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Garnier Rojo Pasion Enciende Mi Deseo

7448 palabras

Garnier Rojo Pasion Enciende Mi Deseo

Te paras frente al espejo del baño, el vapor del agua caliente todavía flotando en el aire como un susurro húmedo. Tus manos tiemblan un poquito mientras abres el tubo de Garnier Rojo Pasion, ese rojo intenso que promete transformar no solo tu pelo, sino algo más profundo dentro de ti. Neta, hace rato que sientes que necesitas un cambio, algo que te haga sentir viva, ardiente, como esas noches en las que el calor de la Ciudad de México se mete hasta los huesos.

El olor del tinte te invade las fosas nasales, dulce y químico a la vez, con un toque de vainilla que te hace cerrar los ojos por un segundo. Mezclas la crema con el revelador, el guante de plástico cruje entre tus dedos, y empiezas a aplicarlo mechón por mechón. Sientes la frescura viscosa deslizándose por tu cuero cabelludo, masajeándolo con las yemas, imaginando ya cómo ese rojo pasión va a caer como una cascada de fuego sobre tus hombros. Órale, esto va a estar chido, piensas, mientras el espejo se empaña y tú sonríes a tu reflejo borroso.

Esperas los treinta minutos, el corazón latiéndote un poco más rápido, como si supieras que esto no es solo un cambio de look. Te acuerdas de él, de Marco, ese morro alto y moreno que conociste en la última fiesta en la Condesa. Sus ojos cafés te comieron con la mirada toda la noche, y tú sentiste ese cosquilleo en el estómago, esa humedad traicionera entre las piernas. Mañana lo vas a ver en ese antro de Polanco, y con este pelo nuevo, vas a ser imparable.

Enjuagas el tinte bajo la regadera, el agua caliente golpeando tu piel como lluvia tropical, y cuando sales, te secas con cuidado. Te miras: el rojo es perfecto, vibrante, como labios hinchados de beso, como sangre caliente. Lo agitas y sientes su suavidad rozando tu espalda desnuda, un roce que ya te eriza la piel.

Esto es para mí, para sentirme rica, para que él no pueda quitarme los ojos de encima.

La noche siguiente, el antro palpita con reggaetón y luces neón que bailan sobre la pista. Tú entras con un vestido negro ceñido que abraza tus curvas, el Garnier Rojo Pasion cayendo en ondas salvajes sobre tu escote. El aire huele a tequila y sudor dulce, cuerpos rozándose en la penumbra. Lo ves de inmediato, Marco, recargado en la barra con una chela en la mano, su camisa blanca abierta un botón de más, mostrando ese pecho moreno que te hace salivar.

Se gira y te ve. Sus ojos se abren grandes, recorren tu pelo como si fuera fuego vivo. "¡No mames, qué chingona te ves con ese rojo!" grita por encima de la música, acercándose con esa sonrisa pícara que te deshace. Te abraza, su cuerpo duro contra el tuyo, y sientes su aliento cálido en tu oreja, oliendo a menta y cerveza. "Ese Garnier Rojo Pasion te queda de poca madre, parece que traes el diablo adentro."

Su mano sube por tu espalda, enredándose en tu melena nueva, tirando suave para inclinarte hacia él. El roce de sus dedos en tu nuca te manda chispas directo al clítoris, un pulso caliente que te hace apretar los muslos. Bailan pegados, su verga ya medio dura presionando tu vientre, el ritmo de la música guiando sus caderas contra las tuyas. Sudas, el aroma de tu perfume mezclado con el suyo te marea, y cada giro hace que tu pelo rojo le roce la cara, provocándolo más.

No aguanto más, piensas, mientras su boca roza tu cuello, lamiendo el sudor salado. Le susurras al oído: "Vámonos de aquí, pendejo, o te cojo aquí mismo." Él ríe, grave y ronco, y te jala de la mano hacia la salida. Afuera, el aire fresco de la noche mexicana los golpea, pero el fuego entre ustedes arde más fuerte. Suben a su coche, un Tsuru viejo pero chido, y apenas cierran la puerta, sus bocas chocan.

