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Pasion Capitulo 1 Fuego en la Piel

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Pasion Capitulo 1 Fuego en la Piel

El calor de la noche en la Ciudad de México se pegaba a la piel como una promesa susurrada. Ana caminaba por las calles empedradas de la Condesa, con el vestido rojo ceñido al cuerpo ondeando al ritmo de sus caderas. Hacía calor, pero no era solo el clima; era esa sensación en el estómago, ese cosquilleo que le subía por las piernas cada vez que pensaba en la fiesta a la que iba. Órale, Ana, relájate, se dijo a sí misma, mientras el aroma a tacos al pastor flotaba desde un puesto cercano, mezclándose con el perfume dulce de las bugambilias.

La terraza del rooftop estaba llena de gente guapa, luces tenues y música cumbia rebajada que hacía vibrar el piso. Ana tomó un mezcal con limón y sal, el líquido quemándole la garganta como un beso ardiente. Ahí lo vio: Javier, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que iluminaba sus ojos cafés. Vestía una camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Chingón, pensó ella, sintiendo un pulso rápido entre las piernas.

Él se acercó con dos tragos en la mano. —Hola, preciosa. ¿Te invito uno? Me llamo Javier, pero puedes decirme lo que quieras.

Ana rio, el sonido saliendo ronco, cargado de esa electricidad que ya crepitaba entre ellos. —Soy Ana. Y sí, güey, acepto. Pero no me digas preciosa, que eso ya lo sé. Sus dedos se rozaron al tomar el vaso, y fue como si una chispa saltara. La piel de él era cálida, áspera por el trabajo en la construcción que mencionó de pasada, y ella sintió el calor subirle por el brazo hasta el cuello.

Hablaron de todo y nada: de la pinche tráfico de la ciudad, de cómo el mezcal sabe mejor con buena compañía, de sueños locos como viajar a la playa en Tulum sin billete de regreso. La música los envolvió, y pronto bailaban pegados, sus cuerpos moviéndose al ritmo lento. El sudor de Javier olía a hombre, a tierra mojada después de la lluvia, mezclado con colonia barata pero irresistible. Ana presionó su pecho contra el de él, sintiendo los latidos acelerados bajo la camisa.

Esto es pasion, capitulo 1, pensó ella. El principio de algo que me va a quemar viva.

La tensión crecía con cada roce. La mano de Javier en la curva de su espalda baja, bajando un poquito más, hasta el borde del vestido. Ana jadeó bajito, el aliento caliente contra su oreja. —Estás rica, Ana. Me dan ganas de comerte aquí mismo. Ella lo miró a los ojos, mordiéndose el labio inferior, el sabor salado de su gloss en la lengua.

¿Y qué esperas, pendejo? —susurró ella, pero él la tomó de la mano y la sacó de la fiesta. Bajaron en el elevador, solos, el espacio cerrado amplificando sus respiraciones pesadas. Javier la acorraló contra la pared, sus labios rozando los de ella sin besarla aún. El ding del elevador los separó, pero la promesa colgaba en el aire como humo.

El departamento de Javier estaba en un edificio viejo pero chulo, con vistas a los luces de la Reforma. Entraron riendo, tropezando, y él cerró la puerta con un pie. Ana sintió el corazón martilleándole las costillas mientras él la empujaba suavemente contra la pared del pasillo. Ahora sí, el beso. Labios carnosos, hambrientos, lengua explorando con urgencia. Sabía a mezcal y a deseo puro. Sus manos subieron por los muslos de ella, arrugando el vestido, tocando la piel suave y caliente. Ana gimió, arqueando la espalda, el sonido ecoando en el silencio del lugar.

—Quítate eso, mami, murmuró él contra su cuello, mordisqueando la piel sensible. El aliento de Javier era caliente, enviando escalofríos por su espina. Ana obedeció, dejando caer el vestido al piso con un susurro de tela. Quedó en lencería negra, pechos subiendo y bajando rápido, pezones endurecidos bajo la mirada hambrienta de él. Javier se quitó la camisa, revelando abdominales marcados, piel bronceada por el sol mexicano. Ella extendió las manos, palpando los músculos tensos, sintiendo el calor irradiar de su cuerpo.

