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Motivacion Pasion Frases de Voley que Encienden el Cuerpo

6962 palabras

Motivacion Pasion Frases de Voley que Encienden el Cuerpo

El sol de Mazatlán pegaba como un martillo en la arena caliente de la playa Norte, donde el torneo de voley playa estaba en su apogeo. Ana, con su piel morena brillando de sudor, ajustaba el elástico de su bikini deportivo negro, sintiendo cómo la tela se pegaba a sus curvas como una segunda piel. Tenía veintiocho años, cuerpo atlético forjado en canchas desde la prepa, y un fuego interno que la hacía saltar más alto que nadie. Pero hoy, ese fuego no era solo por el juego.

Marco, su entrenador, un wey de treinta y dos, alto, con músculos definidos de tanto remar en kayak y tattoos que asomaban por los bordes de su short de voley, gritaba desde la línea lateral. "¡Motivacion pasión frases de voley, cabrones! ¡Salta como si el mundo te estuviera persiguiendo con la verga en alto!" Su voz ronca retumbaba sobre el crashing de las olas, y Ana sentía un cosquilleo en el vientre cada vez que lo oía. No eran frases comunes; Marco las inventaba, las cargaba de esa energía cruda que hacía que el equipo se pusiera las pilas.

En el set anterior, habían perdido por poco contra un equipo de Tijuana. Ana falló un remate que aún le quemaba en el pecho. Marco se acercó durante el descanso, su olor a sal, protector solar y hombre sudado invadiendo su espacio. Qué chido huele este pendejo, pensó ella, mientras él le ponía la mano en el hombro, firme pero suave. "Ana, neta, tú puedes. Motivacion pasión: imagina que cada salto es un beso que le das a la victoria. ¡Frases de voley que te prenden el alma!" Sus ojos cafés la taladraban, y ella juraba que veía deseo ahí, no solo motivación.

El segundo set empezó con ella más enfocada. Cada vez que Marco gritaba "¡Pásion en el bloqueo, como si bloquearas un orgasmo ajeno!", Ana reía por dentro, pero su cuerpo respondía. Saltaba, sentía el impacto de la arena en sus pies, el viento salado azotando su coleta, el sonido seco de la pelota chocando contra sus palmas. Sudor corría por su espalda, entre sus senos, y de reojo veía a Marco mordiéndose el labio, observándola. La tensión crecía como una ola a punto de romper.

Después del partido –victoria ajustada, gracias a su remate final que dejó a la rival con la boca abierta–, el equipo se dispersó hacia los puestos de tacos al pastor. Ana se quedó recogiendo la red, con el corazón latiéndole a mil. Marco se acercó, camiseta empapada pegada al torso, delineando cada abdominal. "Buen juego, reina. Pero esa frase de motivación que te dije... ¿la sentiste en el cuerpo?"

Ella lo miró, el pulso acelerado, el olor a mar y sudor mezclándose con el aroma de su colonia barata pero adictiva.

"Neta, Marco, tus frases de voley me prenden. Me dan una motivación que va más allá de la cancha."
Su voz salió ronca, invitadora. Él sonrió, esa sonrisa pícara de chilango que había conocido en fiestas de la Condesa.

La playa se vaciaba con el atardecer, el cielo tiñéndose de naranja y rosa. Caminaron hacia las dunas, fingiendo hablar de tácticas. Pero el aire estaba cargado. "Ana, desde que te vi saltar por primera vez, siento esta pasión que no controlo", murmuró él, deteniéndose. Ella se giró, el viento revolviendo su pelo, y lo jaló por la camiseta. Sus labios chocaron como un smash perfecto: salados, urgentes, con sabor a cerveza Pacifico y antojo puro.

Las manos de Marco exploraron su espalda, bajando hasta apretar sus nalgas firmes de tanto squat. Ana gimió contra su boca, sintiendo su erección presionando contra su vientre. Qué chingón se siente esto, wey, pensó, mientras lo empujaba hacia la arena suave detrás de una duna alta. El sonido de las olas era su banda sonora, el olor a yodo y sexo inminente llenando el aire.

Se tumbaron, ella encima, quitándole la camiseta con dientes. Su piel estaba caliente, salada al lamerle el cuello, bajando por el pecho hasta un pezón duro. "¡Motivación pasión!", jadeó él, riendo entre gemidos. Ana se incorporó, desatando su bikini superior. Sus senos rebotaron libres, pezones erectos por el viento fresco. Marco los tomó, masajeando con pulgares ásperos de tanto manejar redes, chupando uno mientras pellizcaba el otro. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a su clítoris palpitante.

Ella se frotó contra su short, sintiendo la dureza crecer. "Quítatelo, pendejo", ordenó juguetona, y él obedeció, liberando una verga gruesa, venosa, con gota precorial brillando a la luz crepuscular. Ana la tomó, masturbándolo lento, sintiendo el pulso en su palma. Él gruñó, manos en su cabello: "Frases de voley: ¡recibe esta pasión como un saque potente!"

Deslizó su bikini inferior, revelando su coño depilado, húmedo, hinchado de deseo. Se posicionó encima, rozando la punta contra sus labios vaginales. El roce era tortura deliciosa: resbaloso, caliente. Bajó despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarla. "¡Carajo, qué rico!", exclamó ella, comenzando a cabalgar. Sus caderas ondulaban como en un bloqueo perfecto, arriba-abajo, círculos que lo volvían loco.

Marco embestía desde abajo, manos en sus caderas, guiándola. El slap-slap de piel contra piel se mezclaba con sus jadeos y el romper de olas. Sudor nuevo cubría sus cuerpos, ella lamió el de él, salado y masculino. Sus pechos rebotaban, él los atrapaba, mordisqueando. Ana sentía el orgasmo construyéndose, una tensión en el bajo vientre como antes de un remate decisivo. No pares, cabrón, dame más motivación.

Cambiaron: él encima ahora, misionero en la arena que se pegaba a sus espaldas. Marco la penetraba profundo, lento al principio, luego acelerando. Ella envolvió piernas alrededor de su cintura, uñas clavándose en su espalda. "¡Más fuerte, como un voley de playa sin piedad!", gritó ella. Él obedeció, embistiendo con fuerza, su pubis rozando su clítoris en cada thrust. El olor a sexo era intenso: almizcle, sudor, mar.

El clímax la golpeó primero: olas de placer contrayendo su vagina alrededor de él, gritando su nombre al cielo morado. "¡Ana, chingada madre!", rugió Marco, corriéndose dentro, chorros calientes llenándola mientras temblaba. Se quedaron unidos, pulsos sincronizados, respiraciones entrecortadas.

Después, recostados en la arena tibia, mirando estrellas emergentes, Ana trazaba patrones en su pecho. "Tus motivacion pasión frases de voley no solo ganan partidos, wey. Prenden incendios." Él rio, besándole la frente. "Y tú eres mi jugadora estrella, siempre lista para el siguiente set."

Se levantaron, sacudiéndose arena, vistiéndose con risas perezosas. Caminaron de regreso, manos entrelazadas, el eco de pasión lingering en sus cuerpos. Mañana habría más torneo, más frases, pero ahora sabían que la verdadera motivación ardía entre ellos, lista para explotar de nuevo.

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