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Como Llegar a Isla Pasion el Secreto del Deseo

7006 palabras

Como Llegar a Isla Pasion el Secreto del Deseo

Estás sentado en tu departamentito en la Roma, con el ruido de los coches allá abajo y el calor pegajoso de la noche de verano en la CDMX entrando por la ventana. Neta, wey, la vida te tiene hasta la madre. Trabajo de oficina, jefes pendejos, morras que vienen y van sin dejar huella. Una noche, mientras te jalas una chela fría, tecleas en Google: "como llegar a isla pasion". Sale un sitio web medio misterioso, con fotos de playas turquesas, palmeras susurrando con la brisa y cuerpos bronceados rozándose bajo el sol. No es cualquier isla, carnal. Isla Pasion, un paraíso chido para adultos, allá en el Pacífico, cerca de Nayarit. Reservas el paquete sin pensarlo dos veces: ferry desde Puerto Vallarta, todo incluido, ropa opcional.

El ferry zarpa al amanecer. Sientes el slap slap de las olas contra el casco, el olor a sal y diesel mezclándose con el café que te sirven en la cubierta. El viento te azota la cara, despeinando tu pelo, y por primera vez en meses, sientes un cosquilleo en el estómago, como si algo grande estuviera por pasar. Llegas a Isla Pasion después de dos horas de navegación. El muelle es un paraíso: arena blanca crujiendo bajo tus sandalias, el sol calentando tu piel, y el aroma dulce de coco y flores tropicales invadiendo tus fosas nasales. Un güey con short y sonrisa pícara te da la bienvenida.

¡Órale, carnal! Bienvenido a Isla Pasion. Aquí se vive sin reglas, solo placer, te dice mientras te lleva en un carrito de golf por un camino bordeado de buganvilias rojas. Ves parejas besándose en hamacas, risas flotando en el aire, y el sonido lejano de olas rompiendo. Te asignan una cabaña frente al mar, con cama king size, mosquitero blanco y una botella de tequila reposado esperándote. Te despojas de la ropa sudada del viaje, te metes bajo la regadera fría. El agua resbala por tu pecho, endureciendo tus pezones, y piensas:

Esto es lo que necesitaba, wey. Dejar ir todo y solo sentir.

Al bajar a la playa principal, la ves. Se llama Ximena, una morra de Guadalajara, con curvas que te dejan boquiabierto: tetas firmes asomando bajo un pareo translúcido, caderas anchas que se mueven como olas, piel morena reluciente de aceite de coco. Está recostada en una tumbona, con un cóctel en la mano, el sol pintando destellos dorados en su cabello negro largo. Sus ojos cafés te atrapan cuando pasas cerca. ¿Cómo llegar a Isla Pasion?, piensas con una sonrisa interna, así, directo al corazón del deseo.

Acto uno completo, la tensión ya vibra en el aire. Te acercas, casual, con tu short de baño colgando flojo. ¿Qué onda? ¿Primera vez aquí?, le preguntas. Ella se incorpora, su pareo se desliza un poco, dejando ver el borde de su tanga. Sí, wey. Vine a desconectarme de la pinche rutina. Tú pareces saber cómo llegar a Isla Pasion, ¿no? Ríen. Charlan de todo: el tráfico en GDL, lo chido del tequila, cómo la ciudad ahoga el alma. El sol baja, tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el aroma de mariscos asados llega desde el restaurante. La invitas a cenar. Acepta con una mirada que promete más.

En la mesa bajo las estrellas, con velas parpadeando y mariachis tocando suave de fondo, la química explota. Sus pies descalzos rozan tu pierna bajo la mesa, un toque eléctrico que sube por tu espinazo. Comes langosta fresca, jugosa, el sabor salado explotando en tu lengua, mientras ella lame mantequilla de sus dedos despacio, mirándote fijo. Estás cañón, le dices, y ella responde: Tú tampoco estás tan pendejo, guapo. Beben mezcales ahumados, el alcohol calentando sus venas. Bailan en la arena, cuerpos pegados, su sudor mezclándose con el tuyo, el ritmo de sus caderas contra tu entrepierna endureciéndote al instante. Sus labios rozan tu oreja:

¿Quieres saber cómo llegar al verdadero corazón de Isla Pasion?
Asientes, el pulso latiendo fuerte en tus sienes.

La llevas a tu cabaña, o mejor dicho, ella te guía, sus manos en tu cintura. La puerta se cierra con un clic suave. Se quita el pareo, revelando su cuerpo desnudo, perfecto: pezones oscuros erectos, vientre plano, el triángulo oscuro entre sus muslos brillando de anticipación. Tú te desprendes del short, tu verga saltando libre, dura como piedra. Se miran, el aire cargado de deseo. Ven, murmura ella, tirando de ti a la cama. Sus bocas se encuentran, lenguas danzando salvajes, sabor a mezcal y sal marina. Sus manos exploran tu pecho, uñas arañando ligero, enviando chispas por tu piel.

La besas bajando por su cuello, inhalando su perfume de vainilla y sudor fresco. Chupas sus tetas, la lengua girando en los pezones, ella gime bajito, ¡Ay, wey, qué rico! Tus dedos bajan, rozan su clítoris hinchado, mojado ya. Ella jadea, arqueando la espalda, el sonido de su placer como música. Métemela ya, suplica, pero tú vas lento, construyendo. La volteas boca abajo, besas su espalda, muerdes suave sus nalgas redondas. Tu lengua encuentra su concha, saboreando su miel dulce y salada, lamiendo despacio mientras ella se retuerce, ¡No mames, carnal, me vas a matar!

La tensión sube como marea. Te posicionas, la punta de tu verga rozando su entrada húmeda. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes calientes apretándote, pulsando. Sí, así, fóllame fuerte, ordena ella, empoderada, guiando tus caderas. Empujas profundo, el slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos y los del mar afuera. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote salvaje, tetas rebotando, pelo volando, ojos en llamas. Sientes su concha contrayéndose, ordeñándote, el olor a sexo llenando la habitación. Tus bolas se aprietan, el clímax acercándose como tormenta.

Explosión. Ella grita primero, ¡Me vengo, cabrón!, su cuerpo temblando, jugos calientes empapándote. Tú la sigues, vaciándote dentro de ella en chorros calientes, el placer cegador, venas ardiendo, mundo disolviéndose en blanco. Colapsan juntos, sudorosos, jadeantes, corazones galopando al unísono. El afterglow es puro: su cabeza en tu pecho, dedos trazando círculos en tu piel, el sonido de olas arrullándolos. Huelen a sexo y mar, piel pegajosa, sonrisas tontas.

Esto es Isla Pasion, piensas, no solo cómo llegar, sino quedarse en el éxtasis. Al amanecer, envueltos en sábanas revueltas, planean más aventuras: snorkel desnudos, masajes mutuos. Ximena susurra:

Gracias por mostrarme el camino, wey. Aquí todo es posible.
Sales a la playa, manos entrelazadas, el sol naciente prometiendo días de placer infinito. La isla te ha cambiado, carnal. Ya no eres el mismo pendejo de la ciudad. Ahora sabes como llegar a Isla Pasion: con el corazón abierto y el cuerpo listo para arder.

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