Me traes loco, Kenia. Tus tetas rozándome así... vas a caer en un abismo de pasión donde Kenia muere de gusto.

Esas palabras la atravesaron como un rayo. Abismo de pasión, Kenia muere. Se le grabaron en la mente, un eco sensual que le humedecía las bragas. Salieron del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra su piel ardiente. Caminaron hasta su departamento en una torre reluciente, el ascensor subiendo lento como una tortura deliciosa.

Adentro, las luces tenues pintaban sombras en las paredes blancas. Marco la acorraló contra la puerta, sus labios devorando los de ella. Sabía a chela y a deseo puro, su lengua explorando su boca con hambre. Kenia gimió, sus manos enredándose en su cabello corto y áspero. Su piel es como cuero caliente, neta que me prende. Él bajó las manos por su espalda, apretando su culo firme bajo el vestido.

Quítate esto, mi reina. Quiero verte entera, murmuró, y ella obedeció, el vestido cayendo como una cascada roja. Quedó en lencería negra, sus pezones duros apuntando a él. Marco se desnudó rápido, su verga gruesa y venosa saltando libre, palpitante. Kenia la miró, lamiéndose los labios. Qué pinga tan chingona, pensó, arrodillándose para probarla.

La tomó en su boca, el sabor salado de su prepucio invadiendo su paladar. Chupó despacio al principio, la lengua girando alrededor del glande hinchado, luego más profundo, hasta que él gruñó y le jaló el pelo suave. —Así, chula, trágatela toda. El sonido húmedo de su mamada llenaba la habitación, mezclado con los jadeos de Marco. Ella se tocaba la panocha por encima de las bragas, empapada, el olor a excitación flotando pesado.

La levantó en brazos, fuerte como un toro, y la llevó a la cama king size. Las sábanas de algodón egipcio eran frescas contra su espalda ardiente. Marco besó su cuello, mordisqueando la piel sensible, bajando a sus tetas grandes y redondas. Chupó un pezón, duro como piedra, tirando con los dientes hasta que ella arqueó la espalda. Me está volviendo loca este wey. Sus manos expertas se colaron entre sus piernas, rasgando las bragas con un tirón juguetón.

Estás chorreando, Kenia. Tu concha me llama. Metió dos dedos gruesos en su interior resbaladizo, curvándolos para tocar ese punto que la hacía ver estrellas. Ella gritó, las caderas moviéndose solas, el jugo chorreando por sus muslos. Él lamía su clítoris hinchado, la lengua rápida como un colibrí, succionando hasta que el primer orgasmo la sacudió. Ondas de placer la barrieron, su cuerpo convulsionando, el sabor de su propia esencia en el aire.

Pero no pararon. Kenia lo empujó sobre la cama, montándolo como una amazona. Su verga la llenó de un solo embiste, gruesa y caliente, estirándola al límite. ¡Ay, cabrón, qué rico! Cabalgó lento al inicio, sintiendo cada vena rozando sus paredes internas, el sudor goteando entre sus pechos. Marco agarraba sus caderas, guiándola, sus ojos fijos en los de ella.

Más rápido, mi amor. Quiero sentir cómo mueres en este abismo de pasión. Aceleró, el slap-slap de carne contra carne resonando, sus bolas golpeando su culo. El olor a sexo crudo impregnaba todo, mezclado con su perfume de vainilla. Kenia se inclinó, besándolo feroz, lenguas batallando mientras su clítoris rozaba el vello púbico de él. La tensión subía, un nudo en el vientre apretándose más y más.

Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas. Entró desde atrás, profundo, su vientre chocando contra sus nalgas redondas. Pégame, papi, hazme tuya, rogó ella, y él azotó suave, el escozor delicioso avivando el fuego. Follaba duro ahora, el ritmo implacable, sus gruñidos animales. Kenia sentía el abismo acercarse, ese borde donde todo se disuelve.

Abismo de pasión, Kenia muere... sí, estoy cayendo, neta que muero de placer
.

El clímax la golpeó como un tsunami. Gritó su nombre, el cuerpo temblando incontrolable, la concha contrayéndose alrededor de su verga en espasmos. Marco la siguió segundos después, vaciándose dentro de ella con un rugido gutural, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Colapsaron juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos.

En el afterglow, yacían enredados, el corazón de él latiendo contra su pecho. El cuarto olía a ellos, a pasión consumada. Marco le acarició el cabello húmedo.

Fue como la muerte, ¿verdad? Ese abismo de pasión donde Kenia muere y renace.

Ella sonrió, besándolo suave. Sí, wey, y quiero volver a morir contigo mil veces. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, habían encontrado su propio paraíso. La noche se extendía, prometiendo más rondas, más éxtasis. Kenia se durmió en sus brazos, satisfecha, el eco de esas palabras resonando en su alma: abismo de pasión, Kenia muere.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.