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El Actor del Diario de una Pasión en mi Piel

6157 palabras

El Actor del Diario de una Pasión en mi Piel

Estaba sola en mi depa de Polanco, con la tele prendida y una chela fría en la mano. Afuera, las luces de la Ciudad de México parpadeaban como estrellas chuecas, pero yo solo tenía ojos para la pantalla. Diario de una pasión, esa película que me ponía la piel chinita cada vez. Noé, el actor principal, con esos ojos azules que te miran hasta el alma, esa mandíbula marcada y esa forma de tocar a Allie que me hacía apretar las piernas sin querer. Neta, cada escena de lluvia y besos me dejaba mojadita, imaginándome en su lugar.

¿Y si un vato así me cayera del cielo? Uno que me hiciera sentir esa pasión salvaje, sin frenos, solo piel contra piel.
Me recargué en el sofá, sintiendo el aire acondicionado rozándome las piernas desnudas bajo el shortcito. El olor a popcorn quemado flotaba en el aire, mezclado con mi perfume de vainilla. Me mordí el labio, pensando en cómo sería su boca en la mía, áspera y hambrienta.

Decidí salir. Llamé a mis cuates, Lupita y Karla, y nos fuimos a un bar en la Zona Rosa. Música electrónica retumbaba, cuerpos se movían al ritmo, luces neón pintaban todo de rojo y morado. Pedimos unos tequilas con limón y sal, y mientras charlábamos pendejadas, lo vi. Alto, hombros anchos, pelo oscuro revuelto justo como Noé. Estaba en la barra, riendo con unos amigos, con una camisa blanca que se le pegaba al pecho por el sudor. El actor del diario de una pasión, pensé, y se me erizó la piel. Neta, era idéntico, como si hubiera bajado de la pantalla.

Lupita me dio un codazo. "Órale, Ana, ve por él, se ve cañón", me dijo, y yo, con el tequila corriéndome por las venas, me acerqué. "Hola, ¿vienes seguido por acá?", le solté, sintiendo mi corazón latir como tambor. Él volteó, sonrió con esa mueca perfecta, y sus ojos me recorrieron de arriba abajo. "Primera vez, pero si te veo a ti, vuelvo todos los días". Su voz grave me vibró en el pecho, olía a colonia amaderada y tequila fresco. Charlamos, nos reímos de la película que tanto me gustaba. "¿Sabes que me dicen el actor del diario de una pasión por esto?", dijo tocándose la quijada, y yo casi me derrito. La tensión crecía, cada roce accidental de su brazo en mi piel mandaba chispas directo a mi entrepierna.

La noche avanzaba, bailamos pegaditos, su mano en mi cintura baja, mi culo rozando su paquete que ya se sentía duro. "¿Quieres ir a mi depa? Está cerca", le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo suave. Él asintió, ojos encendidos. "Sí, nena, muéstrame tu pasión". Salimos tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra mi piel caliente, taxis pitando alrededor mientras caminábamos rápido, riendo como pendejos enamorados.

En mi depa, cerré la puerta y lo empujé contra la pared. Nuestros labios chocaron, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta, áspera y demandante. Gemí bajito, mis manos en su pecho firme, sintiendo los músculos saltar bajo la camisa. Él me levantó en brazos, mis piernas envolviéndolo, y me llevó al cuarto. La luz tenue de la lámpara pintaba sombras en su cara, igualita a la del actor.

Esto es real, no sueño, su verga presiona contra mí, dura como piedra.

Me tiró en la cama suave, sus manos quitándome la blusa despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al descubierto. Olía a su sudor limpio, masculino, mezclado con mi aroma de excitación que ya empapaba mis panties. "Estás riquísima, Ana", murmuró, lamiendo mi cuello, bajando a mis tetas. Chupó un pezón rosado, duro como piedrita, tirando suave con los dientes, y yo arqueé la espalda, gimiendo fuerte. "¡Ay, cabrón, no pares!" Mis uñas en su espalda, arañando ligera, el sonido de su respiración agitada llenando el cuarto.

Le quité la camisa, besando su torso definido, lengua trazando los abdominales que bajaban a su pantalón. Desabroché el cinturón, saqué su verga gruesa, venosa, palpitante. Olía a hombre puro, salado. La lamí de abajo arriba, saboreando la gota perlada en la punta, salada y dulce. Él gruñó, mano en mi pelo. "Mamarla así, qué chido". La chupé hondo, garganta relajada, sintiendo cómo latía en mi boca, sus caderas moviéndose suave.

Pero quería más. Lo empujé boca arriba, me quité el short y las panties, mi panocha depiladita brillando de jugos. Me subí encima, rozando su verga contra mis labios hinchados, lubricándolos. "Te la meto ya", le dije, y bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, llenándome hasta el fondo. "¡Puta madre, qué prieta!", jadeó él, manos en mis caderas. Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada roce en mi clítoris, el estirón delicioso. El cuarto olía a sexo, a sudor y fluidos, sonidos chapoteantes de mi concha tragándosela entera.

La tensión subía, mis tetas rebotando, su mirada clavada en mí como si fuera Allie en la lluvia.

Es él, el actor del diario de una pasión, pero en mi cama, follándome como animal.
Aceleré, cabalgándolo fuerte, nalgas chocando contra sus muslos, piel sudorosa pegándose. Él se sentó, me abrazó, besos fieros mientras me embestía desde abajo, verga golpeando mi punto G. "Me vengo, Ana, ¡dame todo!" Grité, orgasmo explotando, paredes convulsionando alrededor de él, jugos chorreando. Él rugió, llenándome de leche caliente, pulsos interminables.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa y jadeos calmándose. Su mano acariciaba mi espalda, besos suaves en mi frente. "Neta, fuiste increíble", murmuró, y yo sonreí, sintiendo su semen escurrir entre mis piernas. Afuera, la ciudad seguía viva, pero en mi cuarto, solo existía esa paz post-sexo, el olor a nosotros impregnado en las sábanas.

El actor del diario de una pasión no era solo un sueño de película; ahora era mi realidad, marcada en mi piel para siempre.

Nos quedamos así hasta el amanecer, hablando pendejadas, planeando más noches. La pasión no se acababa; solo empezaba.

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