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Test Para Saber Cual Es Mi Pasion Sexual

6539 palabras

Test Para Saber Cual Es Mi Pasion Sexual

Estaba tirada en el sillón de mi depa en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco por el calor de la tarde mexicana, cuando el anuncio me saltó en la pantalla del celular. Test para saber cual es mi pasion. Neta, güey, me reí al principio porque sonaba a esas chingaderas de redes sociales para descubrir si eres chef o artista, pero al clicar vi que era versión adulta. Preguntas picantes como "¿Qué te prende más: un beso en el cuello o una mano atrevida bajito?". Sentí un cosquilleo en la panza, como si el aire se pusiera espeso. Hacía meses que no tenía acción decente desde que terminé con el pendejo de mi ex, y esto me cayó como antojo de tacos al pastor.

Empecé a contestar, recargada contra las almohadas suaves que olían a mi perfume de vainilla. La primera: "Elige tu escenario ideal". Playa desierta, oficina vacía, auto en marcha. Marqué playa, imaginando arena caliente entre los dedos y olas rompiendo cerca. Cada respuesta me calentaba más, el corazón latiéndome fuerte en el pecho, y entre las piernas un calor húmedo que me hacía apretar los muslos. ¿Qué pedo conmigo? Esto es nomás un jueguito en línea, pensé, pero ya estaba mojada, el short de pijama pegándose a mi piel sudada.

Al final, el resultado: "Tu pasión es el encuentro salvaje con un extraño, piel contra piel bajo las estrellas". Me quedé mirando la pantalla, riéndome nerviosa. Neta, qué preciso. Siempre había fantaseado con eso, un tipo que me mirara como si fuera la única en el mundo, sin pláticas de mierda ni compromisos. Cerré la app y miré por la ventana, el skyline de la ciudad brillando con las luces del atardecer. ¿Y si lo pruebo de una vez? Me levanté, el piso de madera fresca bajo mis pies descalzos, y me metí a bañar. El agua caliente cayendo en cascada sobre mis tetas, jabón resbaloso entre las nalgas, me hizo gemir bajito mientras me tocaba pensando en qué pasaría.

Me puse un vestido negro ajustado que me marcaba las curvas, sin bra, nomás un tanga rojo que se sentía como una promesa. Salí al bar de la esquina, ese con terraza y mariachis los viernes, lleno de olor a mezcal y cigarros. Pedí un margarita helado, el vaso sudando en mi mano, y ahí lo vi: alto, moreno, con camisa blanca arremangada mostrando brazos fuertes. Se llamaba Marco, lo supe porque platicamos en la barra. "Vine a desconectarme del trabajo, ¿y tú?", me dijo con voz grave que me erizó la piel. Le conté del test, riéndonos, y sus ojos se clavaron en mis labios. "Suena chido. ¿Cuál fue tu pasión?". Le susurré al oído: "Un extraño como tú". Su aliento cálido contra mi oreja, oliendo a tequila y hombre, me puso la piel de gallina.

La noche avanzó con shots y roces casuales: su rodilla contra la mía bajo la mesa, risas compartidas sobre la ciudad loca que no duerme. Cada mirada suya era fuego, y yo sentía mi clítoris palpitando, ansiosa.

Esto es lo que el test predijo, y ya quiero arrancarle la ropa
, pensé mientras su mano rozaba mi muslo, subiendo despacito. "Vamos a caminar", propuso, y salimos al parque cercano, donde las luces de los postes pintaban todo de dorado. El aire nocturno fresco, mezclado con jazmines de algún jardín, nos envolvía. Nos sentamos en una banca apartada, y sin palabras, me jaló hacia él. Sus labios carnosos contra los míos, lengua explorando con hambre, saboreando el salado de mi sudor y el dulce del margarita.

El beso se volvió feroz, sus manos grandes amasando mis tetas por encima del vestido, pezones duros como piedras rozando la tela. Gemí en su boca, el sonido ahogado por la noche, y bajé la mano a su entrepierna. Qué verga tan dura, carnal, sentí bajo los jeans, gruesa y caliente. "Aquí no, pero cerca", murmuró, voz ronca. Caminamos tropezando hasta su auto estacionado en la sombra, un SUV negro con asientos de piel que crujían al entrar. Cerró la puerta, y el mundo se redujo a nosotros: su olor masculino, a colonia y deseo, llenando el espacio cerrado. Me subió el vestido, tanga a un lado, y sus dedos encontraron mi concha empapada. "Estás chorreando, preciosa", gruñó, metiendo dos adentro, curvándolos justo donde dolía de ganas.

Me arqueé contra el respaldo, uñas clavadas en sus hombros, mientras él chupaba mi cuello, dejando marcas que mañana dolerían rico. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo, mis jadeos mezclados con su respiración agitada, todo amplificado en el auto. "Te como ya", dijo, bajándose los pantalones. Su verga saltó libre, venosa y reluciente de precum, cabeza roja palpitando. La tomé en la mano, piel suave sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando sal y musk. Él gimió fuerte, "Mierda, qué boca tan rica", y me guió de rodillas en el asiento, follando mi garganta despacio, carefuloso pero dominante.

No aguanté más. "Métemela, Marco, porfa". Me volteó boca abajo, nalgas al aire, y sentí la punta abriéndose paso en mi entrada. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Esto es mi pasión, neta, pensé mientras embestía, piel chocando con palmadas rítmicas, sudor goteando de su pecho al mío. El auto se mecía, ventanas empañadas, olor a sexo crudo impregnando todo. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo con furia, tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. "¡Más rápido, sí!", grité, el placer subiendo como ola, clítoris frotándose contra su pubis peludo.

El clímax me rompió: un espasmo que me dejó temblando, concha apretándolo como puño, chorros calientes mojando sus bolas. Él rugió, "¡Me vengo!", y se corrió adentro, semen espeso llenándome, goteando por mis muslos. Nos quedamos pegados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El afterglow era perfecto: su mano acariciando mi espalda, besos suaves en la sien, el mundo afuera quieto.

Salimos del auto riendo, piernas flojas, y caminamos de vuelta al bar por un último trago. "El test no mentía", le dije, apoyada en su brazo fuerte. "Mi pasión eres tú, o alguien como tú". Me sonrió, ojos brillantes. "Y la mía, noches como esta". No pedimos números, nomás un adiós con promesa de quizás. Volví a mi depa al amanecer, cuerpo dolorido pero vivo, el sabor de él aún en la boca. Me tiré en la cama, oliendo a nosotros, y abrí el celular. El test ahora decía "¡Felicidades, has descubierto tu pasión!". Chido, güey. Listo para el siguiente.

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