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Noche de Pasión Película que Arde

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Noche de Pasión Película que Arde

Ana se recostó en el sofá mullido del departamento de Diego, en la colonia Roma de la Ciudad de México. La luz tenue de las velas de vainilla perfumaba el aire, mezclándose con el olor a tacos al pastor que acababan de devorar de un puesto callejero cercano. Qué chido estar aquí con él, pensó ella, mientras Diego, ese moreno alto y musculoso con ojos café que la volvían loca, buscaba en Netflix. "Oye, güey, ¿vamos a ver esa noche de pasión pelicula que me recomendaron? Dicen que está bien caliente, como para ponernos de humor", dijo él con una sonrisa pícara, acomodándose a su lado con una cerveza fría en la mano.

Ana sintió un cosquilleo en el estómago. Llevaban saliendo un par de meses, y cada cita era como una chispa que amenazaba con incendiar todo. Ella, con su piel morena y curvas generosas que Diego no paraba de alabar, se acurrucó contra su pecho firme. El botón de play sonó, y la pantalla se iluminó con una pareja en una playa nocturna, besándose con hambre bajo la luna. Los gemidos suaves del audio llenaron la sala, y Ana notó cómo el cuerpo de Diego se tensaba a su lado. Su mano grande rozó accidentalmente su muslo desnudo bajo la falda corta, enviando una corriente eléctrica por su piel.

Neta, este cuate me trae al borde. ¿Será que esta película nos da el empujón que necesitamos?

La trama de la noche de pasión pelicula avanzaba: la protagonista, una chava ardiente como ella, seducía a su amante con bailes sensuales al ritmo de cumbia rebajada. Ana imitó el movimiento en su mente, sintiendo su propia humedad crecer entre las piernas. Diego giró la cabeza y la miró, sus labios entreabiertos. "Estás más rica que la de la peli, nena", murmuró, su aliento cálido con sabor a cerveza y chile rozando su oreja. Ella rio bajito, juguetona: "Ah, ¿sí? Prueba nomás, pendejo". Sus bocas se encontraron en un beso lento, explorador. Lenguas danzando, saboreando el picor de la salsa y la dulzura de sus salivas mezcladas.

El beso se profundizó mientras la película seguía de fondo, ahora con jadeos más intensos. Las manos de Diego subieron por sus muslos, acariciando la suavidad de su piel depilada, hasta llegar al encaje de sus panties. Ana gimió contra su boca, arqueando la espalda. Qué rico se siente su toque, pensó, mientras sus dedos jugaban con el borde de la tela, rozando su clítoris hinchado. Ella no se quedó atrás: deslizó la mano por su playera, palpando los abdominales duros, bajando hasta el bulto en sus jeans. "Estás bien puesto, carnal", susurró, apretando suavemente. Diego gruñó, un sonido gutural que vibró en su pecho y la hizo temblar.

Se separaron un segundo para quitarse la ropa. Ana se levantó, dejando caer la falda con un movimiento fluido, quedando en bra y panties negros que contrastaban con su piel canela. Diego la devoró con la mirada, quitándose la playera para revelar su torso tatuado con un águila mexicana. "Ven pa'cá, mi reina", la jaló hacia él. Cayeron de nuevo al sofá, piel contra piel. El olor a su sudor fresco, mezclado con el perfume masculino de él y las velas, era embriagador. Sus pechos se presionaron contra su pecho, pezones endurecidos rozando el vello ralo. Besos bajaron por su cuello, mordisqueos suaves que dejaban rastros húmedos y calientes.

En la pantalla, la pareja de la noche de pasión pelicula hacía lo mismo: ella montada sobre él, cabalgando con ritmo salvaje. Ana sintió envidia juguetona. "Yo te voy a dar mejor que eso", prometió, empujando a Diego para que se recostara. Se arrodilló entre sus piernas, desabrochando sus jeans con dientes. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, con una gota de precum brillando en la punta. Mmm, qué delicia, pensó ella, lamiendo desde la base hasta la cabeza, saboreando el salado almizcle de su piel. Diego jadeó, enredando los dedos en su cabello negro largo. "¡Órale, Ana! Me vas a matar, chula". Ella chupó con ganas, succionando, girando la lengua, mientras sus manos masajeaban sus bolas pesadas.

Pero Diego no era de los que se deja solo. La levantó, volteándola para ponerla a cuatro patas en el sofá. "Ahora te toca a ti, mi amor". Bajó sus panties, exponiendo su panocha mojada, labios hinchados y relucientes. El aire fresco la erizó, pero su lengua caliente la invadió al instante. Lamidas largas por la raja, succionando el clítoris como un dulce, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo en su punto G. Ana gritó de placer, el sonido ahogado por los gemidos de la película. Sus dedos me llenan perfecto, neta que sabe cómo tocarme. Olas de calor subían por su vientre, piernas temblando, olor a su excitación impregnando el aire.

La tensión crecía como una tormenta. Diego se posicionó detrás, frotando su verga dura contra su entrada resbaladiza. "¿Quieres que te coja, nena? Dime". "¡Sí, pendejo, métemela ya!", rogó ella, empujando hacia atrás. Entró de un solo empujón suave, llenándola por completo. El estiramiento delicioso la hizo gemir alto. Empezaron lento, él saliendo casi todo para volver profundo, golpes rítmicos que hacían palmear su culo contra su pelvis. El sonido húmedo de carne contra carne se mezclaba con la banda sonora de la peli, ahora en su clímax. Ana se tocaba el clítoris, círculos rápidos, mientras él aceleraba, una mano en su cadera, la otra pellizcando un pezón.

Es como si la noche de pasión pelicula se volviera real, pero mil veces mejor con él dentro de mí.

Cambiaron de posición: Ana encima, cabalgando como la diosa azteca que era. Sus caderas giraban, subiendo y bajando, verga golpeando su fondo con cada bajada. Diego la miraba embobado, manos en sus tetas rebotando, pulgares en pezones. "¡Qué chingona eres, Ana! Me aprietas rico". Sudor perlaba sus cuerpos, goteando, mezclándose. Ella sentía el orgasmo acercarse, un nudo apretado en el bajo vientre. "¡Me vengo, Diego! ¡No pares!". Él embistió desde abajo, fuerte, y ella explotó: paredes vaginales convulsionando alrededor de su verga, chorros de placer salpicando, grito ronco que llenó la sala.

Diego la volteó boca arriba, piernas sobre sus hombros, penetrándola profundo en misionero. Besos fieros mientras la martilleaba, bolas golpeando su culo. "¡Me vengo también, amor!", avisó. "¡Adentro, papi, lléname!". Un par de embestidas más y se vació, chorros calientes inundándola, gruñendo su nombre. Colapsaron juntos, jadeantes, corazones latiendo al unísono. La película terminaba con la pareja abrazada en la playa, pero ellos estaban en su propio paraíso.

Después, envueltos en una cobija suave, Ana apoyó la cabeza en su pecho húmedo, escuchando su pulso calmarse. El aroma a sexo y velas persistía, delicioso recordatorio. "Esa noche de pasión pelicula fue chida, pero la nuestra fue épica, ¿verdad?", dijo él, besando su frente. Ella sonrió, trazando círculos en su piel. Sí, y quiero más noches así, con este hombre que me hace sentir viva. Se durmieron así, satisfechos, con la promesa de más pasiones por venir.

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