Pasion Capitulo 45 Fuego en la Piel
El sol se ponía en Puerto Vallarta, tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar como un lienzo ardiente. Yo, Sofia, de veintiséis años, graphic designer de la CDMX que se escapó unos días a esta playa para desconectar, estaba en el balcón del condo que rentamos con vistas al Pacífico. El aire salado me rozaba la piel, oliendo a yodo y libertad, mientras el sonido de las olas rompiendo contra la arena me erizaba los vellos de los brazos. Llevaba un vestido ligero de algodón blanco que se pegaba un poco a mis curvas por la brisa húmeda, sin nada debajo, sintiendo el roce fresco contra mis pezones que ya se endurecían solo de imaginar lo que vendría.
Marco tardaba. Ese pendejo emprendedor de veintinueve, con su sonrisa chueca y esos ojos cafés que me derriten, había prometido llegar antes del atardecer para nuestra cena romántica. Neta, ¿dónde andas wey? pensé, mordiéndome el labio mientras daba un sorbo a mi michelada helada, el limón picante despertando mi lengua. Mi mente vagaba a recuerdos de la noche anterior: sus manos fuertes explorando mi cuerpo, el calor de su verga dura presionando contra mi muslo. Sentí un cosquilleo entre las piernas, esa humedad traicionera que empezaba a formarse.
Esta noche va a ser épica, como el clímax de Pasion Capitulo 45 que estoy escribiendo en mi blog. Pura pasión desatada.
De pronto, oí la puerta del condo abrirse. Su voz grave retumbó: "¡Sofi, mi reina, ya llegué! Perdón por el tráfico, pero traje algo chido para compensar". Corrí adentro, mis pies descalzos pisando el piso de madera tibia. Ahí estaba él, con camisa guayabera desabotonada mostrando su pecho moreno y velludo, jeans ajustados que marcaban su paquete generoso. Olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino del camino, un aroma que me ponía loca. Me lancé a sus brazos, sintiendo su dureza contra mi vientre suave.
"Órale, qué mamacita tan rica", murmuró contra mi cuello, besándome la piel sensible mientras sus manos bajaban a apretar mis nalgas. Gemí bajito, el roce de su barba incipiente raspando delicioso. "Te extrañé todo el día, carnala. Vamos a cenar o directo al grano?" Su aliento cálido olía a menta y tequila, y yo reí, empujándolo juguetona hacia la mesa ya puesta con mariscos frescos y velas.
Acto uno: la cena fue puro juego de seducción. Nos sentamos frente al mar abierto por las puertas corredizas, el viento trayendo ecos de música ranchera lejana de algún bar playero. Él me cebaba camarones con salsa diabla, el picor subiendo por mi garganta como el deseo que bullía en mí. Nuestras piernas se rozaban bajo la mesa, su pie subiendo por mi pantorrilla, lento, torturándome. "Estás mojadita ya, ¿verdad nena?", susurró pícaro, y yo asentí, sonrojada, sintiendo mis labios inferiores hincharse de anticipación. Hablamos de todo: su negocio de apps en Guadalajara, mis posts en el blog erótico donde narro aventuras como esta, disfrazadas en mi serie Pasion. "Este viaje es material perfecto para Pasion Capitulo 45", le dije guiñando, y él rió: "Pues hagamos que valga la pena escribirlo".
La tensión crecía con cada mirada, cada roce accidental. Terminamos el vino tinto mexicano, sus dedos trazando círculos en mi antebrazo, enviando chispas eléctricas directo a mi clítoris. Me levanté para servir postre –mango maduro con chile– y él me siguió a la cocina, pegándose a mi espalda. Sentí su erección dura como piedra contra mis pompis, y arqueé la espalda instintivo, restregándome. "Ay, pendejo, me vas a matar de ganas", jadeé, mientras él lamía mi oreja, su lengua húmeda y caliente.
