Diario de una Pasion Allie
Querido diario, hoy empezó todo. Me llamo Alex, y vivo en este depa chido en Polanco, con vista al skyline de la Ciudad de México que brilla como si la noche quisiera seducirme. Pero nada se compara con Allie, la morra que conocí en el antro del sábado pasado. Llegó con un vestido rojo que se pegaba a sus curvas como miel caliente, el cabello negro suelto oliendo a vainilla y coco. Sus ojos cafés me clavaron en el sitio cuando me sonrió, mostrando unos dientes perfectos. "Hola, wey, ¿bailas o nomás ves?", me dijo con esa voz ronca que me erizó la piel.
Nos movimos al ritmo del reggaetón, sus caderas rozando las mías, el sudor mezclándose en el aire cargado de tequila y perfume. Sentí su aliento cálido en mi cuello, el roce de sus tetas firmes contra mi pecho. Neta, mi verga se paró al instante, dura como piedra. Pero no quise apurarme; la invité a un trago en la terraza. Ahí, bajo las luces de la ciudad, platicamos de todo: de sus viajes por la playa en Cancún, de mi curro en la agencia de publicidad. "Eres chido, Alex", murmuró, su mano en mi muslo, subiendo despacito. El corazón me latía como tamborazo en feria. ¿Sería esta la pasión que tanto anhelaba?
Diario de una pasion Allie: Día 1. Su risa es como música que me calienta por dentro. Quiero probar su boca, sentir su lengua enredándose con la mía. Pero voy despacio, carnal, no seas pendejo.
Al día siguiente, la invité a desayunar en ese cafecito de la Condesa, con mesas al aire libre y olor a chilaquiles recién hechos. Llegó en jeans ajustados que marcaban su culo redondo, una blusa escotada dejando ver el valle entre sus pechos bronceados. Nos besamos por primera vez ahí mismo, un beso suave que se volvió hambriento. Sus labios sabían a café con canela, su lengua juguetona explorando mi boca mientras sus dedos se enredaban en mi pelo. "Me traes loca, pinche Alex", susurró contra mi oído, mordisqueándome el lóbulo. Mi piel ardía, el pulso acelerado latiendo en mi entrepierna.
La llevé a mi depa esa tarde. El sol entraba por las cortinas, bañando la sala en tonos dorados. Nos sentamos en el sofá de piel suave, ella recargada en mí, su cabeza en mi hombro. Hablamos de sueños, de miedos. "Siempre busqué alguien que me haga sentir viva", confesó, trazando círculos en mi pecho con la uña. Yo le conté de mis noches solitarias, de cómo el trabajo me comía el alma. Sus ojos se humedecieron, y me besó de nuevo, esta vez con urgencia. Sus manos bajaron a mi cinturón, desabrochándolo con dedos temblorosos de deseo.
Me quité la camisa, ella lamió mi torso, su lengua caliente dejando rastros húmedos que olían a su saliva dulce. "Estás riquísimo, wey", ronroneó, bajando mis pantalones. Mi verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando por ella. La miró con hambre, pasando la lengua por la punta, saboreando la gota precursora salada. Gemí, el sonido gutural llenando la habitación. La cargué al cuarto, su cuerpo ligero en mis brazos, riendo como niña traviesa.
Diario de una pasion Allie: Día 2. Su boca en mí fue el paraíso. Pero aún no la he tenido toda. La tensión me mata, neta.
En la cama king size, con sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente, la desvestí lento. Primero la blusa, revelando un bra de encaje negro que apenas contenía sus tetas grandes, pezones oscuros endurecidos. Los chupé, succionando fuerte, oyendo sus jadeos agudos que me ponían más cachondo. "¡Ay, cabrón, sí!", gritó, arqueando la espalda. Bajé sus jeans, besando su vientre suave, oliendo su aroma almizclado de mujer excitada. Sus panties estaban empapadas, el calor emanando de su panocha.
