Abismo de Pasion Cap 57 Caida al Extasis
La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que se mete bajo la piel como un amante insistente. Yo, Ana, acababa de salir de la oficina después de un día eterno de juntas y correos, pero el pulso de la ciudad me llamaba. Caminaba por las calles iluminadas por faroles dorados, el aroma de tacos al pastor flotando en el aire mezclado con el perfume caro de las boutiques. Mi vestido negro ceñido rozaba mis muslos con cada paso, recordándome que debajo no llevaba nada. Neta, hoy necesito algo que me haga olvidar el estrés, pensé mientras entraba al rooftop bar del hotel.
Allí estaba él, Diego, recargado en la barandilla con una cerveza en la mano. Su camisa blanca desabotonada dejaba ver el vello oscuro de su pecho, y esa sonrisa pícara que siempre me desarmaba. Habían pasado meses desde nuestra última noche, pero el abismo de pasión entre nosotros nunca se cerraba del todo. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo ya supiera lo que vendría.
¿Por qué carajos regresa siempre cuando menos lo espero? Este wey me tiene loca
Me acerqué, el sonido de mis tacones contra el piso de madera resonando como un desafío. "Qué onda, morra", dijo él con esa voz grave que vibra en el pecho. Su mano rozó mi brazo al darme un beso en la mejilla, y olí su colonia, esa mezcla de sándalo y algo salvaje que me hacía agua la boca. Hablamos de tonterías, del tráfico en Reforma, de la última serie que vimos, pero el aire entre nosotros se cargaba de electricidad. Sus ojos bajaban a mis labios, a mi escote, y yo sentía el calor subiendo por mis piernas.
La música salsa llenaba el lugar, ritmos calientes que invitaban a mover las caderas. "Baila conmigo", murmuró, tomándome de la cintura. Sus dedos se hundieron en mi piel a través de la tela fina, y empecé a moverme contra él. El roce de su cuerpo duro contra el mío era tortura deliciosa. Sentía su verga endureciéndose contra mi vientre, y yo me apretaba más, saboreando el poder que tenía sobre él. El sudor nos unía, salado en la lengua cuando lamí su cuello disimuladamente.
Acto uno cerrado: la tensión inicial ardía, pero queríamos más. Bajamos al estacionamiento, su camioneta olía a cuero nuevo y a él. Apenas cerramos la puerta, sus labios cayeron sobre los míos. Beso hambriento, lenguas enredadas con sabor a tequila y deseo puro. Sus manos subieron por mis muslos, encontrando mi coño húmedo y expuesto. "Estás chingada de caliente, Ana", gruñó contra mi boca, y yo reí bajito, arqueándome para que sus dedos me exploraran.
El medio acto explotaba la intensidad. Llegamos a mi departamento en Lomas, el ascensor un preludio perfecto. Me empujó contra la pared, mordiendo mi labio inferior mientras sus dedos me follaban despacio. Gemí, el sonido ecoando en el espacio cerrado, mi clítoris hinchado rogando más. "Paciencia, mi reina", susurró, su aliento caliente en mi oreja. Olía a sexo ya, ese almizcle que nos envuelve cuando la calentura nos domina.
Entramos al depa, luces tenues de la ciudad filtrándose por las ventanas. Lo jalé al cuarto, quitándome el vestido de un tirón. Desnuda frente a él, mis pezones duros como piedras bajo su mirada famélica. Diego se desvistió lento, provocándome. Su torso musculoso, marcado por horas en el gym, brillaba con sudor. Su verga gruesa y venosa saltó libre, y la saliva se me acumuló en la boca. "Ven, chúpamela", ordenó juguetón, y yo me arrodillé, gustando la piel salada de su glande. Lo mamé profundo, mi lengua girando alrededor, sus manos enredadas en mi pelo guiándome. Gruñía, "¡Órale, qué rica boca tienes!", y yo aceleraba, sintiendo mi panocha palpitar de necesidad.
Me levantó como si no pesara, tirándome a la cama king size. Sus labios bajaron por mi cuello, chupando pezones hasta dejarlos rojos e hinchados. Mordisqueaba suave, enviando chispas a mi entrepierna. Bajó más, lamiendo mi ombligo, mis caderas, hasta llegar al premio. Su lengua en mi clítoris fue éxtasis puro: lamidas largas, succiones que me hacían arquear la espalda. "¡Ay, Diego, no pares, cabrón!", jadeé, mis jugos cubriendo su barbilla. Olía a mi excitación, dulce y musgosa, y él la devoraba como hombre hambriento.
El conflicto interno rugía:
Esto es un abismo de pasión cap 57 en nuestra historia loca, siempre cayendo más hondo. Lo volteé, montándome encima. Froté mi coño mojado contra su verga, lubricándola. Lentamente me hundí en él, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarme. "¡Qué prieta estás, morra!", exclamó, sus manos apretando mis nalgas. Cabalgaba fuerte, mis tetas rebotando, el slap slap de piel contra piel mezclándose con nuestros jadeos. Sudor goteaba, salado en mis labios cuando lo besé.
Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo. Cada estocada rozaba mi punto G, oleadas de placer subiendo. "Más duro, pendejo, fóllame como hombre", lo reté, y obedeció, su pelvis chocando contra mi clítoris. Sentía su verga pulsar dentro, mis paredes contrayéndose. El cuarto olía a sexo intenso, sábanas revueltas, la ciudad zumbando afuera como testigo indiferente.
La tensión crecía, mis uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas. Él lamía mi sudor, mordía mi hombro. "Me vengo, Ana, ¡dónde quieres mi leche?", gruñó. "Adentro, lléname", supliqué, y explotamos juntos. Mi orgasmo me sacudió como terremoto, coño apretando su verga mientras chorros calientes me inundaban. Grité su nombre, el mundo disolviéndose en blanco puro.
El final trajo el afterglow perfecto. Colapsamos enredados, respiraciones agitadas calmándose. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante. Acaricié su pelo revuelto, oliendo su piel marcada por mí. "Neta, esto fue épico", murmuró, besando mi seno. Reí suave, sintiendo su semen escurrir entre mis piernas, cálido recordatorio.
En este abismo de pasión cap 57 encontramos paz, pero sé que volverá el hambre
Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, manos explorando perezosas. Jabón espumoso en curvas y músculos, besos lentos bajo la regadera. Secos, nos metimos a la cama, su brazo alrededor de mi cintura. La luna se colaba por las cortinas, plata sobre pieles saciadas. Mañana sería otro día de caos, pero esta noche, en su abrazo, todo valía la pena. El deseo no se apaga, solo espera el próximo capítulo.