Su lengua invade tu boca, sabe a tequila ahumado y deseo puro, chupando tu labio inferior con hambre. Tus uñas se clavan en su nuca, enredándose en su pelo corto, mientras él te manosea los pechos por encima del vestido, pellizcando los pezones hasta que gimes contra su boca. "Qué rica estás, con este pelo rojo pasión me vas a quemar vivo." Sus palabras te calientan más, y bajas la mano a su entrepierna, sintiendo su verga tiesa como fierro bajo los jeans.

Llegan a su depa en la Roma, un lugar modesto pero con luz tenue y velas que enciende rápido. Te empuja contra la pared apenas entran, el yeso fresco contra tu espalda, contrastando con sus manos calientes bajando tu vestido. Tus tetas saltan libres, pezones duros como piedras, y él los chupa uno a uno, mordisqueando suave, el sonido húmedo de su boca llenando la habitación. Tú arqueas la espalda, el Garnier Rojo Pasion cayendo como una cortina de fuego alrededor de su cabeza mientras él te devora.

Lo jalas al sillón, lo sientas y te subes a horcajadas, frotando tu coño mojado contra su bulto. Desabrochas sus jeans, liberas su verga gruesa, venosa, la cabeza brillando de precum. La agarras, piel suave sobre acero, y la lames desde la base hasta la punta, saboreando su gusto salado, almizclado. Él gruñe, "¡Carajo, qué chingón tu boca!", enredando los dedos en tu pelo rojo, guiándote sin forzar, solo disfrutando el ritmo.

Pero quieres más. Te levantas, te quitas el tanga empapado, el aroma de tu excitación flotando pesado. Te sientas en su regazo, frotas tu clítoris contra su verga, lubricándola con tus jugos. Lentito, piensas, saboreando la tensión, el roce que te hace jadear. Él te agarra las nalgas, amasándolas, y cuando no aguantas, bajas despacio, su verga abriéndote centímetro a centímetro. Sientes cada vena estirando tus paredes, llenándote hasta el fondo, un estirón delicioso que te arranca un grito.

Cabalgas lento al principio, el slap slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos roncos y tus suspiros agudos. Tu pelo rojo cae sobre su pecho, él lo agarra, tira suave para arquearte, exponiendo tu cuello para morderlo. El dolor placentero te empuja más rápido, tus caderas girando, frotando tu punto G contra él. Sudor perla en su frente, gotea salado en tu lengua cuando lo besas. Esto es puro fuego, sientes en cada embestida, el calor subiendo por tu espina, coño palpitando alrededor de su verga.

Él te voltea, ahora él arriba, piernas sobre sus hombros, penetrándote profundo, el ángulo golpeando justo ahí. "¡Sí, cabrón, así!" gritas, uñas rasguñando su espalda. El cuarto huele a sexo crudo, a piel sudada y jugos mezclados. Su ritmo acelera, bolas golpeando tu culo, y sientes el orgasmo construyéndose, una ola desde el estómago hasta el clítoris. Él jadea, "Me vengo, nena, me vengo contigo."

Explota primero él, chorros calientes llenándote, contrayendo tus paredes, y tú lo sigues, un estallido blanco que te hace ver estrellas, piernas temblando, coño ordeñándolo hasta la última gota. Gritas su nombre, él el tuyo, cuerpos pegados, pulsos latiendo al unísono.

Caen juntos al sillón, exhaustos, su verga aún dentro, suavizándose lento. Te acaricia el pelo rojo, besándolo. "Ese Garnier Rojo Pasion es mágico, despertó algo en ti... en nosotros." Ríes bajito, pieles pegajosas enfriándose, el afterglow envolviéndolos como niebla tibia. Afuera, la ciudad ronronea, pero aquí, en este momento, solo existe el latido compartido, la promesa de más noches así, con fuego en el pelo y en el alma.

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