La volteé boca abajo, masajeando su culo perfecto, separando las nalgas para lamer su ano rosado, luego bajando a su clítoris hinchado. Ella se retorcía, gimiendo "¡Más, Alex, no pares!". Mi lengua entraba y salía de sus labios vaginales jugosos, saboreando su néctar ácido y dulce. Metí dos dedos, curvándolos para tocar su punto G, sintiendo cómo se contraía alrededor mío. "¡Me vengo, pinche amor!", chilló, su cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando las sábanas.
Pero yo quería más. La puse a cuatro patas, mi verga rozando su entrada resbaladiza. "Entra ya, wey, fóllame duro", suplicó, empujando contra mí. Empujé despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndome como guante de terciopelo caliente. El sonido de piel contra piel empezó, chapoteante por sus jugos. La embestí fuerte, mis bolas golpeando su clítoris, sus tetas balanceándose. Sudábamos, el olor a sexo llenando el aire, mezclado con su perfume y mi colonia.
Cambié posiciones: ella encima, cabalgándome como amazona salvaje. Sus caderas giraban, moliendo su panocha en mi polla, sus uñas clavándose en mi pecho. "¡Eres mío, Alex!", gritaba, su cabello azotándome la cara. Yo la sujetaba por las caderas, subiendo para clavármela más profundo. El clímax se acercaba, mi verga hinchándose dentro de ella. "¡Córrete conmigo!", ordenó, y explotamos juntos. Sentí su coño ordeñándome, chorros de semen caliente llenándola mientras ella temblaba, ojos en blanco de placer puro.
Diario de una pasion Allie: Día 3. La follé como nunca. Su cuerpo es adictivo, su alma me completa. ¿Qué sigue, diario? ¿Esto es amor o pura pasión?
Nos quedamos abrazados después, piel pegajosa de sudor, respiraciones entrecortadas calmándose. Besé su frente, oliendo su pelo húmedo. "Eres increíble, Allie", murmuré. Ella sonrió, trazando mi pecho con el dedo. "Tú me haces sentir mujer, carnal. No pares nunca". Pedimos tacos de la esquina, riendo mientras comíamos desnudos en la cama, salsa picante goteando en sus tetas que lamí juguetón. La noche cayó, luces de la ciudad parpadeando afuera, pero nuestro mundo era solo nosotros.
Los días siguientes fueron un torbellino. Salidas a Xochimilco en trajinera, flotando entre flores y mariachis, besándonos bajo la luna. Noches de cine en casa, sus pies en mi regazo masajeados hasta que terminábamos follando en el piso alfombrado. Cada encuentro escalaba: probamos juguetes, un vibrador que la hacía gritar como loca, yo atado mientras ella me montaba dominante. "¡Toma, pendejo, siente mi poder!", reía, su coño apretándome hasta el delirio.
Pero no todo era sexo; había profundidad. Una noche, lloró contándome de su ex que la dejó por otra. La abracé fuerte, besando sus lágrimas saladas. "Aquí estoy, mi reina. Nadie te quita lo chida que eres". Hicimos el amor suave esa vez, misionero lento, mirándonos a los ojos, sus gemidos susurros en mi oído. Mi verga deslizándose en su calor húmedo, pulsos sincronizados hasta corrernos en olas eternas.
Hoy, semanas después, releo estas páginas. Diario de una pasion Allie, has capturado lo indescriptible. Su risa llena mi casa, su cuerpo mi cama, su alma mi corazón. Caminamos por Reforma tomados de la mano, planeando viajes a la Riviera Maya. La pasión no se apaga; crece, como volcán dormido que erupciona cada noche.
En este momento, ella duerme a mi lado, desnuda, su piel tibia contra la mía, pecho subiendo y bajando en paz. La beso suave en el hombro, saboreando su sal. Mañana será otro día de fuego. Gracias, diario, por ser testigo de esta locura hermosa.