La llevaron a la cama, un colchón king size con sábanas blancas revueltas que olían a él: jabón y hombre. Se tumbaron, cuerpos entrelazados, piernas enredadas. Javier besó su clavícula, bajando lento por el pecho, lamiendo la curva de sus senos. Ana enterró los dedos en su cabello negro, tirando suave, el gemido de él vibrando contra su piel. Qué rico se siente esto, pensó ella, mientras él chupaba un pezón, la lengua girando en círculos que la hacían retorcerse.

La tensión subía como el volumen de una rola de rock en vivo. Manos por todas partes: las de ella bajando por su espalda, arañando ligero, las de él deslizándose entre sus muslos, encontrando la humedad que ya empapaba las bragas. —Estás chorreando, Ana. Por mí, ¿verdad? Ella asintió, voz ronca: —Sí, carnal. Tócala. Dedos expertas separaron la tela, rozando el clítoris hinchado. Ana gritó bajito, caderas levantándose para más. El sonido húmedo de sus movimientos llenaba la habitación, mezclado con jadeos y el zumbido lejano del tráfico.

Pero no era solo físico; en la mente de Ana bullían pensamientos.

Esto no es solo un polvo rápido. Hay algo en sus ojos, en cómo me mira como si fuera la única en el mundo. Pasion capitulo 1, sí, pero ¿hasta dónde llega?
Javier la volteó, poniéndola encima, dándole control. Ella se sentó a horcajadas, sintiendo la verga dura presionando contra su entrada a través del bóxer. Se frotó contra él, lento, torturándolo, el roce enviando chispas por su vientre. Él gruñó, manos en sus caderas: —Métetela, güera. No aguanto más.

Ana se quitó las bragas, posicionándose. Bajó despacio, centímetro a centímetro, la carne caliente estirándola, llenándola. ¡Ay, cabrón! El placer la atravesó como un rayo, paredes internas apretando alrededor de su grosor. Empezó a moverse, arriba y abajo, el slap slap de piel contra piel ritmando sus gemidos. Javier la miró embobado, pechos rebotando, sudor perlando su piel. Él se incorporó, mamando sus tetas mientras ella cabalgaba, duro y profundo.

La intensidad creció. Ana aceleró, uñas clavadas en sus hombros, el olor a sexo impregnando el aire: almizcle, sudor, excitación pura. Javier la volteó de nuevo, ahora él arriba, embistiendo con fuerza controlada. Cada thrust golpeaba justo ahí, el punto que la hacía ver estrellas. —Más fuerte, Javier. Dámelo todo. Él obedeció, caderas chocando, bolas golpeando su culo. Los sonidos eran obscenos, deliciosos: jadeos, carne húmeda, camas crujiendo.

El clímax se acercaba como tormenta. Ana sintió el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en el bajo vientre. —Me vengo, pendejo... ¡ahí! Explosó en oleadas, cuerpo convulsionando, paredes pulsando alrededor de él. Javier gruñó profundo, enterrándose hasta el fondo, corriéndose dentro con chorros calientes que la llenaron. Se derrumbaron juntos, respiraciones entrecortadas, piel pegajosa de sudor.

Después, en la quietud, Javier la abrazó por detrás, su verga aún semi-dura contra su nalga. Besos suaves en la nuca, manos acariciando perezosas. Ana sonrió en la oscuridad, el corazón calmándose. Qué chido fue esto, pensó. No era solo sexo; era conexión, esa chispa que promete más capítulos.

Se quedaron así, hablando susurros sobre nada importante, el aroma de sus cuerpos mezclados envolviéndolos como una manta. Afuera, la ciudad ronroneaba, pero adentro, solo quedaban ellos, satisfechos, con la piel aún ardiendo del fuego inicial.

Pasion, capitulo 1. Y apenas empieza.

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