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Jim Caviezel La Pasión de Cristo en Mi Piel

6403 palabras

Jim Caviezel La Pasión de Cristo en Mi Piel

Estaba sola en mi depa de la Roma, con el calor de julio pegándome en la cara como un beso ardiente. La tele prendida, y yo tirada en el sillón de terciopelo rojo, sudando bajo el ventilador que zumbaba como un mosco cachondo. La Pasión de Cristo, esa película que tanto me gustaba, con Jim Caviezel cargando la cruz, su cuerpo marcado por el sudor y el dolor, esos ojos azules que te traspasaban el alma. Neta, cada vez que la veía, algo se me removía adentro, un calor que subía desde el estómago hasta mis chichis, haciendo que se me pusieran duras como piedras.

Me quité la blusa, quedándome en bra y shortcito, el aire fresco rozándome la piel erizada. En la pantalla, Jim Caviezel azotado, su espalda sangrando, pero qué guapo el cabrón, con esa barba espesa y el pecho ancho.

¿Por qué me prende tanto este sufrimiento? ¿Será que quiero sanar esas heridas con mi lengua?
Me imaginé lamiendo su piel salada, oliendo ese aroma a hombre puro, a tierra y sudor mezclado. Mis manos bajaron solas, rozando mi panza suave, bajando más, hasta meterse en el short. Estaba mojadísima, mis dedos resbalando en esa humedad caliente que sabía a miel dulce.

El timbre sonó de repente, como un latido en mi clítoris. ¿Quién chingados a las once de la noche? Me levanté de un brinco, el corazón latiéndome en la garganta. Abrí la puerta y ahí estaba él, Alejandro, mi vecino del depa de al lado. Alto, moreno, con ojos claros que brillaban como los de Jim Caviezel en La Pasión de Cristo. Llevaba una playera ajustada que marcaba sus músculos, jeans rotos en las rodillas, y un olor a colonia fresca con toque de tabaco que me mareó.

—Oye, Ana, perdón por la hora, güey, pero oí la tele a todo volumen y pensé que te estabas muriendo o algo —dijo con esa voz grave, sonriéndome con dientes perfectos.

—Pasa, pendejo, no muerdo... todavía —le contesté coqueta, sintiendo cómo mis pezones se marcaban contra el bra. Lo dejé entrar, cerrando la puerta con un clic que sonó como promesa. Se sentó en el sillón, y en la tele justo pasaba la escena del huerto, Jim Caviezel orando, sudando bajo la luna.

¿La Pasión de Cristo? Con Jim Caviezel, ¿verdad? Neta, ese vato parece mi carnal perdido —rió, y yo lo miré fijo. Era verdad, el doble perfecto: misma quijada fuerte, mismo pelo ondulado, mismo porte de dios pagano disfrazado de santo.

Nos quedamos viendo un rato, platicando de la peli, de cómo Caviezel se veía tan real en el dolor. El aire se cargaba de tensión, como antes de una tormenta en el DF. Yo crucé las piernas, sintiendo mi concha latiendo, húmeda y ansiosa. Él se acercó un poco, su muslo rozando el mío, calor transmitiéndose como corriente eléctrica.

—Sabes, Ana, siempre te he visto por el pasillo, con ese culo que se menea como tentación viva. ¿Por qué no nos hemos cogido antes? —susurró, su aliento cálido en mi oreja, oliendo a cerveza y deseo.

Me giré, nuestros labios a milímetros.

Es él, es Jim Caviezel resucitado en mi sala, listo para la pasión verdadera.
Lo besé, suave al principio, saboreando sus labios carnosos, lengua explorando su boca con gusto a menta y hombre. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desabrochando el bra con un experto chasquido. Mis chichis saltaron libres, pezones duros rozando su pecho a través de la playera.

El beso se volvió feroz, lenguas enredadas, gemidos ahogados. Lo empujé al sillón, montándome encima, sintiendo su verga dura como cruz bajo los jeans, presionando mi entrepierna empapada. Olía a su sudor fresco, a piel caliente, y yo me frotaba contra él, el short empapándose más.

—Quítate todo, chulo, quiero verte como a él —jadeé, arrancándole la playera. Su torso desnudo, pectorales firmes, abdomen marcado, vello oscuro bajando hasta el ombligo. Parecía sacado de la película, pero vivo, palpitante, mío. Él me bajó el short, dedos hundiéndose en mi culo redondo, amasándolo como masa para pan dulce.

Nos movimos a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. La luz de la tele parpadeaba, iluminando su cuerpo como en Getsemaní. Me tendí, abriendo las piernas, mi concha rosada y brillante expuesta. Él se arrodilló, besando mis muslos internos, lengua lamiendo despacio, subiendo hasta mi clítoris hinchado. Qué rico, su boca chupando suave, luego fuerte, dedos metiéndose en mí, curvándose para tocar ese punto que me hacía arquear la espalda. Gemí alto, ¡A huevo, así! oliendo mi propio aroma almizclado mezclándose con el suyo.

Lo jalé arriba, queriendo su verga. La saqué de los jeans, gruesa, venosa, cabeza roja brillando de precum. La lamí desde la base, saboreando sal y piel suave, metiéndomela hasta la garganta mientras él gruñía, manos en mi pelo.

Sabe a pecado delicioso, como la pasión prohibida de Cristo hecha carne.

Me puse a cuatro, él detrás, verga rozando mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Madre mía! Llenándome por completo, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El sonido de piel contra piel, chapoteo húmedo, nuestros jadeos llenando el cuarto. Sudábamos, cuerpos pegajosos, su pecho contra mi espalda, besos en el cuello mordiendo suave.

—Más fuerte, Ale, cógeme como si fuera la redención —le rogué, y él obedeció, follándome duro, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos. La tensión crecía, mi vientre apretándose, orgasmos asomando como olas. Él se tensó, gruñendo mi nombre, y explotamos juntos: yo convulsionando, chorros de placer mojando las sábanas, él llenándome con chorros calientes, profundos.

Caímos exhaustos, cuerpos entrelazados, pieles pegadas por sudor y fluidos. Su corazón latía contra mi pecho, respiraciones calmándose. La tele seguía, Jim Caviezel en la cruz, pero ahora yo sentía la verdadera pasión en mi piel, resucitada por este doble carnal.

—Neta, Ana, eres fuego puro —murmuró, besándome la frente.

Me acurruqué, oliendo su cuello, saboreando el afterglow.

La Pasión de Cristo nunca fue tan real, tan mía.
Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en mi cama, habíamos creado nuestro propio evangelio de placer.

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