Abismo de Pasion Capitulo 157 Llamas Eternas
Sofía caminaba por las calles empedradas de San Miguel de Allende, el sol del atardecer tiñendo todo de un naranja ardiente que hacía que su piel morena brillara como miel fresca. Llevaba un vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas generosas, el escote profundo dejando ver el nacimiento de sus senos firmes. Hacía calor, pero no era el clima lo que le aceleraba el pulso; era la promesa de la noche con Alejandro. Este cabrón siempre sabe cómo hacerme arder, pensó mientras subía las escaleras hacia la terraza del hotel boutique donde él la esperaba.
Al llegar, lo vio recargado en la barandilla, con una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, mostrando ese vello oscuro que ella adoraba recorrer con las yemas de los dedos. Sus ojos negros la devoraron de inmediato, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios carnosos. "Órale, mi reina, llegaste justo a tiempo pa' este abismo de pasion capitulo 157 que te tengo preparado", le dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel. Sofía soltó una carcajada, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. "¿Capitulo 157? ¿Ya vamos tan lejos en nuestra novela, amor?"
La mesa estaba puesta con velas parpadeantes, el aroma del mole poblano mezclado con chocolate caliente flotando en el aire, y una botella de mezcal artesanal reluciendo bajo la luz. Se sentaron frente a frente, sus rodillas rozándose bajo el mantel de lino. Cada bocado era una tortura deliciosa: el picor del chile en su lengua, el dulzor del cacao pegándose al paladar. Alejandro la observaba, sus dedos jugueteando con el borde de su copa. "Neta, Sofía, cada vez que te veo, siento que caigo más hondo en este abismo. ¿Recuerdas la primera vez? En la playa de Puerto Vallarta, con las olas rompiendo y tu cuerpo temblando bajo el mío".
Ella asintió, recordando el salitre en su piel, el sonido de las gaviotas y el calor húmedo envolviéndolos. Pero esta noche era diferente; había una tensión nueva, un deseo acumulado de semanas separados por sus trabajos. Él era arquitecto, diseñando haciendas lujosas en Guanajuato; ella, galerista de arte, siempre rodeada de pintores bohemios que la miraban con hambre.
¿Y si esta vez lo hago mío del todo? Que no quede duda de quién manda en esta pasión, se dijo Sofía, mientras su pie subía por la pantorrilla de él, sintiendo los músculos tensos bajo el pantalón.
La cena se alargó con pláticas picantes, risas y roces casuales que no lo eran. El mezcal bajaba suave, quemando la garganta y soltando las inhibiciones. "Ven, mi chula", murmuró Alejandro al fin, levantándose y jalándola hacia la suite. La puerta se cerró con un clic suave, y el mundo exterior desapareció. La habitación era un oasis: cama king con sábanas de algodón egipcio, balcón con vista a las luces de la ciudad, y incienso de copal ardiendo, llenando el aire con un humo dulce y terroso.
Él la besó primero, lento, sus labios saboreando el mezcal en su boca. Sofía gimió bajito, el sonido vibrando en su pecho. Sus manos grandes la rodearon la cintura, atrayéndola contra su erección dura como piedra. Pinche verga, ya está lista pa' mí, pensó ella, mientras sus lenguas danzaban, húmedas y urgentes. El vestido rojo cayó al piso con un susurro de tela, dejando sus tetas al aire, pezones oscuros endureciéndose al roce del aire fresco. Alejandro jadeó, "Qué mamacita tan rica", y bajó la cabeza para lamer uno, succionando con fuerza que le mandó chispas directo al clítoris.
Sofía arqueó la espalda, sus uñas clavándose en los hombros de él. El olor de su colonia mezclada con sudor masculino la mareaba. Lo empujó hacia la cama, desabotonando su camisa con dedos temblorosos. Su pecho ancho, pectorales duros de tanto gym, y ese abdomen marcado que ella trazó con la lengua, saboreando la sal de su piel. "Quítate todo, wey", ordenó ella, voz ronca de deseo. Alejandro obedeció, su verga saltando libre, gruesa y venosa, la punta ya brillando de precum. Sofía se lamió los labios, arrodillándose para tomarla en la mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel caliente.
Lo miró a los ojos mientras lo lamía desde la base hasta la cabeza, el sabor almizclado explotando en su boca. Él gruñó, enredando los dedos en su cabello negro largo. "Sí, así, mi amor, chúpamela rica". Ella lo hizo, profunda, garganta relajada por la práctica, saliva resbalando por el eje. Los gemidos de él llenaban la habitación, mezclados con el zumbido distante de la ciudad. Pero no quería que terminara aún; lo quería dentro, llenándola. Se levantó, quitándose las bragas empapadas, el aroma de su excitación flotando pesado.
Alejandro la tumbó en la cama, sus cuerpos chocando con un slap húmedo. Besos por todo el cuerpo: cuello, clavículas, senos, vientre. Llegó a su panocha, labios hinchados y mojados, clítoris palpitante. "Estás chorreando, Sofi", dijo, soplando aire caliente que la hizo retorcerse. Su lengua entró, lamiendo lento, círculos alrededor del botón sensible. Ella gritó, "¡Ay, cabrón, no pares!", caderas elevándose para follarle la cara. El sabor de ella era dulce salado, como mango con chile, y él devoraba con hambre, dedos curvándose dentro para tocar ese punto que la volvía loca.
La tensión crecía, un nudo apretándose en su bajo vientre. Es ahora, en este abismo de pasion capitulo 157, donde nos perdemos del todo, pensó Sofía, mientras orgasmos pequeños la sacudían, jugos empapando las sábanas. Pero quería más. "Métemela, Alejandro, ya". Él se posicionó, la cabeza gruesa abriéndose paso en su entrada estrecha. Entró despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso quemándola por dentro. "¡Qué prieta estás, pinche delicia!", rugió él, embistiendo hondo hasta que sus pelvis chocaron.
El ritmo empezó lento, piel contra piel slap slap slap, sudores mezclándose, olores de sexo crudo impregnando el aire. Sofía clavó las uñas en su espalda, dejando marcas rojas. "Más fuerte, amor, rómpeme". Él aceleró, verga golpeando profundo, bolas azotando su culo. Sus pechos rebotaban con cada thrust, pezones rozando el pecho velludo de él. Gemidos se convirtieron en gritos, "¡Sí, sí, fóllame duro!", "¡Te voy a llenar, mi reina!". El clímax se acercaba, pulsos latiendo en sincronía, corazones desbocados.
En el pico, Sofía explotó primero, paredes contrayéndose alrededor de su verga, chorros calientes salpicando. "¡Me vengo, Alejandro!", aulló, visión nublándose de placer blanco. Él la siguió segundos después, gruñendo como animal, semen caliente inundándola, pulso tras pulso. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. El silencio post-orgasmo era roto solo por sus respiraciones entrecortadas y el viento nocturno en el balcón.
Alejandro se deslizó a su lado, besándola suave en la frente. "Este abismo de pasion capitulo 157 fue el mejor, ¿verdad?". Sofía sonrió, acurrucándose en su pecho, sintiendo el latido calmándose.
En sus brazos, el mundo es perfecto. Mañana vendrá el capitulo 158, pero esta noche es nuestra eternidad. El copal seguía ardiendo, el mezcal olvidado en la mesa, y ellos durmieron envueltos en sábanas revueltas, el aroma de su unión persistiendo como promesa de más.