Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Gabino Abismo de Pasion Gabino Abismo de Pasion

Gabino Abismo de Pasion

6508 palabras

Gabino Abismo de Pasion

La noche en Polanco estaba viva, con ese ruido chido de la ciudad que te envuelve como un abrazo caliente. Las luces de los antros parpadeaban, y el aire traía olor a tacos al pastor y tequila reposado. Yo, Sofia, acababa de entrar al rooftop de un bar bien perrón, con mi vestido negro ajustado que me hacía sentir como reina. Había venido con unas amigas, pero ya andaban en su rollo, bailando con unos weyes. Me pedí un margarita y me recargué en la barandilla, mirando las estrellas que se asomaban entre los edificios.

Entonces lo vi. Gabino. Alto, moreno, con esa barba recortada que le daba un aire de macho cabrón, pero con ojos cafés profundos que prometían más que solo una noche. Estaba platicando con unos cuates, riendo con esa carcajada ronca que retumbó hasta mis huesos. Nuestras miradas se cruzaron, y órale, sentí un cosquilleo en la panza, como si el mundo se hubiera puesto en pausa. Él sonrió, esa sonrisa pícara, y se acercó con un vaso de whiskey en la mano.

Qué onda, ricura —dijo, su voz grave como un ronroneo—. ¿Vienes mucho por acá?

Nah, wey, hoy es mi primera vez. Pero ya me cae bien el lugar —le contesté, mordiéndome el labio sin querer.

Platicamos un rato, de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico te hace enojar pero las noches como esta lo valen todo. Él era de Guadalajara, pero vivía aquí por trabajo. Ingeniero o algo así, no presté mucha atención porque sus ojos me tenían atrapada. Olía a colonia cara mezclada con un toque de sudor fresco, y cada vez que se movía, sus músculos se marcaban bajo la camisa blanca. Sentí mi piel erizarse, el corazón latiéndome pa' fuera.

Este tipo es puro peligro, Sofia. Pero qué rico peligro. ¿Y si me lanzo? Hace meses que no siento esto, esa hambre que me come por dentro.

La música cambió a un reggaetón suave, y me jaló a la pista. Bailamos pegaditos, su mano en mi cintura firme pero suave, como si supiera exactamente dónde tocar. Sentí su aliento caliente en mi cuello, y cuando rozó mi nalga con la cadera, no mames, un calor me subió desde el estómago hasta las mejillas. El sudor nos unía, salado en la piel, y el ritmo nos mecía como olas.

Eres un abismo de pasión, Gabino —le susurré al oído, sin pensarlo.

Él se rio bajito. —Y tú me estás jalando pa' adentro, mamacita.

Acto seguido, me besó. Sus labios gruesos, cálidos, con sabor a whiskey y deseo puro. Lenguas danzando, manos explorando. Mi cuerpo respondía solo, pezones endureciéndose contra su pecho duro. Bajamos del rooftop en su coche, un BMW negro que rugía como él. El trayecto fue eterno, con caricias en los muslos, besos robados en los semáforos. Llegamos a su depa en Lomas, un penthouse con vista al skyline, luces tenues y una cama king size que gritaba promesas.

Adentro, el aire acondicionado nos refrescó la piel ardiente. Me quitó el vestido despacio, sus dedos ásperos de trabajar rozando mi espalda, bajando la cremallera con ternura. Quedé en lencería roja, temblando no de frío, sino de anticipación. Él se desabrochó la camisa, revelando un torso tatuado, pectorales firmes y un vientre marcado que me dieron ganas de lamer entero.

Estás chingona, Sofia —murmuró, arrodillándose para besar mi ombligo, bajando hasta el borde de las panties.

Lo empujé a la cama, montándome encima. Sus manos en mis tetas, amasándolas con fuerza justa, pulgares en los pezones que me arrancaban gemidos. Olía a su excitación, ese almizcle macho que me volvía loca. Le bajé el pantalón, y madre mía, su verga saltó libre, gruesa, venosa, palpitando. La tomé en la mano, piel suave sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado.

Esto es lo que necesitaba. Gabino, abismo de pasión, me está consumiendo viva. No pares, pendejo, dame todo.

Él gruñó, volteándome para ponerme de rodillas. Su lengua en mi coño, lamiendo despacio, chupando el clítoris con maestría. Sentí sus dedos entrar, curvándose justo ahí, el punto que me hace ver estrellas. El sonido húmedo de mi excitación, mis jadeos mezclados con su respiración agitada. El cuarto olía a sexo, a sudor dulce y fluidos. Me corrí primero, un orgasmo que me sacudió entera, piernas temblando, gritando su nombre.

Pero no paró. Me puso boca arriba, piernas abiertas, y se hundió en mí de un solo empujón. ¡Qué rico! Llenándome completa, estirándome delicioso. Empezó lento, saliendo casi todo y volviendo profundo, cada embestida rozando mi interior. Sus bolas golpeando mi culo, piel contra piel chapoteando. Aceleró, mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas. Sudor goteando de su frente a mis tetas, salado en mi lengua cuando lo besé.

Más fuerte, Gabino, rómpeme —le rogué, y él obedeció, follando como animal, pero con ojos que decían amor.

Emocionalmente, era más. En medio del polvo, me confesó que había roto con su novia hace poco, que no creía en el amor hasta verme. Yo le conté de mi ex, un pendejo que no valoraba lo que tenía. Nos conectamos, no solo cuerpos, sino almas. Ese abismo de pasión nos tragaba a los dos, pero era dulce, empoderador. Me sentía mujer total, deseada, viva.

Cambié de posición, cabalgándolo. Sus manos en mis caderas guiándome, yo rebotando, tetas saltando, coño apretándolo. El placer subía otra vez, espiral infinito. Él se tensó debajo, gruñendo.

Me vengo, Sofia —avisó.

Dentro, amor, lléname.

Explotamos juntos. Su leche caliente inundándome, pulsos y pulsos, mientras mi orgasmo me contraía alrededor, ordeñándolo. Gritos ahogados, cuerpos convulsionando. Colapsamos, enredados, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. El corazón latiéndole contra mi pecho, sincronizado.

Después, en la afterglow, nos quedamos así, acariciándonos perezosos. La ciudad zumbaba abajo, pero aquí era paz. Besos suaves, risas bajitas.

Eres increíble, Gabino. Un abismo de pasión del que no quiero salir —le dije, trazando sus tatuajes con el dedo.

Y yo contigo, mi reina. Esto apenas empieza.

Me dormí en sus brazos, oliendo a nosotros, sabiendo que esa noche había cambiado todo. Mañana sería otro día, pero esta pasión nos marcaría para siempre. Neta, qué chingonería de vida.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.