Acto dos: la escalada. Me giró, besándome con hambre, su boca devorando la mía, lenguas enredándose en un baile salado y dulce de mango. Sus manos subieron mi vestido, encontrando mi coño lampiño y empapado. "Neta estás chorreando, mi amor", gruñó, metiendo dos dedos gruesos despacio, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Gemí fuerte, el sonido ahogado por su beso, mis caderas moviéndose solas contra su mano. Olía a mi propia excitación, almizclada y adictiva, mezclada con su sudor.
Lo arrastré al cuarto, la cama king size con sábanas de lino crujiendo bajo nosotros. Lo desvestí febril, arrancando la guayabera para lamer su pecho salado, mordisqueando sus pezones oscuros hasta que él rugió. Bajé sus jeans, liberando su verga venosa, gruesa y palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. La tomé en mi mano, sintiendo el calor y la dureza de acero, masturbándolo lento mientras lo miraba a los ojos. "Qué chingona eres, Sofi", jadeó, sus abdominales contrayéndose.
Me tumbó boca arriba, besando mi cuerpo entero: cuello, tetas redondas y firmas –chupó mis pezones hasta doler rico–, vientre tembloroso, muslos internos. Cuando llegó a mi panocha, separé las piernas ancho, exponiéndome. Su lengua plana lamió mi raja de abajo arriba, saboreando mis jugos, chupando mi botoncito hinchado con succión perfecta.
¡Dios, qué delicia! Cada lamida era fuego líquido subiendo por mi espina.Metió la lengua adentro, follándome con ella, mientras sus dedos masajeaban mi ano juguetón, sin entrar, solo prometiendo. Me vine primero ahí, gritando su nombre, olas de placer convulsionando mis músculos, squirteando un poco en su boca. Él lo lamió todo, sonriendo triunfante.
Pero no paró. Me puso a cuatro patas, el colchón hundiéndose, y frotó su verga contra mis labios vaginales, untándose de mis mieles. "Dime si quieres que te coja, reina", pidió ronco, y yo supliqué: "¡Sí, Marco, métemela ya, no mames!". Entró de un empujón suave pero profundo, llenándome hasta el fondo, su pubis chocando mis nalgas con un plaf húmedo. El estiramiento ardía delicioso, su grosor rozando cada nervio. Empezó a bombear, lento al inicio, saliendo casi todo para volver a hundirse, mis paredes apretándolo como guante.
La intensidad subió: me jaló el pelo suave, azotando mi culo con palmadas que resonaban y picaban, rojo fuego. Sudábamos, pieles resbalosas uniéndose en chapoteos obscenos, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Yo empujaba hacia atrás, cabalgándolo reversa en mis pensamientos, gritando "¡Más duro, cabrón!". Él obedecía, follándome como animal, sus bolas golpeando mi clítoris. Sentía su pulso acelerado contra mi espalda cuando se recostó sobre mí, mordiendo mi hombro.
Acto tres: el pico y la calma. Cambiamos a misionero, mis piernas en sus hombros, penetrando más hondo, su verga besando mi cervix. Nos mirábamos, almas conectadas en éxtasis. "Te amo, Sofi, neta eres mi todo", confesó entre embestidas, y yo lloriqueé "Yo más, mi vida". El orgasmo nos golpeó juntos: el mío primero, un tsunami arrasando todo, coño contrayéndose en espasmos, uñas clavadas en su espalda. Él se vino segundos después, gruñendo, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando sobre el mío.
Colapsamos, enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso entre mis muslos. Me besó la frente, suave ahora, mientras el mar cantaba de fondo. "Esto fue mejor que cualquier capítulo", murmuró. Yo sonreí, acariciando su mejilla barbuda.
Sí, Pasion Capitulo 45 se queda corto con esta realidad. Mañana lo escribo para mis lectores, pero este fuego en la piel es nuestro secreto eterno.Dormimos así, piel con piel, el afterglow envolviéndonos como la noche tropical.