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Hakuna Group Music Pasión de Dios

6930 palabras

Hakuna Group Music Pasión de Dios

El aire salado de Playa del Carmen te envuelve como un amante impaciente mientras caminas hacia el escenario improvisado en la playa. La noche es cálida, pegajosa, con ese olor a mar mezclado con humo de fogatas y el dulzor de cervezas frías. Hakuna Group Music está por tocar, y neta, has oído que su rola estrella, Pasión de Dios, es de esas que te prenden el alma y el cuerpo al mismo tiempo. Llevas un vestido ligero que se pega a tu piel sudada, sintiendo cada brisa como una caricia prohibida.

La multitud vibra ya con anticipación. Luces de neón parpadean sobre cuerpos bailando, pieles bronceadas reluciendo bajo la luna. Te abres paso, el sonido de las olas rompiendo a lo lejos se mezcla con el murmullo excitado. De repente, lo ves: un wey alto, moreno, con ojos que brillan como estrellas en el cielo caribeño. Está solo, con una cerveza en la mano, moviéndose al ritmo de la banda de calientamiento. Sus músculos se marcan bajo la camisa abierta, y cuando sus miradas se cruzan, sientes un cosquilleo en el estómago, como si el mundo se detuviera.

Órale, ¿por qué carajos me mira así? Como si ya supiera todos mis secretos.
Piensas mientras te acercas, fingiendo casualidad. Él sonríe, esa sonrisa pícara que dice ven pa'cá.

¿Qué onda, morra? ¿Vienes por el Hakuna Group Music? —te pregunta con voz ronca, acercándose lo suficiente para que huelas su colonia mezclada con sudor fresco.

Sí, wey. Sobre todo por Pasión de Dios. Me late cañón esa rola, respondes, sintiendo el pulso acelerado en tus venas.

Se llama Javier, carnal de la banda de apoyo, y en minutos están platicando como si se conocieran de toda la vida. La química es chida, de esas que te hace reír y morderte el labio al mismo tiempo.

Las luces se apagan de golpe y el escenario explota en vida. Hakuna Group Music sube, guitarras rugiendo, batería retumbando como un corazón enloquecido. El vocalista grita el primer acorde, y la playa entera se convierte en un mar de cuerpos ondulantes. Javier te toma de la mano, te jala hacia el frente. Sientes su palma cálida, áspera, contra la tuya, y un calor sube por tu espina dorsal.

La música te invade: bajos profundos que vibran en tu pecho, te hacen sentir cada nota en las caderas. El olor a sal, arena húmeda y deseo colectivo llena el aire. Javier se pega a tu espalda, sus manos en tu cintura, guiándote en el baile. Su aliento caliente en tu cuello te eriza la piel.

Esto está cabrón. Su cuerpo contra el mío, duro, listo. ¿Y si lo beso ya?

El set avanza, rolas pegajosas que hablan de libertad y fuego interior. Entonces llega Pasión de Dios. El ritmo se vuelve lento, sensual, como un latido divino. Letras que susurran de éxtasis prohibido, de tocar lo sagrado con manos pecadoras. Javier gira tu cuerpo hacia él, sus ojos clavados en los tuyos. Bailan pegados, cadera con cadera, el roce de su erección contra tu vientre enviando chispas por todo tu ser. Sudor perla en su frente, gotea hasta su pecho expuesto, y tú no puedes evitar lamerte los labios, imaginando su sabor salado.

Me estás volviendo loco, preciosa, murmura en tu oído, su voz ahogada por la música pero clara como el cristal.

Tus manos suben por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa. El beso llega natural, como la ola que lame la orilla. Sus labios carnosos, su lengua explorando con hambre contenida. Saben a cerveza y pasión pura. La multitud los arrulla, anónima, mientras sus manos bajan a tus nalgas, apretando con fuerza juguetona.

El beso se profundiza, dientes rozando, gemidos perdidos en el estruendo. Sientes tu centro humedecerse, el vestido pegándose traicionero entre tus muslos. Javier te aprieta más, su dureza presionando, prometiendo alivio.

La rola termina en un clímax de tambores, y él te susurra:

Vámonos de aquí. Quiero devorarte entera.

No hay tiempo para dudas. Lo sigues por la playa, arena suave bajo tus pies descalzos, el sonido de la música desvaneciéndose. Encuentran una cabaña cercana, la suya, con hamaca balanceándose en la terraza. Adentro, velas parpadean, oliendo a coco y vainilla. Te empuja contra la pared de madera, besos fieros ahora, manos ansiosas.

Te quita el vestido de un tirón, exponiendo tu piel al aire fresco. Sus ojos te recorren como si fueras un banquete.

Eres una diosa, neta, dice, arrodillándose. Sus labios trazan un camino ardiente por tu vientre, bajando. Sientes su aliento en tu monte, caliente, expectante. Cuando su lengua toca tu clítoris, arqueas la espalda, un gemido gutural escapando. Chingón, piensas, mientras él lame con devoción, saboreando tu néctar dulce y salado. Tus manos en su pelo, jalando, guiándolo más profundo. El placer sube en olas, tu pulso latiendo en oídos, piel erizada.

Esto es la Pasión de Dios, joder. Pura bendición carnal.

Lo jalas arriba, desabrochando su pantalón. Su verga salta libre, gruesa, venosa, palpitante. La tocas, sientes su calor aterciopelado, el pre-semen lubricando tu palma. Él gime, cabrón, cuando la acaricias de arriba abajo. Lo empujas a la cama, montándolo con urgencia. Su punta roza tu entrada, y desciendes lento, centímetro a centímetro, sintiendo el estiramiento delicioso, el llenado completo.

Empiezas a moverte, caderas girando al ritmo imaginario de Hakuna Group Music. Sus manos en tus pechos, pellizcando pezones duros como piedras. Sudor gotea entre vuestros cuerpos, slap-slap de piel contra piel, olores de sexo crudo invadiendo la habitación: almizcle, sal, esencia pura de deseo. Él empuja arriba, profundo, golpeando ese punto que te hace ver estrellas.

Más rápido, mi reina. Córrete pa' mí, gruñe, voz quebrada.

La tensión crece, espiral infinita. Tus uñas en su pecho, dejando marcas rojas. Gemidos se convierten en gritos, el clímax te arrasa como tsunami: contracciones violentas, jugos empapando sus bolas, visión borrosa de placer cegador. Él te sigue segundos después, llenándote con chorros calientes, rugiendo tu nombre.

Colapsan juntos, entrelazados, respiraciones jadeantes calmándose. Su piel pegada a la tuya, corazones latiendo al unísono. Afuera, las olas susurran aprobación, la noche envuelve en paz.

Esto fue la neta Pasión de Dios, susurras, besando su hombro salado.

Él ríe bajito, acariciando tu espalda.

Y apenas empieza, preciosa. Mañana otro concierto de Hakuna Group Music. ¿Vienes?

Sonríes en la oscuridad, sabiendo que sí. El fuego enciende de nuevo, lento, prometiendo más noches divinas.

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