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Pasión y Baile Netflix Desatada

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Pasión y Baile Netflix Desatada

Estás recostada en el sofá de tu depa en la Condesa, con las luces bajas y el aire fresco de la noche colándose por la ventana entreabierta. El olor a café recién hecho aún flota en el ambiente, mezclado con el perfume dulce de tu loción de vainilla. Él, tu carnal de toda la vida convertido en algo más ardiente, se acomoda a tu lado, su pierna rozando la tuya con esa electricidad que siempre enciende chispas. Órale, esta noche va a estar chida, piensas mientras agarras el control remoto.

"¿Qué pelamos, mi reina?", te pregunta con esa voz ronca que te eriza la piel, su mano grande posándose en tu muslo desnudo bajo la falda corta. Tú sonríes pícara, navegando por Netflix hasta que das con Pasión y Baile, esa serie nueva que anda en boca de todos. Bailarines sudorosos en escenarios iluminados por focos rojos, cuerpos retorciéndose al ritmo de salsa y cumbia prohibida, miradas que prometen más que pasos de baile. "Esta, wey. Neta que se ve buena pa' calentar el ambiente".

Presionas play y el primer episodio arranca con un bombo que retumba en tus entrañas. La protagonista, una morra culona y tetona con ojos de fuego, se mueve contra su galán en una pista abarrotada. Sus caderas ondulan como olas, el sudor brillando en su piel morena bajo las luces. Tú sientes un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo por tu vientre. Él se acerca más, su aliento cálido en tu cuello.

Pinche serie, ya me está poniendo cachonda. ¿Y si lo provoco un poco?
Sus dedos aprietan tu muslo, subiendo despacito, rozando el encaje de tus calzones.

La música de la tele invade la sala, ritmos latinos que hacen vibrar el piso. En pantalla, los amantes se rozan en un baile íntimo, sus sexos presionándose al compás. Tú no aguantas más. Te levantas de un brinco, la falda flameando, y le extiendes la mano. "¡Ven, pendejo! Bailemos como ellos". Él ríe, pero sus ojos brillan con deseo puro. Se pone de pie, alto y fuerte, quitándose la playera en un movimiento fluido que deja ver su pecho velludo y marcado por el gym.

El espacio entre el sofá y la tele se convierte en su pista privada. Tú pegas tu cuerpo al suyo, sintiendo el calor de su piel contra la tuya. Sus manos en tu cintura, guiándote en un vaivén lento. El olor a su sudor fresco te embriaga, mezclado con el aroma masculino de su colonia. Tan duro ya, piensas al sentir su verga tiesa presionando tu panza. Bailan al ritmo de Pasión y Baile Netflix, imitando las coreografías: giros sensuales donde tu culo roza su paquete, espaldas arqueadas que juntan pechos y tetas.

"Estás rica, mi amor", murmura en tu oído, mordisqueando el lóbulo. Su lengua húmeda te hace jadear, un escalofrío bajando directo a tu clítoris. Tú giras, presionando tus nalgas contra él, moviéndote como la bailarina de la serie. El roce es eléctrico, su erección latiendo a través de los jeans. Tus pezones se endurecen bajo la blusa delgada, rozando su piel desnuda cada vez que te inclinas. El sonido de sus respiraciones agitadas se mezcla con la música, el slap-slap de pies contra el piso.

La tensión sube como la marea. En la tele, los personajes se besan con hambre, manos explorando curvas. Tú imitas, volteando para devorar su boca. Sus labios carnosos te chupan la lengua, saboreando a tequila y menta.

No mames, lo quiero adentro ya, pero hay que alargar esto, que arda más
Tus uñas arañan su espalda, dejando surcos rojos que él gime de placer. Él baja las manos a tu culo, amasándolo fuerte, levantando la falda para exponer tus calzones empapados.

Caen al sofá enredados, pero el baile no para. Él te sienta en su regazo, tus piernas abiertas a horcajadas. Mueves las caderas como en Pasión y Baile, frotándote contra su bulto. El jeans raspa delicioso contra tu coño húmedo, el calor de su verga filtrándose. "Quítate eso, cabrón", exiges, jalando su cinturón. Él obedece, liberando su polla gruesa y venosa, la cabeza brillando de precum. Tú la agarras, sintiendo el pulso acelerado en tu palma, el calor como hierro candente.

Te incorporas un segundo para desvestirte, la blusa volando, los calzones deslizándose por tus muslos. Desnuda, piel de gallina por el aire, te sientas de nuevo. Su boca ataca tus tetas, chupando pezones duros como piedras, lamiendo con lengua experta. El placer es un rayo directo a tu entrepierna, jugos chorreando por tus labios hinchados. ¡Ay, wey, qué rico! Gimes, arqueando la espalda. Tus caderas giran, untando tu humedad en su verga expuesta.

Él te levanta como pluma, caminando al cuarto con pasos firmes. Te arroja a la cama king size, las sábanas frescas contra tu espalda ardiente. El olor a sexo ya impregna el aire, almizcle y deseo puro. Se quita el resto de la ropa, su cuerpo atlético brillando de sudor. Tú abres las piernas, invitándolo con la mirada. "Ven, fóllame como en la serie".

Se arroja sobre ti, su peso delicioso aplastándote. Besos salvajes, lenguas batallando. Sus dedos exploran tu coño, separando labios para hundirse en tu calor resbaloso. Dos dedos, tres, curvándose para tocar ese punto que te hace gritar. "Estás chorreando, puta mía", gruñe, lamiendo tus jugos de sus dedos. Tú lo jalas por el pelo, guiándolo abajo. Su boca devora tu clítoris, lengua girando como en un baile frenético. El placer te nubla, caderas empujando contra su cara, olor a tu excitación llenando sus fosas nasales.

No aguantas. "Métemela ya, porfa". Él se posiciona, la punta gruesa abriendo tu entrada. Empuja lento, centímetro a centímetro, estirándote hasta el fondo. ¡Pinche verga enorme, me parte en dos! Gimes al sentirlo completo, bolas contra tu culo. Empieza el ritmo, embestidas profundas al son de la música lejana de Netflix. Sudor gotea de su frente a tus tetas, salado en tu lengua cuando lo lames. Sus manos agarran tus caderas, clavándose, guiando el vaivén.

La intensidad crece. Tú lo volteas, montándolo como amazona. Caderas girando, subiendo y bajando, su polla golpeando tu G-spot. Sus manos amasan tus tetas, pellizcando pezones. "¡Sí, cabrón, así! ¡Más duro!" El slap de carne contra carne, gemidos roncos, el colchón crujiendo. Sientes el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en tu vientre. Él te aprieta el clítoris, frotando en círculos. Explotas primero, coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojando sábanas. "¡Me vengo, wey! ¡Aaaah!"

Él ruge, embistiendo como bestia, llenándote de semen caliente, pulsos y pulsos adentro. Colapsan juntos, cuerpos temblando, respiraciones entrecortadas. Su peso sobre ti es consuelo, su verga ablandándose aún dentro. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. El olor a sexo y sudor es embriagador, piel pegajosa unida.

Después, envueltos en las sábanas revueltas, la tele aún murmurando Pasión y Baile Netflix de fondo. Tú acaricias su pecho, sintiendo su corazón latir calmándose.

Esta noche fue fuego puro. Mañana repetimos, neta
Él te besa la frente. "Te amo, mi bailarina". Y en ese afterglow, con el cuerpo saciado y el alma plena, cierras los ojos, sabiendo que el baile apenas empieza.

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