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Como Revivir la Pasion con Mi Pareja

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Como Revivir la Pasion con Mi Pareja

Hacía años que la rutina nos había atrapado como una telaraña pegajosa. Juan y yo, casados desde hace cinco, vivíamos en nuestro departamento chido en la Roma, con vistas al skyline de la Ciudad de México que brillaban como promesas lejanas. Él llegaba del trabajo hecho un pendejo cansado, con la camisa arrugada y el corbatín flojo, y yo, después de un día en la agencia de publicidad, solo quería un abrazo que durara más de dos segundos. La cena era rápida, plática de chismes del día, y al rato, sexo como quien come un taco de la esquina: sabroso pero sin gracia. Neta, necesitaba como revivir la pasion con mi pareja, algo que nos sacara del piloto automático.

Esa noche, mientras Juan roncaba frente al tele con un partido de las Águilas, saqué mi cel y busqué en Google. "Como revivir la pasion con mi pareja", tecleé, y salieron mil tips: sorpresas, juegos, comunicación honesta. Leí uno que me prendió: prepara una noche temática, vístete como diosa, y toma la iniciativa. Mi corazón latió fuerte, imaginando sus manos grandes recorriéndome de nuevo como al principio, cuando nos conocimos en una fiesta en Polanco y no pudimos esperar a llegar al depa para arrancarnos la ropa.

¿Y si esta vez soy yo la que lo enciende?
Sonreí pícara, planeando todo para el viernes.

El viernes llegó como un suspiro caliente. Mandé a Juan al gym temprano, diciéndole que tenía una sorpresa. Limpié el depa hasta que olía a limón fresco y velas de vainilla que compré en el mercado de San Ángel. Preparé mole poblano con arroz rojo, su favorito, y puse en la mesa platos de talavera que heredamos de mi abuelita. Me metí al baño, el vapor del agua caliente llenando el aire con aroma a jazmín de mi gel. Me depilé suave, me unté crema que dejaba mi piel como seda, y saqué el conjunto negro de encaje que guardaba para ocasiones especiales: brasier push-up, tanguita diminuta y medias hasta el muslo. Me miré al espejo, mis curvas mexicanas orgullosas, tetas firmes y nalgas redondas. Chingón, pensé, lista para la guerra.

Cuando Juan entró, traía el traje gris impecable, el pelo peinado con gel y esa sonrisa de wey que me derrite. "¿Qué onda, mi reina?", dijo oliendo la comida. Lo abracé por la cintura, presionando mi cuerpo contra el suyo, sintiendo su calor a través de la tela. "Siéntate, mi amor, hoy mando yo", le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. Sus ojos se agrandaron, y noté cómo su verga se despertaba bajo los pantalones. Cenamos lento, velas parpadeando, vino tinto de Valle de Guadalupe derramándose en copas. Hablamos de todo: de cuando nos escapamos a Acapulco y follamos en la playa al amanecer, de sueños locos. Mi pie descalzo subió por su pierna bajo la mesa, rozando su paquete endurecido. Él jadeó, "Estás cañona esta noche, carnala".

Después de la cena, puse salsa romántica de José Alfredo Jiménez en el Bluetooth, esa voz ronca que nos pone sentimentales. Lo tomé de la mano, piel contra piel tibia, y lo llevé al sillón. Me senté en su regazo a horcajadas, mis muslos apretando los suyos, el encaje rozando su pantalón. Nuestros labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando como en un tango salvaje, sabor a mole y vino mezclándose. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desabrochando el brasier con un chasquido experto. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras de obsidiana, y él las lamió con devoción, succionando uno mientras pellizcaba el otro. Qué rico, gemí bajito, el sonido de mi voz ahogada en su boca. Mi concha ya chorreaba, mojando la tanguita, el olor almizclado de mi excitación flotando en el aire.

"Te voy a comer entera", murmuró él, voz grave como trueno lejano. Lo empujé suave al sillón y me arrodillé entre sus piernas, desabrochando su cinturón con dientes. Su verga saltó dura, venosa, cabezota brillante de precum. La olí, ese aroma macho salado que me vuelve loca, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando cada vena. Juan gruñó, "¡Ay, wey, qué mamada tan chingona!", sus dedos enredados en mi pelo negro largo. Chupé profundo, garganta relajada, saliva goteando, el pop pop de mi boca llenando la sala. Él se retorcía, caderas empujando, pero lo paré: "Aún no, mi rey, esto apenas empieza".

Lo levanté, quitándole la ropa hasta dejarlo en pelotas, su cuerpo moreno musculoso brillando bajo la luz tenue. Fuimos al baño, el agua de la regadera cayendo como lluvia tropical caliente. Nos enjabonamos mutuo, espuma resbalando por curvas y músculos, mis uñas arañando su pecho velludo. Él me levantó contra la pared azulejada, piernas enroscadas en su cintura, y su verga rozó mi entrada húmeda. "Entra ya, pendejo", supliqué, y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El agua golpeaba nuestras pieles chocando, slap slap rítmico, vapor empañando todo. Follando duro, sus embestidas profundas tocando mi punto G, yo gritando "¡Más, cabrón, dame más!". Orgasmeé primero, concha contrayéndose como puño, jugos mezclándose con el agua.

Salimos empapados, secándonos a besos en la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Juan me puso boca abajo, nalgas en pompa, y lamió mi ano y concha desde atrás, lengua experta explorando pliegues, saboreando mi esencia dulce salada.

Esto es revivir la pasión, neta, puro fuego mexicano
, pensé mientras temblaba. Me volteó, piernas abiertas en V, y entró de nuevo, misionero íntimo. Nuestros ojos clavados, sudor perlando frentes, pechos aplastados. Ritmo acelerando, cama crujiendo, gemidos subiendo a gritos. "Vente conmigo, mi vida", jadeó él, y explotamos juntos, su leche caliente llenándome, pulsos sincronizados, el mundo disolviéndose en placer blanco.

Quedamos jadeantes, abrazados, piel pegajosa de sudor y fluidos, olor a sexo envolviéndonos como niebla espesa. Juan me besó la frente, "Gracias por esto, mi reina, te amo chingón". Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. "Como revivir la pasion con mi pareja se hace así, con sorpresa y ganas", le dije riendo. Nos quedamos así, escuchando el tráfico lejano de Insurgentes, corazones latiendo calmados. Sabíamos que la rutina volvería, pero ahora teníamos el mapa: noches como esta, toques robados, palabras sucias al oído. La pasión revivida, más fuerte que nunca, lista para arder de nuevo.

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