Pasión Definición RAE Carnal
Ana se recostó en el sillón de su departamento en la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente sobre su cabeza. El calor de la tarde mexicana la envolvía como una caricia pegajosa, y el aroma del café recién molido flotaba en el aire. Abrió su laptop, buscando inspiración para su próximo post en el blog. Pasión, tecleó en el buscador. Los resultados la llevaron directo a la página de la RAE: pasión, lealtad ferviente a algo o alguien; afecto vehemente que impulsa a hacer algo con ardor. Sintió un cosquilleo en el vientre. Neta, esto es justo lo que necesito, pensó, mientras su mente divagaba hacia Marco, su carnal de hace meses.
Marco, ese wey alto y moreno con ojos que prometían travesuras, había estado ocupadísimo con su chamba en la agencia de publicidad. Hacía una semana que no se veían, y el cuerpo de Ana gritaba por él. Se imaginó sus manos callosas recorriendo su piel, el sabor salado de su cuello. Cerró los ojos, dejando que la pasión definición RAE se colara en su fantasía como un susurro prohibido.
¿Y si le mando un mensajito?Sus dedos volaron sobre el teclado: "Wey, ven pa'cá. Tengo una definición que te va a poner como diablo."
Media hora después, la puerta sonó. Ana abrió con una sonrisa pícara, vestida solo con una playera holgada que apenas cubría sus muslos. Marco entró, oliendo a colonia fresca y a ciudad vibrante. Chingón, murmuró ella para sí, admirando cómo su camisa se pegaba a sus pectorales por el sudor.
—Órale, mi reina, ¿qué traes? —dijo él, abrazándola fuerte. Sus cuerpos chocaron, y Ana sintió el calor de su pecho contra el suyo, el latido acelerado de su corazón.
—Siéntate, carnal. Te voy a leer algo —respondió ella, jalándolo al sillón. Se sentó en su regazo, sintiendo la dureza crecer bajo ella. El roce de sus jeans contra su piel desnuda la hizo morderse el labio.
Acto primero: la chispa. Ana abrió la laptop y leyó en voz alta, con voz ronca: "Pasión: afecto vehemente que absorbe las facultades del alma y las concentra en un solo objeto." Marco rio bajito, pero sus manos ya subían por sus piernas.
—Suena a lo que me provocas tú, Ana. Me tienes bien loco.
Ella giró el rostro, rozando sus labios con los de él. El beso empezó suave, como un roce de plumas, pero pronto se volvió hambriento. Lenguas danzando, sabor a menta de su chicle y a deseo puro. Ana sintió el pulso en sus sienes, el aroma masculino de su piel mezclándose con el suyo, floral y dulce. Sus pezones se endurecieron bajo la tela, rozando el pecho de él. Esto es la pasión definición RAE hecha carne, pensó, mientras sus caderas se movían instintivamente.
Marco la cargó como si no pesara nada, llevándola a la recámara. La cama king size los recibió con sábanas frescas de algodón egipcio. Afuera, el tráfico de la Condesa zumbaba lejano, como un fondo perfecto para su sinfonía privada. Él la tumbó despacio, quitándole la playera con reverencia. Sus ojos devoraron sus senos, redondos y firmes, con pezones oscuros erguidos como invitación.
—Eres una diosa, wey —murmuró, besando su clavícula. Ana arqueó la espalda, gimiendo bajito al sentir su aliento caliente en la piel. Sus manos exploraron el torso de él, desabotonando la camisa para revelar abdominales marcados por horas en el gym. Tocó cada músculo, sintiendo la tibieza, el leve vello que bajaba hasta su ombligo.
El medio acto: la escalada. Se desvistieron mutuamente con urgencia contenida. Marco se quitó los jeans, y su verga saltó libre, gruesa y venosa, apuntando al techo. Ana la miró con hambre, lamiéndose los labios. Qué chingona se ve. Se arrodilló frente a él, inhalando su olor almizclado, puro macho en celo. Su lengua trazó la base, subiendo despacio, saboreando la piel salada. Marco gruñó, enredando dedos en su cabello negro ondulado.
—Ana, mi amor... qué rico la chupas.
Ella lo tomó más profundo, sintiendo cómo palpitaba en su boca, el calor irradiando. Sus propias jugos corrían por sus muslos, la concha hinchada y húmeda. Marco la levantó, besándola con furia, probando su propio sabor en ella. La tumbó boca arriba, separando sus piernas. Besó el interior de sus muslos, mordisqueando suave, hasta llegar al centro. Su lengua encontró el clítoris, hinchado y sensible. Ana jadeó, el placer como electricidad recorriéndole la espina.
¡Sí, así, carnal! No pares, pensó, mientras sus caderas se alzaban. Él lamía con maestría, chupando, metiendo dos dedos que curvaba justo en su punto G. El sonido húmedo de su coño siendo devorado llenaba la habitación, mezclado con sus gemidos. Olía a sexo, a excitación pura: almizcle, sudor, esencia femenina. Ana sintió el orgasmo construyéndose, una ola lejana pero imparable. Gritó su nombre cuando explotó, temblores sacudiéndola, jugos empapando la boca de él.
Marco no la dejó reposar. Se posicionó entre sus piernas, la verga rozando su entrada resbaladiza. —Dime si quieres, mi reina —susurró, ojos fijos en los de ella, pidiendo permiso.
—¡Métemela ya, pendejo! Te necesito adentro —rogó Ana, clavando uñas en su espalda.
Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron al unísono. Él era grande, llenándola por completo. Comenzaron a moverse, ritmo lento al principio, sintiendo cada roce, cada vena pulsando contra sus paredes. Ana olía su sudor mezclado con el perfume de lavanda de las sábanas. Escuchaba el slap-slap de piel contra piel, sus respiraciones agitadas.
Esto es pasión definición RAE: vehemente, absorbente, ardiente, cruzó por su mente en un flash.
La intensidad creció. Marco aceleró, embistiéndola profundo, sus bolas golpeando su culo. Ana envolvió las piernas en su cintura, clavándolo más. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus chichis rebotaban, y él las amasó, pellizcando pezones. Ana giraba las caderas, frotando su clítoris contra su pubis, persiguiendo otro clímax. El sudor perlaba sus cuerpos, resbaloso y erótico. Él la miró embelesado: Eres mi todo, Ana.
—Me vengo, wey... ¡juntos! —gritó ella, sintiendo la contracción.
El final: la liberación. Marco se tensó, gruñendo como animal, llenándola con chorros calientes. Ana explotó de nuevo, visión nublada, cuerpo convulsionando. Se derrumbaron, entrelazados, pulsos latiendo al unísono. El aire olía a sexo consumado, a paz satisfecha. Besos suaves post-orgasmo, caricias perezosas en la espalda.
—Esa pasión definición RAE nos queda chiquita, ¿no? —dijo Ana, riendo bajito contra su cuello.
—Simón, mi amor. Lo nuestro es más grande, más cabrón —respondió él, besando su frente.
Se quedaron así, en afterglow, escuchando la ciudad respirar afuera. Ana sintió una plenitud profunda, como si hubiera tocado el alma de la pasión misma. Mañana escribiría sobre esto, pero esta noche era solo suya y de él. El calor se desvanecía, dejando espacio para ternura. Esto es lo que define la verdadera pasión, pensó, cerrando los ojos en sus brazos.