Pasion Capitulo 2 Fuego en las Venas
Ana se recargó en el balcón de su departamento en la Condesa, con el bullicio de la Ciudad de México zumbando allá abajo como un río de luces y cláxones. El aire nocturno traía ese olor a tacos de la esquina y jazmines del jardín vecino, mezclado con su perfume de vainilla que le hacía cosquillas en la piel. Hacía una semana de aquel primer encuentro con Diego, el chulo que había conocido en esa fiesta en Polanco. Pasion capitulo 1, se dijo riendo para adentro, pero esta noche era pasion capitulo 2, y su cuerpo ya lo sabía. El corazón le latía fuerte, como tamborazo en una verbena, y entre las piernas sentía ese calorcito húmedo que la traicionaba.
El timbre sonó, y Ana corrió a abrir, descalza, con su vestido negro ceñido que marcaba cada curva. Ahí estaba él, Diego, con esa sonrisa pícara y los ojos cafés que la desnudaban sin piedad. Olía a colonia fresca, a hombre que sabe lo que quiere. “Órale, nena, ¿me extrañaste?”, murmuró él, entrando y cerrando la puerta con el pie. Sus manos grandes la atraparon por la cintura, y Ana sintió el roce áspero de su barba en el cuello mientras la besaba. El beso fue lento al principio, labios suaves probando, lenguas rozando como chispas. Saboreaba a tequila y menta, y el vello de sus brazos le erizaba la piel.
Se separaron un segundo, jadeando. “Neta, Diego, no sabes las ganas que tenía de ti”, confesó ella, con la voz ronca. Él la miró, devorándola con los ojos. “Yo tampoco, mamacita. Esta noche vamos a prender el desmadre”. La tomó de la mano y la llevó al sillón de la sala, donde cayeron hechos un ovillo. Sus dedos exploraban por encima del vestido, apretando sus nalgas firmes, y Ana gemía bajito, sintiendo cómo su verga se ponía dura contra su muslo. El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el cuarto, junto con el lejano ladrido de un perro callejero.
¿Por qué este wey me pone así de loca?, pensó Ana. Su piel quema como chile habanero, y yo solo quiero que me coma entera.
Acto primero del fuego: se levantaron y caminaron al cuarto, besándose por el pasillo. Ana encendió una vela de lavanda, que soltó un aroma dulce y embriagador. La luz tenue bailaba en las paredes blancas, proyectando sombras largas. Diego la desvistió despacio, como si desenvolriera un regalo. El vestido cayó al suelo con un susurro de tela, dejando sus tetas al aire, pezones duros como piedritas. Él se arrodilló, besando su ombligo, bajando hasta la tanga de encaje. “Estás mojadita ya, ¿verdad?”, dijo con voz grave, oliendo su aroma almizclado de excitación.
Ana asintió, temblando. “Sí, cabrón, hazme lo que quieras”. Él la empujó a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Sus manos grandes masajearon sus muslos, abriéndolos con ternura. El roce de sus callos le mandaba descargas eléctricas directo al clítoris. Diego lamió por dentro de sus piernas, subiendo lento, torturándola. Ana arqueó la espalda, gimiendo “Ay, Dios, no pares”. Finalmente, su lengua tocó su panocha, caliente y resbalosa. Chupaba suave, círculos perfectos, saboreando sus jugos salados y dulces. Ella se retorcía, agarrando las sábanas, el olor a sexo empezando a impregnar el aire.
El deseo crecía como tormenta en el Popo. Ana quería más, necesitaba sentirlo dentro. Lo jaló del pelo, poniéndolo arriba. “Quítate la ropa, pendejo”, ordenó juguetona. Diego se desnudó rápido, su cuerpo atlético brillando a la luz de la vela: pecho velludo, abdomen marcado, y esa verga gruesa, venosa, apuntando al techo. Ana la tomó en la mano, sintiendo el pulso caliente, la piel aterciopelada sobre acero. La masturbó lento, viendo gotitas de precum brillar en la punta. Él gruñó, “Qué chido, nena, me vas a volver loco”.
Se pusieron de rodillas en la cama, besándose con furia. Manos everywhere: ella arañando su espalda, él pellizcando sus pezones. El sudor empezaba a perlar sus cuerpos, salado en la lengua cuando se lamían. Ana lo empujó boca arriba y se montó en su cara, frotando su concha contra su boca. “Come, guapo, come todo”. Diego devoraba, lengua metiéndose adentro, nariz rozando su clítoris. Ella cabalgaba su rostro, tetas rebotando, gemidos altos que seguro se oían en el depa de al lado. El placer subía en olas, tenso, casi doloroso.
Esto es pasion capitulo 2, pensó ella eufórica. La primera vez fue chingona, pero esto... esto es el pinche infierno del bueno.
La intensidad escalaba. Ana se bajó, posicionándose a cuatro patas, culo en pompa. “Métemela ya, Diego, no aguanto”. Él se colocó atrás, restregando la cabeza de su verga en sus labios hinchados. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola delicioso. “Estás tan apretadita”, jadeó él, agarrando sus caderas. Empezaron a moverse, lento primero, piel contra piel chapoteando. El sonido era obsceno, húmedo, mezclado con sus aahs y ohhs. Ana empujaba hacia atrás, queriendo más profundo, sintiendo cómo le rozaba el punto G.
Aceleraron, la cama crujiendo como vieja guitarra. Diego le daba nalgadas suaves, rojas marcas que ardían rico. “Dame duro, wey”, rogaba ella. Él obedecía, embistiendo fuerte, bolas golpeando su clítoris. El olor a sudor y sexo era espeso, embriagador. Ana sentía el orgasmo venir, como volcán rugiendo. “Me vengo, me vengo!”, gritó, paredes convulsionando alrededor de su verga. Diego no paró, prolongando el éxtasis hasta que ella colapsó temblando.
Pero no acababan. Él la volteó, misionero, piernas en sus hombros. Entró de nuevo, profundo, besándola mientras follaban. Sus ojos conectados, almas enredadas. “Te quiero, morra”, murmuró él. “Yo más, mi rey”, respondió ella. Ritmo frenético, piel resbalosa, corazones galopando al unísono. Diego se tensó, “Me corro, nena”. “Adentro, lléname”. Él explotó, chorros calientes inundándola, mientras ella llegaba otra vez, uñas clavadas en su culo.
Se derrumbaron, enredados, respiraciones calmándose. El cuarto olía a ellos, a pasión consumada. Diego la besó la frente, suave. “Qué chingonería, ¿verdad?”. Ana sonrió, acariciando su pecho. “Pura güeva buena. Esto es solo el principio”.
Después, se ducharon juntos, agua caliente lavando el sudor, manos jabonosas explorando todavía. Rieron recordando el desmadre, planeando la próxima. Ana se miró en el espejo empañado, ojos brillantes.
Pasion capitulo 2: completado. ¿Qué vendrá en el 3? Solo el tiempo y este wey lo dirán.Se sentía empoderada, mujer en todo su esplendor, lista para más fuego en las venas.